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YO ME AMO… LA ACEPTACIÓN Y LA AUTOESTIMA PDF Imprimir E-mail
Escrito por ANTONINA CANAL   

La primera conquista y seducción es contigo misma, y amarse es la primera ley. Todo lo demás será el resultado, el espejo de ese amor propio. Si no aprendemos a aceptarnos y a amarnos con todas las bendiciones que nos enriquecen, con nuestras capacidades, debilidades, limitaciones y dones, jamás podremos expresar nuestra Diosa y viviremos fragmentadas, divididas, buscando afuera lo que siempre ha estado adentro.

En una cultura que produce constantemente estereotipos de cómo debemos ser, sobre el cuerpo que “hay que tener” o lo que “se debe usar”, nos perdemos en exigencias físicas y sociales, en medidas, tallas, marcas, comportamientos, dietas, cirugías, actitudes y patrones que nos llenan de ansiedad, estrés y desequilibrio.

 Nos enredamos en ese laberinto de querer satisfacer al otro (al novio, al marido, a la sociedad, a los hijos, al jefe) siempre antes que a nosotras mismas.  Ese es el gran error, el peor y el más común de todos. ¿Por qué ese afán de seguir ese modelo externo) ¿De cumplir las expectativas de otros? Tenemos demasiados distractores: televisión, redes sociales, radio, prensa; mucho ruido externo.

Estamos siempre corriendo, conectadas a aparatos que si bien nos facilitan la vida y agilizan nuestras tareas, también nos consumen. Poco a poco nos volvemos adictas al “no me alcanza el tiempo”, “tengo mucho trabajo”, “no tengo tiempo para mí”, etc. Las típicas excusas para no trabajarnos, para evadir lo esencial, para no mirar hacia adentro y escuchar nuestra voz interior, nuestras necesidades reales.

Conozco mujeres que no siguen los patrones de belleza establecidos y tienen una actitud fantástica frente a la vida, que se ven más atractivas e interesantes que las que tienen medidas perfectas y la carta o el zapato que está de moda. Está bien querer estar en forma, sentirte y verte linda, pero la primera belleza viene de ese amor propio y esa conquista de nosotras mismas; esa aura que te hace divina, irresistible y querida por todos, que se traduce en éxito laboral y familiar pero sobre todo en armonía interior y en la hermosa capacidad de vivir cada etapa de la vida con dignidad.

El gozo de la pasión no los dan ni el bótox ni la silicona. Se de muchas mujeres de sesenta años que se están obsesionando con parecer de veinte o treinta. Son mujeres que podrían detenerse a enumerar lo que han aprendido en sus años de vida. El simple reconocimiento del valor de cada experiencia, de los tesoros integrales que hay cada día, daría para convertir la obsesión en pasión por la vida, en la alegría de vivir que le da un brillo genuino a la mirada,  a la piel, a los gestos, a la voz.

¿Por qué no envejecer con dignidad? ¿Por qué no celebrar cada etapa de tu vida con la inmensa sabiduría y gratitud por cada paso que has dado y por la valentía, el esfuerzo y el amor que cada capítulo significa para ti? Es muy extraño que haya mujeres que escondan la edad, como queriendo ocultar lo que son o lo que han vivido, sintiendo pena de sí mismas o, peor aún, vergüenza de su existencia en este planeta.

Pero, ¿vergüenza de qué? Si la verdadera belleza no tiene edad ni tiempo, no hay nada más irresistible que el kilometraje ganado con años de trabajo interior. Nada más sexy que una mujer dueña de sí misma, empoderada, apasionada y feliz a cualquier edad; ese es el verdadero éxito. Está muy bien tener pareja, familia, éxito laboral, etc… pero nada de eso garantiza la felicidad.

No se trata de seducir a un hombre para ser feliz, de tener esto o lo otro, ganar tanto ni ocupar ese cargo por el que has luchado para poder existir de acuerdo a ciertos códigos de felicidad. Si no se da ese punto de encuentro con tu alma, con tu misión esencial, cualquier logro puede derrumbarse porque no hay coherencia en tu mundo interno. Y tarde o temprano esos vacíos se manifiestan de distintas formas (enfermedad, shok accidente), que no son más que detonantes que prenden alarmas sobre si verdaderamente somos felices con la vida que creamos.

Mira hacia adentro, aceptarte, seducirte a ti misma, amar cada célula de tu cuerpo sin importar tu edad, talla, profesión o camino de vida, párate frente al espejo con orgullo y honor, amando al ser que está enfrente, es la verdadera, más grande y exitosa tarea, la mayor conquista, un poder que nada ni nadie puede te puede quitar. Esa es la joya que hay que cultivar.

Cuando aprendemos a aceptar y amar todo lo que hay nosotros con el genuino compromiso de trabajar en nuestras limitaciones, en tratarnos sin juicios, sin critica, sin compararnos, entonces, solo entonces, entramos en ese espacio donde empezamos la relación mas importante y larga de nuestra vida: la relación con nosotras mismas.

Si nos obsesionamos con los cambios superficiales siempre va haber algo que nos auto—sabotea, algo que nos delata. De nada sirve que nos quitemos, nos pongamos, subamos o bajemos de peso si no abrazamos y amamos la naturaleza única de ese milagro de vida que somos, a esa mujer que nos habita y que es un regalo temporal. El verdadero trabajo, entonces, es adentro, contigo, con todo lo que eres.

La conquista es en ti misma: con tu Diosa

 

 


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