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MERIDIANOS DE ACUPUNTURA: LAS RUTAS DEL KI PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Wataru Ohashi   

Tomado del Libro Cómo Leer el Cuerpo

Consideremos las fuerzas del cielo y la Tierra. El cielo hace llover energía electromagnética sobre la Tierra en forma en rayos solares y otras radiaciones planetarias y estelares. Mientras tanto, la Tierra está rodeada por energía electromagnética generada por sus polos norte y sur. En esencia, nuestro entorno, el aire mismo que respiramos, está cargado de energía: fuerza vital.

Estamos sobre la tierra y actuamos a modo de antena para las fuerzas electromagnéticas del cielo y la Tierra, los cuales cargan nuestro cuerpo desde arriba y desde abajo. Esta energía electromágnetica que inunda nuestro cuerpo se llama ki en Japón. En China se llama chi, y en India, prana. Esta energía es esencialmente la fuerza vital que nos anima a cada uno de nosotros.



El Ki circula por nuestro cuerpo por doce rutas distintas o meridianos. Cada meridiano es como un rio de energía que se origina en un lugar concreto del cuerpo y sube o baja (depende del meridiano) hacia otro lugar. Estos doce ríos de ki llevan fuerza vital a cada célula del cuerpo. Cuando el río está obstruido, la fuerza vital no puede llegar a una determinada zona del cuerpo y entonces las células, los tejidos y los órganos se asfixian por falta de ki; la consecuencia es algún tipo de síntoma.

En las primeras fases el síntoma es pequeño o leve: un sarpullido, una molestia o un dolor machacón. Estos síntomas menores son la manera que tiene el cuerpo de decirnos que algo no va bien; la fuerza vital sustenta al sistema inmunitario para que destruya las bacterias o virus que tocan nuestra piel, como son las substancias patógenas que entran en nuestro organismo cuando respiramos. Pero cuando la fuerza vital está débil, las células inmunitarias son incapaces de enfrentarse a las enfermedades fuertes y, por consiguiente, las substancias patógenas que entran en nuestro organismo cuando respiramos. Pero cuando la fuerza vital está débil, las células inmunitarias son incapaces de enfrentarse a las enfermedades fuertes y, por consiguiente, las substancias patógenas no tienen ningún problema para establecerse en el cuerpo. La consecuencia es la enfermedad, de una u otra clase. El problema suele persistir e incluso empeorar. Comienza una degeneración grave. Las células y los tejidos se deterioran y finalmente mueren, y los síntomas se hacen cada vez más graves: atrofia muscular, enfermedad cardiaca, apoplejía, diabetes o cáncer.

Pensemos nuevamente en un meridiano como en un rio. Cuando hay una presa, el agua deja de fluir y una parte del río se inunda mientras la otra se seca. Cuando un meridiano está obstruido, una parte del cuerpo recibe demasiado ki mientras que otra parte recibe demasiado poco. El desequilibrio resultante hace superactivo a un órgano, mientras que otro se aletarga o se cansa con facilidad.

A veces la persona tiene dolor en una zona concreta del cuerpo. No sabe por qué tiene el dolor ni por qué lo siente en ese lugar determinado. Al saber por dónde circulan los meridianos, podemos indicar con precisión cuál meridiano u órgano es el afectado y entonces decidir la mejor manera de a esa persona a superar el problema.

Primero vamos a ver los meridianos en cuantos fenómenos relacionados con determinados órganos y funciones. Más adelante, en este mismo capítulo, vamos a examinar los meridianos desde el punto de vista de su importancia psicológica y espiritual.

A continuación presento un resumen de los doce meridianos. Tenga presente que son bilaterales, es decir, hay dos meridianos idénticos, uno a cada lado del cuerpo.

El Meridiano del Pulmón discurre por el lado interior del brazo, a partir de un punto situado en el pecho, encima de la clavícula, hasta el pulgar. Los síntomas a lo largo de este meridiano sugieren posibles problemas en los pulmones. Estos síntomas pueden ser decoloración de la piel, sarpullidos, infección, lunar o mancha.

El Meridiano del Intestino Grueso discurre por el lado exterior del brazo, a partir de la punta del dedo índice, y después continúa por el hombro, garganta, cuello, pasa por el exterior de la boca y llega hasta el pliegue de la nariz. Cualquier síntoma a lo largo de este meridiano indica un problema de eliminación y de respiración. 

El Meridiano del Riñón nace en un punto situado en la planta del pie, sigue hacia el talón y sube por el interior de la pierna, pasando por los órganos sexuales, el centro del vientre hasta llegar a un punto situado donde la clavícula se une al esternón.

Los riñones limpian de impurezas la sangre y contribuyen a eliminar los desechos por la orina. Sin embargo, el papel del riñón abarca mucho más que esta importante función biológica. Los riñones envían ki a todo el cuerpo. También ofrecen orientación espiritual a nuestra vida infundiéndole los dones de nuestros antepasados, es decir, nuestros talentos, oportunidades y retos. Nuestra energía vital, o ki, procede de los riñones. Es esencial, por consiguiente, el cuidado de estos órganos vitales.

El Meridiano del Bazo nace en el lado exterior del dedo gordo del pie, sigue por el interior del pie, sube hasta la rodilla a lo largo de la espinilla, continua por el interior del muslo hasta la zona del vientre y después sube en ángulo hasta un lado del axila. Desde allí hace una curva bajo el brazo y sigue por el costado de la espalda. Tiene que ver con la reproducción y la digestión.

El Meridiano del Hígado discurre por el empeine desde la parte superior del dedo gordo del pie, sube por la parte interior de la pantorrilla, muslo e ingle, siguiendo por la parte lateral del abdomen hasta un punto situado en la base de la caja torácica (debajo del hígado), desde donde sigue hasta un punto situado entre la sexta y la séptima costillas, directamente bajo la tetilla o pezón. Está relacionado con el almacenamiento de elementos nutritivos y energía.

El Meridiano del Estómago forma una gran U a cada lado de la cara antes de bajar por el pecho, muslo y pantorrilla hasta un punto situado sobre el segundo dedo del pie. El canal interior de la U discurre desde debajo del ojo hacia la comisura de la boca y desde allí hasta el hueso maxilar. El canal exterior de la U baja desde el cuero cabelludo hacia la oreja y cara (donde los hombres se dejan patillas) hasta el hueso maxilar, donde se une al otro canal. Desde allí, el meridiano continúa por el cuello, pasa por la clavícula y baja directamente por la tetilla o pezón hacia el abdomen, sigue por la ingle, baja por el muslo y pantorrilla hasta el segundo dedo del pie. El meridiano del estómago está relacionado con el apetito y el consumo de alimentos.

El Meridiano del Corazón discurre por el interior del brazo, desde la axila hasta el lado interior de la muñeca, y continua hasta un punto situado en el interior de la muñeca, y continúa hasta un punto situado en el interior del dedo meñique por encima de la uña. Este meridiano lleva ki al corazón y ayuda en la circulación.

El Meridiano del Intestino Delgado nace en el dorso del dedo meñique, encima de la uña, sube por el lado exterior del brazo, continúa a lo largo del tríceps, llega hasta un punto situado en el centro del omóplato y de allí sube por el cuello hasta un punto situado directamente delante del conducto auditivo. Este meridiano está relacionado con la asimilación de los elementos nutritivos.

El Meridiano de la Vejiga sube por la frente desde el ángulo interior del ojo, continua por la parte superior de la cabeza y baja hasta el centro de la nuca. Allí se divide en dos líneas paralelas que, sumadas a las otras dos que bajan por el otro lado, forman cuatro meridianos. Cada par baja por la espalda, las nalgas y la parte posterior de cada pierna. Desde la corva, el meridiano de la vejiga baja a lo largo de la pantorrilla hasta la parte posterior del tobillo y de allí continúa por el lado exterior del pie hasta el dedo meñique. Está relacionado con la eliminación.

El Meridiano de la Vesícula Biliar nace en la sien, baja por el lado exterior de la oreja llegando hasta el lateral de la nuca y vuelve a subir por el lado de la cabeza hasta encima de la sien, y vuelve a bajar hasta el cuello. Esta subida y bajada crea una forma delgada de media luna en creciente. Desde allí pasa por delante del hombro, baja por el lateral del abdomen hasta la cadera en movimiento en zigzag, y de allí continúa por el lado exterior de la pierna hasta el cuarto dedo del pie. Este meridiano se ocupa de la distribución de la energía.

Además de estos diez meridianos, hay otros dos cuya principal finalidad es unificar los sistemas y funciones del interior del cuerpo.

El Meridiano del Constrictor del Corazón discurre por el medio de la parte interior del brazo, desde la axila, pasando por el medio de la palma de la mano hasta llegar a la punta del dedo medio. Este meridiano asiste el ritmo cardiaco, la circulación y la asimilación de los elementos nutritivos. También proporciona ki, ayuda a la irrigación sanguínea del pericardio y colabora en el funcionamiento del corazón.

El Meridiano del Triple Calentador nace en el dorso del dedo anular, sube por el brazo hasta el hombro, sigue por el cuello y da la vuelta por la parte superior de la oreja hasta llegar a la sien. El meridiano del triple calentador provee de ki al meridiano del intestino delgado y al sistema linfático y asiste la circulación sanguínea en las extremidades. El triple calentador también coordina los tres sistemas calentadores que mantienen la temperatura corporal. Uno está situado encima del plexo solar, el segundo entre el plexo solar y el ombligo, y el tercero por debajo del ombligo.

Una vez que se han comprendido los meridianos, se puede saber porque el cuerpo manifiesta un síntoma en un lugar determinado y la mejor manera de curarlo.

La compresión total de la diagnosis de los meridianos tiene por  objeto demostrar que los seres humanos estamos íntimamente conectados con el Universo como un todo. Somos uno con él. El Universo está lleno de una energía invisible, el ki, que une todos los fenómenos. Al mismo tiempo, todo evoluciona según un plan ordenado que está gobernado por este gran espíritu que es el Universo. El universo es una unidad, un cuerpo integrado, con el cual estamos unidos.  En las culturas tradicionales y espirituales, la gente siempre ha sostenido que los seres humanos tenemos la capacidad única de percibir y experimentar esta unión con este todo. A eso lo llamamos iluminación. La iluminación es ese estado de la conciencia en el cual reconocemos que ya no estamos separados de nada en el Universo, es decir, cada persona comprende que ella es el Universo.

Incluso sin estar verdaderamente iluminados, podemos usar esa conciencia, es decir, nuestra unidad con el Universo, para curarnos y para encontrar respuestas a nuestros interrogantes más fundamentales. En la diagnosis oriental examinamos el cuerpo desde esta perspectiva iluminada. No hay nada al azar en una arruga en la cara o un dolor en la mano izquierda. Es un síntoma que tiene relación con todo el cuerpo y con una parte concreta. La energía no se limita a caer desde el cielo o a ascender desde la Tierra en torrentes por el cuerpo, sino que está canalizada de una manera ordenada por esta increíble máquina.
 

 



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