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LAS ALERGIAS: EL CONFLICTO DE LA MEMORIA PDF Imprimir E-mail
Escrito por Mambretti y Séraphin   

Extraído del libro La medicina patas arriba

Las alergias, como las depresiones, no son ciertamente patologías sin esperanza, sino que están tan extendidas en nuestros días que hemos querido indicar la interpretación que de ellas hace la Nueva Medicina.

Para poner sólo un ejemplo, en tiempos de nuestros padres las primeras relaciones amorosas tenían lugar en los heniles, en pleno campo, al pie de una gavilla; era la cama más barata. Pero a veces ocurrían imprevistos enojosos: el campesino que llegaba en lo mejor horca en mano o el perro guardián que se ponía a ladrar como loco.

¡Qué trauma! En un solo instante, y sin saberlo los protagonistas, el cerebro registraba y guardaba en la memoria todo lo que estaba alrededor: el olor del heno, el ruido del tren que pasaba, el polen traído por el viento, etc. A partir de entonces, cuantas veces uno de estos elementos se manifiesta, el cerebro da la alarma: «¡Cuidado, que llega el campesino, el perro ladra»! Es una recaída momentánea en el conflicto que se resolverá con una alegría.

A semejanza de este ejemplo podemos decir que: no existe alergia sin un conflicto inicial. Un profesor que estaba interesado en las alergias, hizo un día la siguiente reflexión, algo simplista pero exacta: «Si sufrimos un trauma en el momento en que pasa una vaca, entonces desarrollaremos una alergia a las vacas; pero si, en el momento del trauma, estamos comiendo una naranja, seremos alérgicos a las naranjas».

Sin tener conciencia de ello, los humanos (lo mismo que los animales) registran las circunstancias concomitantes al trauma. Si ellas se vuelven a presentar más tarde, estas mismas circunstancias provocarán lo que denominamos «alergia».

Un niño desea tener un gatito y finalmente sus padres le complacen. El niño se cuida del animal y no tardan en convertirse en amigos inseparables. Llegan las vacaciones y los padres llevan al hijo a casa de la abuela, una señora ya mayor y cansada que no quiere saber nada del gato. El niño vive un conflicto de separación de su compañero: echa de menos al gatito, el conflicto está en su fase activa.

Diez días antes de la reanudación de la escuela el niño vuelve a casa, se encuentra de nuevo con su amigo el gato y entra en la fase de reparación desencadenando una reacción alérgica. Si ha vivido un trauma relativo al contacto con el gato, a la falta de repente de caricias, el conflicto se expresa a nivel epidérmico y la reacción alérgica de reparación se manifiesta con un eccema.

Si ha pasado un miedo cerval por su querido amigo (temiendo, por ejemplo, que pudiera escaparse en su ausencia), el conflicto se expresa con crisis de ahogo, manifestándose como asma traqueal.

Si vive el conflicto en términos de: «Me habían prometido que podría llevar el gato conmigo y en el último momento no me dejaron; me han fastidiado y »me huelo« que podría volver a hacerlo en el futuro», entonces el cerebro implica a la nariz, al sentido olfativo, y la reparación causa una rinopatía.

En este punto los padres consultan a un especialista en alergias, el cual sentencia que el niño es alérgico al pelaje del gato. La madre le quita el gato provocando un nuevo conflicto de separación. El niño saca buenas notas en la escuela y sigue queriendo a su gatito, la madre al final cede y el animal vuelve a casa. Nuevamente se produce la reparación del conflicto de separación con la manifestación de la alergia y de nuevo el niño se ve separado de su gato. Toda su vida será alérgico al pelaje del gato; es un conflicto ligado al recuerdo de la primera vez.

Una madre deja de amamantar a su pequeño y comienza a alimentarlo con leche de vaca; el niño vive mal la separación del pecho materno, no tiene ya contacto físico con su madre. Cada vez que el niño se encuentra delante de un vaso de leche, su memoria vuelve a encontrarse de nuevo con el conflicto de separación reviviendo el trauma (conflicto reincidente). Reaparecerá con manifestaciones cutáneas.

El simple hecho de tomar conciencia de este mecanismo y de volver al momento inicial del conflicto, cosa no siempre evidente, hace cesar ipso facto la alergia. ¡Ánimo y suerte en la búsqueda a todos aquellos que sufren de estas molestas manifestaciones!



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