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ORAR, PEDIR ASISTENCIA DIVINA Y PROTECCION PDF Imprimir E-mail
Escrito por JULIANA ACOSTA   

Inspirado por el Arcángel Sandalfón.
Oramos para conectarnos con la fuente divina y contagiarnos de su presencia. Las oraciones constituyen eslabones de energía que nos ayudan a acceder a la grandeza del Creador. Siempre que oramos estamos accediendo a un espacio en donde las palabras se funden con la existencia de la perfección. Las oraciones son himnos de amor que entonamos para alabar a quien nos ha creado y nos ha dotado de su grandeza.

Oren, mis niños, porque cada uno de sus canticos es escuchado por su padre. Cuando sientan que sus palabras son silenciadas por el miedo, oren de nuevo y recuerden que todos sus llamados son escuchados y que siempre son asistidos. No dudes de amor del altísimo, porque él siempre nos acompaña.  

La oración es un medio de expresión divina porque es una forma de comunicación directa con el Señor. Cuando oramos, hacemos vigente el contrato natural del amor que hicimos con el Señor en el momento que decidimos emprender nuestros caminos y pactamos recordarlo en nuestra existencia. Cuando oramos, emitimos palabras que se conectan con la fuente mayor de la sabiduría, ya que cada vez que la repetimos, evocan una serie de sentimientos sublimes y reconocemos que existe algo superior a nosotros y que estamos ligados por medio del poder de la palabra.

Al repetir palabras de amor, de perdón y de compresión, se elevan nuestras  frecuencias energéticas y nos liberamos de la carga que nuestras cotidianidades producen, para acceder a un grado de frecuencia mayor. A demás reconocemos nuestras limitaciones y aceptamos la grandeza de pedir ayuda a quien es superior a nosotros. Todos dependemos de una fuerza más grande para poder subsistir; reconocer su existencia  es el primer paso en nuestra evolución espiritual. Cuando oramos, neutralizamos las fuerzas que nos conforman como humanos, es decir, callamos un poco el poder de la mente y hacemos que nuestros sistemas se relajen, para que estemos más dispuestos a escuchar nuestra esencia divina.

Las oraciones son herramientas muy poderosas que nos mantienen  en la luz de una manera efectiva, pues las palabras constituyen la energía en acción. Cada vez que repetimos palabras de amor y de perdón, irradiamos estas mismas fuerzas en nuestra vida y nos apropiamos de sus beneficios. Todo es energía y, en consecuencia, también creamos nuestra propia energía y nos apropiamos de la que nos rodea. Una manera de fortalecer el campo energético que nos conforma es la oración. Al orar convocamos el poder de las palabras que repetimos y, cuantas más veces repitamos, más fuertes serán nuestros campos magnéticos. Es como si estuviéramos creando una coraza protectora contra las negatividades que se puedan presentar, tantos las que son creadas por el poder de nuestra mente  como las que provienen de las otras personas.

Cuanto más fuerte este nuestro campo energético, más amparado estará nuestro espíritu y más oportunidades tendremos para que nuestras experiencias fluyan en el amor, porque todo actúa como si tuviéramos un imán: si nuestra mente procesa angustia, miedo y desesperación, esto es lo que atraemos a nuestra vida, pero si irradiamos amor, confianza y compasión, tendremos más posibilidades de atraer esto mismo y podremos empezar a crear aquello que tanto anhelamos.

Aprendemos del poder de las palabras y adquirimos el hábito de rezar como si fuera una práctica cotidiana. No esperemos a estar en medio de una crisis para refugiarnos en la oración. Deleitémonos con este hábito y aprendamos a orar en todo momento.
 
YO SOY EL QUE SOY
La oración es unión de credos. Es un credo universal que reconoce a Dios como fuente creadora, y no hay oración más poderosa que aquella que reconoce la existencia y la presencia del todo como unidad por excelencia: “YO soy el que soy” fueron las palabras que el creador le dijo a Moisés cuando se  manifestó como fuego divino “Yo soy el que soy” representa la presencia de todo lo que fue, todo lo que es y todo lo que será. Estas palabras albergan el poder de toda la creación y cada una de sus silabas irradia la energía de la potencia suprema. Por esto, cuando la repetimos, nos adueñamos de las propiedades de nuestro padre, ya que reconocemos que nosotros también poseemos parte de su grandeza y podemos asemejarnos a su naturaleza.

Afirmen su grandeza una y otra vez y conviertan sus oraciones en sus propias creaciones. Recen cuando necesiten pedir ayuda y amparo divino, pero también háganlo cuando quieran recordar cuán grande son. Repitan una y otra vez la frase que más necesiten  escuchar: “Yo soy amor”, “Yo soy perdón”, “Yo soy luz”, “Yo soy dinero”, “Yo soy salud”, “Yo soy abundancia”, “Yo soy bienestar”, “Yo soy paz”. Empiecen sus días afirmando su grandeza y, desde el momento en que abran los ojos, oren y dedíquenle el día a Señor.

Cuando estén preparando su cuerpo para descansar, envuélvalo en una luz blanca, repitan sus oraciones y dejen que estas palabras los arrullen y los lleven a un estado de mayor calma. Siempre reciban y despidan sus días con oraciones y así estarán bajo el amparo protector de la luz divina. El poder de la oración actúa en su vida al igual que lo hace una cuenta de ahorros: Cada vez que depositan su dinero en un banco y no tienen acceso directo a él, se lo entregan a un extraño y confían en que será sumado a su cuenta. Luego, si continúan ahorrando, se darán cuenta de que han acumulado una cierta cantidad de dinero que  podrán utilizar cuando lo necesiten.

De la misma manera actúan las oraciones: liberan unos poderes de energía favorable  para ustedes y para quienes estén dedicando sus plegarias. Cada oración tiene la capacidad de combatir la negatividad que les rodea. Cuando rezan, despliegan un antídoto contra la energía negativa que están en ustedes y a su alrededor. Cada oración se convierte en portadora de luz y, como es enviada en un plano superior de las fuerzas producidas por nuestra humanidad, destruye la negatividad que envuelve la situación por la que estamos orando y restablece la luz, aunque sea momentáneamente, en esa situación que nos acosa. Por eso, cuando más oremos, más luz convocaremos a nuestra vida.

BENEFICIOS DE LA ORACIÓN
1.    Nos liga a Dios
2.    Nos comunica con nuestra espiritualidad.
3.    Nos enfoca, nos trae al presente, a nuestro estado actual
4.    Es una forma de entretener nuestra mente para darnos un descanso interior.
5.    Hace que accedamos a unos canales de paz y convoquemos fuerzas afines a nuestra vida.
6.    Fortalece nuestro espacio energético y aleja fuerzas negativas.
7.    Actúa como un sistema inmune energético al rechazar  al rechazar fuerzas negativas que puedan presentarse alrededor.
8.    Beneficia a otras personas, porque siempre podemos orar en nombre de los demás.


 

 


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