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SANO, MEJOR A ESTAR ENFERMO PDF Imprimir E-mail
Escrito por Milton Insignares   

Extraído del libro Conócete y Cambia a través de la Enfermedad

 

Es una decisión que tú y solamente tú debes tomar. Eliminar ciertos comportamientos físicos, emocionales, mentales y espirituales es de fundamental importancia para tu salud.

Hay muchos malestares físicos que a menudo no provienen de desórdenes fisiológicos, como dolores de cabeza, dolores de espalda, ulceras, hipertensión, erupciones en la piel, calambres y otras dolencias que tienen que ver más con su situación emocional para llamar la atención y para que la gente se compadezca de ellos. Se convierten en unos manipuladores. Existen cantidades de pruebas que se apoyan en la teoría de que la gente escoge y llama a las enfermedades, les da paso, las invita, ya sea por su comportamiento o por su manera de pensar y ver la vida.

En los tratamientos con personas que están mortalmente enfermas muchos investigadores han empezado a creer que la manera de aliviar y ayudar al paciente de su mal es a no desear la enfermedad en cualquier forma que sea, y con técnicas de autoayuda han podido salir adelante. Estoy totalmente convencido que si se cambia la forma de pensar, los hábitos de vida y la alimentación, los resultados positivos se ven a corto plazo. He tenido pacientes desahuciados y con pocas probabilidades de vida y ellos tomaron la determinación de cambiar, de sobreponerse a su situación, con alegría, espontaneidad, siendo recursivos con ellos mismos e interpretando su enfermedad, como el gran profesor o la escuela que tenían que enfrentar.

Cuando se le comunica a una persona que tiene una enfermedad terminal, que ya no hay nada que hacer, que tiene no sé cuantos días de vida –nos atrevemos hasta ser dioses con la capacidad de decidir hasta cuantos días le quedan de vida- el miedo y el pánico se apoderan del paciente y todo su sistema de defensa inmunológico, emocional, mental y hasta espiritual se va al piso. Insisto mucho en el manejo que se les da a estas personas y cómo ellas tienen la capacidad de enfrentar su enfermedad.

De uno de los pacientes que me asombraron de cómo tomó el diagnóstico de su enfermedad (específicamente Cáncer de próstata con metástasis), cuando a él le dijeron que tenía pocos días de vida, su respuesta fue de alegría porque se iba a morir, la sorpresa del médico especialista y en particular la mía fue de asombro, no tenía ningún miedo y lo que quería era estar lo más pronto al lado de su amada que había fallecido hacía un año atrás. Analizando su enfermedad, noté que después de la pérdida de su amada, con quien estuvo casado por más de 45 años, lo condujo a una absoluta depresión, se sentía inmensamente solo (palabras textuales) y él no servía para vivir así, inmerso en la soledad completa. Para sorpresa de muchos, encontró nuevos alicientes en su nueva etapa, conociendo a una mujer que lo volvió a llenar de ganas de vivir, cambió su pensamiento y sus hábitos alimenticios y hoy en día está vivito y coleando y sin ningún tipo de cáncer. La pregunta del millón sería: ¿Qué sucedió aquí? El análisis que hice fue el siguiente: No le tuvo miedo a la muerte, no la invitó a entrar en su vida, y al encontrarse con esta mujer que le dio compañía, comprensión y presencia física, el sentirse útil, atraído y amado le fortaleció todos sus sistemas, el orden y la coherencia, restableció su información y sus patrones internos.

Otro de los pacientes sorprendentes fue una señora diagnosticada con esclerosis múltiple, mujer de 37 años, profesional en administración de empresas, con una hoja de vida intachable y con grandes proyecciones y logros. Tenía muchas responsabilidades y compromisos adquiridos con ella, con sus hijos y su familia, se consideraba la mujer indispensable para todo. Ninguna decisión se tomaba sin el visto bueno de ella. Se había separado hacia ya un año porque según ella el marido no le daba la talla y sus expectativas de vida con él no la llenaban. Era muy poca cosa para ella. Todavía no había podido hacer el duelo a esa situación ni se acostumbraba a su separación por el medio social en que se desenvolvía. Llegó en un estado deprimente, y en donde su historia de vida marcaba una decepción tremenda con ella misma, por haber fallado y fallado a los demás y en donde su imagen había quedado por el suelo. Manejaba una gran empresa regional que recaudaba dinero y por un mal manejo en una de las cuentas de recaudo la despidieron desplomándose física, emocional y mentalmente. Pensaba que se le había acabado el mundo, se sentía sola, su autoimagen le daba lástima y constantemente se reprochaba su equivocación. Su dignidad y su orgullo la paralizaron, además del miedo a no poder salir adelante y al qué dirán. Según ella se quería morir.

Su tratamiento consistió en colocarla enfrente de ella misma, con la finalidad que doblegara su orgullo, devolviéndole la confianza en sus capacidades, que la vida le ofrecería nuevas oportunidades pero que debía tomarlas con decisión, con carácter, pero sobretodo con mucha humildad. Se realizaron terapias con el fin de que entendiera su enfermedad, de que supiera hacerle lectura de lo que le estaba diciendo la vida que llevaba, con un estrés desmedido, con prepotencia y con mucha soberbia. Se practicaron la relajación, desintoxicación, terapias de perdón con ella misma y con sus seres queridos, cambios en la alimentación, se trabajó con medicina natural y biológica y poco a poco fue recuperándose no en su totalidad pero hasta donde la manejé se vieron resultados.

Paciente diagnosticado con Hipertensión arterial desde hacía 20 años, con temperamento -según sus palabras- explosivo, soberbio, estricto tipo miliar, con una capacidad mental e intelectual prodigiosa. Presentaba sobrepeso y cierta dificultad para respirar. Se consideraba que sabía más que todo el mundo, no le gustaba que lo contradijeran y no dudaba para humillar y ofender a los que no estaban a su altura de conocimientos y si no estaban de acuerdo con él. Su relación familiar era muy tensionante, su mujer y sus hijos le tenían mucho miedo. No le gustaban las fiestas y solo tenía en su vida momentos esporádicos de alegría. Con la edad los hijos lo habían abandonado y se sentía muy solo, decía que ya no lo tenían en cuenta para nada y que posiblemente no lo querían.

El tratamiento consistió en un auto-reconocimiento de su relación amorosa, en donde no había podido digerir el amor. Le faltaba abrazar a la vida, a sus hijos y la humildad de aceptar que esa coraza de dureza que había construido era su mecanismo de defensa ante su debilidad de no ser amado (en su infancia y adolescencia su padre nunca lo abrazó y sentía un gran vacío afectivo, por la dureza con que él fue educado). Se le propuso terapia, técnicas de relajación y de perdón, primero consigo mismo y después con sus seres queridos y en la cual él tomaría la iniciativa de llamar y buscar a las personas que él había ofendido y humillado para pedirles perdón. También su manejo con dietas bajas en sal, medicamentos homeopáticos, acupuntura, minerales como el selenio y cobre, manganeso, cobalto en oligoelementos, omega 3, muchas frutas, ejercicios (caminar) y relajaciones periódicas. Se le sugirió además que durante un día tomara bebidas aromáticas de apio y limonaria. Los resultados fueron sorprendentes, y actualmente ya no está consumiendo ningún medicamente contra la hipertensión.



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