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COMO CONTESTA EL CIELO NUESTRAS PLEGARIAS PDF Imprimir E-mail
Escrito por DOREEN VIRTUE   

Tomado de Lo que nos dicen los Ángeles

Dios nos hace llegar su ayuda de tres maneras diferentes, según lo que necesitemos o lo que hayamos pedido. Nuestras plegarias pueden ser contestadas por medio de consuelo divino, intervenciones milagrosas o consejos celestiales.

Consuelo Divino. Si cuando nos sentimos deprimidos, preocupados, enfadados, solitarios o temerosos, pedimos ayuda al cielo, Dios y los ángeles acudirán con un mensaje reconfortante que nos devolverá la seguridad. Puede ser algo tan simple como un repentino e intenso sentimiento de paz y bienestar. Es posible también que tengamos un sueño que por alguna razón sea significativo y nos haga sentir seguros. Quizás surja algo en nuestro interior que nos haga ver la situación desde una perspectiva completamente distinta. Tal vez un amigo nos diga las palabras que necesitábamos oír para sentirnos mejor. En ocasiones se trata de una señal –el arco iris, una mariposa o una pluma que cae a nuestros pies- que sólo tiene un significado especial para nosotros.



Intervenciones Milagrosas. Nos encontramos en medio de una crisis y pedimos ayuda al cielo. Entonces, milagrosamente nos llega la solución, que no es producto de nuestro propio esfuerzo, sino la consecuencia de una serie de acontecimientos fortuitos. Es posible que aparezca alguien, que aparentemente ha salido de la nada, y nos oriente cuando nos encontramos perdidos en un camino, para desaparecer de inmediato y sin dejar rastro. Al acercarnos a un cruce, con el semáforo en verde, una voz podría gritar en nuestro oído: “Detente!”, evitando de esta forma que por muy poco choquemos con otro carro que se ha saltado el semáforo en rojo. Dios y los ángeles siempre actúan instantáneamente, e intervienen cuando el peligro de muerte es inminente.

Consejos Celestiales. Puede darse el caso de que tengamos un problema específico: reunir el dinero necesario para la boda de nuestra hija, dejar de fumar, ayudar a nuestro hijo a mejorar sus notas en las matemáticas, pasar el día de Acción de Gracias con nuestros hipercríticos familiares, disminuir nuestro nivel de estrés, decidir entre dos oportunidades de trabajo aparentemente iguales o dejar de toparnos con perdedores y encontrar al hombre o la mujer ideal. Decidimos entonces pedir a Dios y a los ángeles que nos ayuden con este problema, y al poco tiempo nos llega la solución perfecta a través de un artículo, de un programa de televisión o de una voz interior (una voz física, perfectamente audible). Esta solución puede también llegarnos de la mano de un compañero que nos da cierta información, o a través de un terapeuta calificado, una terapia de grupo u otros medios que puedan funcionar temporalmente como canales de información celestial.

 

Por qué bloqueamos los Mensajes Celestiales

Algunas personas se quejan de que el cielo nunca ha atendido sus peticiones de consejo angélico, y dicen sentirse defraudadas por este silencio. A menudo, cuando les pregunto si han tenido intuiciones, si han oído repetidamente alguna canción en su mente o si han tenido sueños intensos sobre el tema que les preocupa, responden afirmativamente. De forma ininterrumpida el cielo les había estado enviando mensajes celestiales, pero ellas los bloqueaban inconscientemente. No es que Dios hiciera oídos sordos a sus palabras, sino que ellas hacían oídos sordos al mensaje divino.

¿Por qué la gente habría de ignorar su sexto sentido y bloquear algo tan beneficioso y terapéutico como los remedios celestiales? Ello ocurre porque en lo más profundo de su ser estas personas desconfían de los ángeles, o tienen miedo de que les propongan hacer algún cambio importante en su vida. Esta parte de nuestro ser que se encuentra en lo más profundo de nosotros es nuestro ego, nuestro ser inferior, y está compuesto de miedo al ciento por ciento. A nuestro ego le da miedo todo: Dios, el amor, los ángeles, la felicidad… Pero, por encima de todo, teme que cambiemos y perdamos nuestros miedos, ya que entonces él desaparecería.

Por esta razón el ego está continuamente generando miedos. Algunas veces en el pasado seguimos nuestra intuición y no funcionó… ¿Y si nos equivocamos una vez más y como consecuencia de ello nuestra vida empeora? ¿Qué dirán los demás, cómo reaccionarán? Puede que se rían de nosotros, que se alejen o incluso que nos demanden judicialmente. Como si fuera un perro que  intenta morderse la cola, el ego está siempre en guerra con nuestro yo superior, que instintivamente confía en los mensajes y los consejos de Dios y hace caso de ellos. A continuación veremos algunos de los miedos que crea el ego para bloquear nuestra conciencia de los mensajes celestiales.

MIEDO A OFENDER A DIOS. Algunas personas se niegan a oír las prescripciones divinas porque temen transgredir las normas de su religión. Quienes se han educado en una religión basada en la obediencia, se preguntan si está permitido hablar directamente con los ángeles, y si puede ello perjudicarles de alguna forma. Tienen miedo de ofender a Dios y que Él les castigue por su falta. Suelen preguntarme: “Es correcto hablar directamente con los ángeles o debería dirigir todas las peticiones sólo a Dios?”.

En el caso de que hayamos sido educados en una religión que nos ensena que sólo podeos hablar con Dios, Jesús o cualquier otra entidad espiritual, podemos dirigir nuestras plegarias a esa entidad, que nos responderá enviándonos sus consejos.

Por mi parte, jamás he oído que Dios castigara a nadie por “pasarle por alto” y hablar directamente con los ángeles. Estos son los primeros en glorificar a Dios y no desean ser adorados. Nos aconsejan no dedicarles plegarias, que no es lo mismo que sencillamente hablarles. La biblia y otros textos espirituales contienen innumerables ejemplos de personas que hablan con ángeles, lo cual se puede interpretar como una clara invitación a hacerlo.

MIEDO A COMETER ERRORES. Muchas personas temen que los mensajes celestiales les induzcan a cometer graves errores. “Qué pasaría si yo los interpreto erróneamente?”, se preguntan. “Y si hago que mi vida empeore?” El consejo divino siempre es terapéutico, y siempre hace que nuestra vida mejore. Si se lo pedimos, los ángeles nos ayudarán también a fortalecer nuestra confianza en los consejos celestiales, para que actuemos con seguridad cuando los pongamos en práctica.

MIEDO A NO MERECER LA FELICIDAD. Las personas que durante la infancia han sufrido alguna forma de abuso o humillación podrían no sentirse merecedoras de una vida en armonía, crecimiento personal, abundancia y amor. Esta es, sin embargo, la vida que Dios ha creado para nosotros, la vida hacia la que nos conducen siempre los consejos celestiales. Por ejemplo, alguien podría sentir que no merece la felicidad porque ha herido o traicionado a otra persona, porque no se considera bueno, porque piensa que no ha luchado lo suficiente o simplemente por su estilo de vida. Como es lógico, le dará miedo recibir cualquier forma de orientación divina.

A pesar de que el amor de Dios es incondicional, es mucha la gente que actúa y reacciona como si no lo fuera. Eso ocurre porque estas personas no se aman a sí mismas de un modo incondicional. “Aun no merezco la felicidad”, suelen pensar. “Antes tengo que (acabemos la frase: perder peso, graduarme, terminar de pagar mis deudas, etc.)… Entonces sí mereceré la felicidad” Es algo similar a limpiar la casa antes de que llegue la persona del servicio.

Estas personas han entendido el tema al revés. Si fueran en la actualidad perfectamente felices, no habría nada que Dios pudiera hacer por ellas. Dios y los ángeles desean ayudar precisamente a quienes no son felices, mostrándoles el camino que conduce a una existencia plena, rica y satisfactoria. Resumiendo, para que Dios pueda ayudar, es imprescindible que alguien necesite su ayuda. Y cuando dejamos actuar a Dios, que está deseoso de ayudarnos con la sabiduría de sus consejos, permitimos al cielo que cumpla su propósito.

MIEDO AL PODER QUE DIOS NOS HA DADO. Una de las cosas que más produce temor es el hecho de que los consejos celestiales confieren cierto poder. La mayoría de las personas entienden que han sido creadas a imagen y semejanza de Dios, aunque nunca tienen en cuenta que Dios es todopoderoso. Ya que fuimos creados a Su imagen y semejanza, ¿no es lógico que seamos también extremadamente poderosos?

Hay demasiadas personas que actúan como si fueran pobres víctimas impotentes frente a los poderosos externos. Ello ocurre porque a la mayoría de la gente se le ha enseñado a temer al poder. Muchas mujeres, por ejemplo, son educadas para creer que “poder” es sinónimo de “agresividad”, un rasgo de carácter considerado muy poco femenino. El resultado es que temen ser abandonadas o criticadas si alcanzan una situación de poder. En algunos casos los hombres desconfían del poder porque han visto cómo destruía la vida de sus padres o de otras personas. Ambos sexos temen que, al hacer uso de su poder, puedan cometer errores sin darse cuenta, provocando con ello el sufrimiento de otras personas y el suyo propio.

En caso de haber hecho un mal uso de nuestro poder en el pasado, los ángeles nos recordarán que hemos evolucionado desde entonces, y que nuestras circunstancias han cambiado. Lo que los ángeles nos dicen en este caso es: “Hoy eres más sensible a los sentimientos de quienes te rodean, y esta conciencia te impedirá que causes sufrimiento a los demás al hacer uso de tu poder. En la actualidad eres incapaz de abusar de tu poder tal como hiciste antes”.

Cuando dejamos que aflore en nosotros el poder que el Creador nos ha concedido, ya estamos preparados para usarlo de forma que beneficie a los demás. Es posible, por ejemplo, que los ángeles nos aconsejen que resolvamos una disputa familiar muy antigua, que consigamos que la dirección de la empresa exprese su reconocimiento a todo el departamento por su trabajo, que abandonemos una relación abusiva o que salvemos nuestra empresa de la quiebra. Pueden sugerirnos incluso que realicemos un acto de servicio a los demás adoptando el papel de profesor, consejero o mentor. 
 

 


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