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EL AMOR VENCE AL ODIO PDF Imprimir E-mail
Escrito por LORNA BYRNE   

Si todo pudiéramos ver la belleza del alma humana, como lo veo yo, no habría odio, muerte ni guerra. Cuando veo el alma de otra persona, el amor me agobia. Este amor puede vencer al odio si se lo permitimos.

A  medidos de la década de 1990, antes de que Megan naciera, personas procedentes de Irlanda del Norte comenzaron a presentarse en la puerta de la casita de Maynooth. Nunca supe quien las enviaba; siempre digo que fue Dios.

Recuerdo a un hombre de unos 35  años  al que llamare Paul-, quien se sentó a la mesa de la cocina a hablar conmigo. Con  voz entrecortada me conto algunas de las cosas que había hecho, como poner bombas que costaron la vida de personas. Cuando la vergüenza le impedía hablar, los Ángeles que lo acompañaban aportaban los detalles, realmente horribles.

Él me contó que había aprendido a odiar a los protestantes desde muy chico, y que este odio le había sido inculcado por su tío, miembro activo del Ejercito Republicano irlandés. El odio y la cólera de Paul aumentaron cuando dos primos suyos fueron asesinados. Paul empezó a portar mensajes del (ERI) desde niño, y cuando adolecente paso a un  terrorismo más activo.

Me dijo que apenas ahora se daba cuenta de lo que había hecho, que era como si acabara de abrir los ojos, y que en realidad no entendía la razón del profundo odio que sentía por los protestantes. Me conto que un íntimo amigo suyo había muerto en un accidente automovilístico, y que esto había ayudado a hacerle ver la inutilidad de una vida perdida, de un joven muerto en forma prematura.

Paul me dijo que si había venido a verme era porque su tía, quien antes ya me  había visitado, había insistido en ello. Recordé a su tía. Era una mujer muy delgada, menos vieja de lo que parecía de tantas preocupaciones. Había perdido hijos en los disturbios, y la mataba la inquietud de quien sería el siguiente. 

Fue su amor el que envió a Paul hacia mí, y él se presentó conmigo porque sabía que su tía lo amaba. Paul me aseguro que quería que todo esto terminara, que la sola idea del dolor y la destrucción que había causado le asqueaba. Que quería cambiar. Que ya no quería, dijo, más pesadillas ni lágrimas. Quería  mi ayuda, y la de los Ángeles.

Los Ángeles me pidieron que le dijera que tendría que  hacer un esfuerzo para vencer su deseo de estallar en cólera, de vengarse. Que debía pedir a su Ángel de la guarda que le ayudara a contenerse, y que tenía la fuerza  para lograrlo. También le dije que esto le llevaría tiempo, y que durante casi el resto de su vida tenía que empeñarse en vencer el odio que su tío le había inculcado. Le dije que cuando sintiera  ganas de desquitarse, pidiera ayuda a su Ángel de la guarda, y recordara todo el daño y dolor que siento cuando miembros de su familia fueron asesinados; debía entender que otros sentían lo mismo que él.

Añadí que la venganza era un círculo vicioso, y que debía parar. Él tenía que contribuir a acabar con ella, tanto en sí mismo como en quienes lo rodeaban, en particular en los jóvenes. Le dije que la paz en Irlanda del Norte es muy importante; que los Ángeles me habían dicho que Irlanda del Norte es una piedra angular de paz en el mundo entero, para seguir de ejemplo  en otras áreas del globo en las que también hay violencia y discordia. Que si Irlanda podía hacerlo, también otros lugares podrían.

Pedí  mucho por Paul después de eso, y por todas las personas involucradas en el conflicto de Irlanda del Norte. Pedí que el amor venciera el odio.  Años más tarde volví a ver a Paul. Se me acerco en el Henry Street de Dublín y me dijo: ¿me recuerda?. Al principio no le reconocí; pero cuando sonrió y hablo de vencer el odio, lo recordé. Se veía diferente, menos tenso y encogido. Antes parecía capaz de perder fácilmente los estribos. Ahora lucia más calmado y tranquilo.

Me dijo que seguía empeñado en vencer su odio, y que colaboraba en el proceso de paz de Irlanda del Norte. Al conversar con él ese día, medí cuenta de lo brillante e inteligente que era, y de lo mucho que habría podido hacer en su vida si no le hubieran inculcado aquel odio. Pero ahora luchaba por hacer algo de su vida, y una contribución a su comunidad.

Lo llevaba conmigo a mi hija Ruth, así platicamos brevemente; mientras él se alejaba, pregunte a los Ángeles si lograría vencer el odio, y me dijeron que sí. A veces pensamos que el odio tiene que ver con grandes cosas, como la guerra o el terrorismo, pero todos estamos expuestos a permitirlo en nuestra vida, a dejar que contamine las relaciones entre familiares, amigos, compañeros de trabajo y comunidades.

Así es como lo que llamo “el otro lado” entra a nuestra vida. El mal existe. Lo que llamo “el diablo”, ya convertido en una tradición cristiana, existe de verdad. Y en cada credo hay un hombre para esta fuerza del mal. Me encantaría decir que esto no existe, pero no es cierto; y cuando lo dejamos entrar en nuestra vida, llega y explota las debilidades, los sentimientos negativos dentro de nosotros. Esto ocurre en forma muy simple, y hasta con las cosas más pequeñas.

La mayoría de nosotros ni siquiera nos damos cuenta de lo que sucede hasta que nos sentimos molestos por algo, o injustamente tratados. Quizás sintamos envidia de que un hermano nuestro tenga más dinero que nosotros, o de que un compañero sea ascendido, u ofendidos por lo que percibimos como un insulto. Muy rápidamente podemos traducir algo en una sensación de abuso o victimización.

Todos podemos tomarnos algo a ofensa o querer vengarnos de alguien. Todo debemos aprender a  reconocer esta tendencia en nosotros, y a frenarla cuando advertimos sus señales, así como a pedir ayuda a nuestro Ángel de la guarda. Debemos pedir ayuda para no desquitarnos, y permitir más bien que el amor vuelva a la relación. Y no hablo del amor como amor romántico o como el que sentimos por nuestra familia; hablo del poder del amor que está en todos nosotros. Del poder del amor tan fuerte y visible cuando se permite ver el alma de alguien. Si usamos más este poder del amor, nuestra vida sería mucho más fácil, y nuestro mundo mucho mejor.

La familia puede ser un centro de amor, pero es increíble lo rápido que el odio puede crecer en ella. Una mujer vino una vez a platicar conmigo sobre su familia. Era un grupo grande con una importante empresa, en la que participaban varios hermanos. Cuando las cosas iban bien y los tiempos eran buenos, los hermanos estaban satisfechos de que un miembro del clan tomara las decisiones y obtuviera una rebanada más grande del pastel. Pero cuando las cosas comenzaron a marchar mal, todo cambio.

La compañía perdió dinero debido  a las malas decisiones, y algunos de los hermanos empezaron a tener problemas económicos. Las tensiones se exacerbaron a lo largo de un año o más. La familia se vio invadida de pronto por el odio y el rencor. Algunos de sus miembros no podían estar juntos en la misma habitación, y menos aún dirigirse la palabra.

Dos miembros de esa familia vinieron a verme: una de las hermanas involucradas en la empresa y una tía. Dijeron estar hartas de rencores y recriminaciones, y que querían ponerles fin. El amor las trajo hasta a mí en busca de ayuda. Un Ángel junto a ellas me dijo: “Diles que es muy importante que reúnan a sus familiares para conversar. Solo hermanos y hermanas, y sus esposos y esposas. Sin hijos. Es importante que sea en un lugar neutral, no en sus oficinas ni en una casa.

Sugiere un sitio como un hotel, donde no puedan alzar la voz. Ellas tendrán que ayudarlos a no interrumpiese y escuchar, para que puedan comenzar a entenderse unos a  otros. Tendrán que cerciorarse de que nadie se levante y retire de la mesa”. Les dije exactamente lo que el Ángel me había dicho. La hermana protesto alegando que eso iba a ser muy difícil, que no estaba segura de lograrlo. El Ángel respondió: “tendrás que hacer un gran esfuerzo para hacer posible esa reunión, pero sé que lo lograran si se unen.

Deben hacer lo posible por ver más allá de los desafíos. Estos son puentes, y ustedes los atravesaran. Deben hacer saber a los demás que los aman y que echan de menos, e infundirles la seguridad de que, si unen fuerzas, superaran esto”. Les dije que rezaría por ellas, y que deberían pedir ayuda a los Ángeles de la guarda.

Efectuaron esa reunión. Este fue solo el principio. Dos años después la familia dialoga. No siempre le es fácil pero ahora sus integrantes están mucho más conscientes de lo cerca que estuvieron de perderse los unos a los otros. Siguen teniendo problemas financieros, y sufrieron grandes pérdidas. La empresa familiar es mucho más chica que antes, pero la familia sigue unida. La última vez que supe de la tía, ella me dijo que la familia entera se había reunido a celebrar un  bautizo. Todos estaban ciertos de que, durante los tiempos difíciles, una reunión como esa habría sido imposible.

Aunque ya tenían menos dinero, apreciaban mucho más la importancia de tenerse los unos a otros, y la dicha que la familia puede brindar.  Con frecuencia, la clave para permitir que el amor venza al odio es tener el valor de dar el primer paso. Un día disfrutaba de un café y un panecillo en Bewleys, en la Grafton Street de Dublin, cuando entro una mujer elegante vestida, de unos cuarenta años de edad. Pude ver a dos Ángeles a su lado, así como la luz de su Ángel de la guarda. Ella se detuvo cerca de mí, como si percibiera algo, y la  vi mirar hacia las mesas junto a la pared, donde habían personas sentadas, y luego a lo lejos. Pregunte sin palabras al Ángel que la acompañaba que ocurría. “esta acongojada”, fue todo lo que me dijo.

La mujer siguió su camino y se detuvo al pie de la escalera. Un momento después, se volvió.  El Ángel junto a ella me dijo: “Tiene mucho valor. Teme enormemente ser rechazada”. No se me dijo más. Ella se aproximó a una mesa en donde estaban sentados una chica y un joven. Yo podía ver claramente a la chica, pero estaba demasiado  lejos para oír la conversación. La mujer se paró junto a la mesa y no dijo nada; pero cuando la joven voltio a verla, una mirada de horror cruzo su rostro. Vi que un Ángel le murmuraba algo al oído.

Vi que la mujer le tendía la mano para saludarla. La joven se relajó un poco y sonrió. No tomo su mano, pero se puso de pie. La mujer retiro la mano. El Ángel que estaba con ella me dijo que no habían hablado hacía mucho tiempo, pero que al verla ahí, ella había sentido el amor que siempre había tenido por la joven y, haciendo caso al Ángel, había vencido su temor al rechazo. Charlaron unos minutos, y pude ver renacer el amor entre ellas. Fue como si las barreras entre una y otra desaparecieran. Mientras se retiraba, la mujer volteo, y la joven la miro y se despidió de ella agitando la mano. Creo que la mujer se hallaba en estado de shock  cuando salió de la cafetería.

Pregunte sin palabras al Ángel que la acompañaba si ambas estarían bien, si volverían a encontrarse, y me dijo que sí, que ese era apenas el principio.
No digo que se fácil. De hecho, permitir que el amor venza el odio se cuenta entre las cosas más difíciles que se nos pide hacer en esta vida. Podemos sentirnos muy lastimados y vulnerables, y que si nos “debilitamos” y no cobramos venganza, nos rendiremos y nos defraudaremos a nosotros mismos. La persona que permite que el amor venza al odio no es débil. Es  muy fuerte, y un faro de esperanza para todos.  Es fácil ceder al otro lado y permitir que arremeta en nuestra contra.

Es mucho más difícil meter freno y resistirse a la venganza. Debemos comenzar haciéndolo con cosas pequeñas, conteniendo un comentario hiriente, no propalando chismes, no alegrándonos de las desgracias ajenas. Al aprender a contenernos en las pequeñas cosas, cobraremos fuerza, y seremos más capaces de resistirnos a acciones que conduzcan  al odio y el dolor.

Pide ayuda a tu Ángel de la guarda. Él te susurrara al oído y te recordara no vengarte cuando estés tentado a hacerlo. Aun así, esto no te será fácil. Tal vez tengas que morderte la lengua. Sé que esto es difícil para mí, y que mi Ángel  guardián debe recordármelo constantemente. Tú eres mucho más fuerte de lo que crees; el poder del amor dentro de ti es enorme.

Cuando no escuches a tu Ángel de la guarda, te sentirás culpable. Él quiere que seas feliz, y sabe que será más feliz en tu interior si aprendes a vencer el odio, así que hará todo lo posible por enseñarte a hacerlo. Tu Ángel de la guarda no dudara en fastidiarte para que no cedas al odio, y te ayudara a aprender nuevas y más bondadosas maneras de ser. Este es un proceso continuo, y el amor es instado a vencer al odio una y  otra vez, en ocasiones entre las entre las mismas  personas.

Conozco una  familia con muchos hijos, dos de los cuales están en constante pugna entre sí, estos adolescentes desertaron pronto de la escuela y no tienen trabajo, debido a la difícil situación económica. Viven  es casa de sus padres, y se sienten inútiles e ineptos. Se la pasan molestando uno a otro en la forma más horribles, y entre ellos suele  estallar peleas. A veces estas son verbales, y otras a golpes.

La semana pasado tuvieron una pelea atroz, y uno de ellos huyo. Su  madre y hermanas fueron  a buscarlo. Desesperaban por no saber dónde estaba, y que podría estar haciéndose o haciéndole a otros, en su angustia  y aflicción. Estaban tan preocupados que recurrieron a la policía. A las cuatro de la mañana, tras muchas horas de frenética búsqueda, lo encontraron y lo llevaron  a casa.

Su hermano sintió gran alivio al verlo. Le aterraba pensar en lo que habría podido suceder a raíz de su pelea, que realmente hubiera perdido a su hermano. Hicieron las paces. El amor venció al    odio, por lo pronto. Sé que estos muchachos volverán a pelear, pero pido que el ejemplo del amor que sus hermanas y su madre les mostraron al buscar tanto tiempo al hermano fugitivo les ayude a hacer crecer en ellos el amor que se tienen el uno al otro.

Lo único que puedo hacer es no dejar de pedir que estos chicos encuentren trabajo y se liberen de algunas de sus frustraciones.  Sé que son buenos muchachos, y los Ángeles me dicen que ambos están intentando cerrar el paso del odio, no ceder a la frustración que sienten. Quien permite que el amor venza al odio no es débil. Es muy fuerte, y un faro de esperanza para todos. Los Ángeles ayudan a garantizar que el amor venza al odio siempre que esto es posible. Nos brindan oportunidades que muchas veces pasamos por alto. La cita mujer de Bewleys Café aprovecho la oportunidad que se le ofreció.

Pero a veces los Ángeles necesitan que les ayudemos. En ocasiones todo somos llamados a ser conciliadores, recordando que se nos llama a hacer la paz, no a tomar partido. No es una tarea fácil. No es fácil mantenerse distante y afable al mismo tiempo  cuando se está entre dos partes llenas de cólera y odio reciproco.

Hace muchos años vi en acción a los Ángeles y una persona conciliadora. Joe y Yo estábamos con los niños, muy chicos  aun, en la  Meath Street de Dublin. Esta es una calle sumamente concurrida, con puestos en los que se venden frutas, verduras y todo tipo de cosas. Acabábamos de salir de la vieja tienda departamental Frawleys, y contemplábamos el aparador cuando comenzó  el estrepito. Dos mujeres, una de ella una vendedora callejera, se gritaban entre sí muy cerca de donde estábamos. A mí me escandalizo mucho el lenguaje que utilizaban frente a los niños, y parecían que podían llegar a los golpes.

Todo se detuvo  a mirar. Vi que algunos Ángeles las rodeaban y se interponían entre ellas, tratando de mantener la calma. Súbitamente, de la nada surgió una tercera mujer; parecía conocer a las otras dos, y se colocó entre ellas. Esta seguían injuriando y maldiciendo, pero poco a poco se calmaron. Ignoro qué les dijo la otra mujer, pero fue una reconciliación llevadera por los ángeles para ayudar. Los Ángeles las rodearon  a todas. Minutos más tarde, la  conciliadora se marchó con una de las pendencieras.  El amor había vuelto a vencer el odio, esta vez gracias a la intervención de un pacificador.
 

 


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