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EL COLON: ¿ALCANTARILLA O POZO NEGRO? PDF Imprimir E-mail
Escrito por DANIEL REID   

Tomado de El Tao de la Salud, El Sexo y La Larga Vida

El actual estilo de vida impone una enorme sobrecarga tóxica a nuestros órganos y glándulas vitales. El estómago se halla constantemente atiborrado de alimentos desnaturalizados ingeridos en combinaciones incompatibles; el hígado está inflamado y sobrecargado por el esfuerzo de descomponer ingentes cantidades de grasas y proteínas animales, además de drogas y venenos; el páncreas se hincha hasta un volumen anormal debido a la constante demanda de enzimas para poder digerir los alimentos carentes de ellas, y el colon se va revistiendo con capa sobre capa de un engrudo pegajoso que emponzoña la sangre.

De todos los órganos vitales del cuerpo, el que sufre las peores consecuencias de los hábitos dietéticos modernos es el colon. La naturaleza diseñó el colon para que funcionara como un sistema de alcantarillado por el que los residuos de la digestión pudieran ser prontamente eliminados del organismo.

En vez de eso, se ha convertido en una especie de pozo negro estancado, el equivalente fisiológico de un montón de basura en descomposición o de un retrete atascado que sigue utilizándose para defecar.

Hoy en día, el colon del varón norteamericano medio lleva en su interior unos dos kilos y medio de carne roja putrefacta y semi-digerida, más una cantidad de entre dos y cinco kilos de desechos tóxicos acumulados durante años en los pliegues del colon.

 

¿Por qué los residuos tóxicos de una mala alimentación consumida en combinaciones inadecuadas se acumulan en el colon? V. E. Irons lo explica en su boletín de la siguiente manera: Cuando un alimento no saludable o dañino para el cuerpo llega al estómago, éste envía de inmediato una advertencia a los Productores de mucosidades: «Atención, se acerca el enemigo!». Sabemos que las mucosidades empiezan a ser producidas de inmediato y que el colon queda recubierto de ellas. Cuando los alimentos tóxicos procedentes del estómago llegan por fin al colon, al cabo de 12 a 18 horas, este último se halla preparado para recibirlos, revestido con una capa de mucosidades para impedir que el cuerpo absorba las toxinas. Si esto sucediera una o incluso unas cuantas veces al mes, las mucosidades, tras haber cumplido su misión, se desintegrarían y serían expelidas lentamente del colon sin causar ningún perjuicio.

Pero ahora resulta del todo evidente que la naturaleza jamás dispuso este mecanismo defensivo para ser utilizado con la constante frecuencia con que se utiliza hoy... El resultado es que se va segregando capa tras capa hasta que su acumulación alcanza un espesor de entre 3 y 6 mm. En ocasiones, estas capas llegan a alcanzar un grosor de hasta 9 e incluso 12 mm, volviéndose tan duras y negras como un pedazo de viejo caucho endurecido de esos que se ven en las cunetas de las carreteras, arrancados de un neumático de camión...

Hemos tenido muestras conservadas en alcohol cuya longitud iba desde varios centímetros hasta unos cuantos palmos; la más larga de ellas pasaba de 8 metros en una sola pieza. A veces salen como una masa que llega a pesar hasta 6 kilos, y continúan saliendo durante varios días, hasta una semana seguida...

Sea cual sea su situación económica, sea cual sea su anterior historial médico, sea cual sea su sexo o su edad, usted (y me refiero al lector) también lleva estas mucosidades endurecidas en su colon, y le asombraría constatar lo que puede salir de su cuerpo.

Incluso el Servicio de Sanidad de los Estados Unidos, en una rara muestra de franqueza, admitió hace unos años que «más del 90 por ciento» de los norteamericanos van por la vida con el colon obstruido.

Irons cita la experiencia de uno de los más célebres y respetados cirujanos de la historia norteamericana, el Dr. Harvey Kellogg, de Battle Creek, Michigan, quien escribió: «En las 22.000 operaciones que he realizado personalmente, ni una sola vez he encontrado un colon normal». Y eso era a comienzos de siglo, mucho antes de que los hábitos alimentarios estuvieran tan completamente corrompidos como hoy por los alimentos elaborados y desnaturalizados.

Tal y como lo expresa Irons, «prácticamente el único sitio donde puede verse hoy un colon normal y sano es en un libro de anatomía».

La figura 2.1 muestra un colon sano y normal, tal y como aparece en los libros de anatomía. Compárelo con los distorsionados intestinos de la figura 2.2, que nos presenta las reproducciones de radiografías reales del colon de personas en apariencia sanas. Fíjese en las tortuosas vueltas y revueltas del intestino, en las enormes bolsas de mucosidades incrustadas y heces atrapadas, en las secciones comprimidas y marchitas que han degenerado por completo.

¿Impresionante? Pues tome buena nota, porque hay un 95 por ciento de probabilidades de que esté usted contemplando un reflejo de su propio colon.

Todo lo que entra debe salir..., tarde o temprano. Entretanto, puede pasarse años pudriéndose dentro del cuerpo y causarle graves enfermedades o incluso matarle.

La toxemia es el verdadero culpable de casi todas las dolencias crónicas y enfermedades degenerativas. Eso explica, por ejemplo, por qué entre las personas expuestas a precisamente las mismas condiciones climáticas hay unas que «cogen» un resfriado mientras que otras permanecen inmunes. La culpa no es de los «gérmenes», como aseguraba Louis Pasteur, pues gérmenes de todas clases flotan constantemente en el aire e invaden en todo momento nuestra comida y nuestra agua. Es la falta de una resistencia normal, debida a la autointoxicación de la corriente sanguínea, lo que abre una «ventana de vulnerabilidad» en el cuerpo y posibilita la invasión de los gérmenes.

Cualquier persona que quebrante habitualmente las leyes de la naturaleza acabará en último término sentenciada a enfermedad crónica y muerte prematura por la Madre Naturaleza. Ninguna clase ni cantidad de fármacos, cirugía u otros tratamientos médicos podrá salvarle de la autoimpuesta pena de muerte por autointoxicación. La única forma de conseguir un indulto es mediante el «buen comportamiento», lo que significa una reforma profunda de los malos hábitos.

Aun así, resulta ilusorio suponer que para eliminar estas obstrucciones fétidas y expulsar las toxinas incrustadas en el colon basta con adoptar una dieta a base de salvado, vegetales crudos y otros alimentos fibrosos. El salvado y los vegetales crudos contienen tanta fibra que no pueden pasar por los minúsculos agujeros que quedan libres para el paso de las heces en la mayoría de los cólones. Lo que ocurre entonces es que la fibra se atasca, se descompone y agrava aún más el problema. Es inútil lanzarse a un programa dietético nuevo sin haberse librado antes de los desechos incrustados y residuos tóxicos que las anteriores costumbres alimenticias han hecho acumular en el canal digestivo.

Cuando quiere ponerle aceite nuevo al motor de su coche, no se limita a verterlo encima del aceite sucio, sino que primero extrae todo el lubricante viejo. Lo menos que puede hacer es tratar su cuerpo con el mismo respeto y atención que concede a su automóvil.

Tal y como dice V. E. Irons, «probablemente seguirá usted consumiendo combinaciones de alimentos incompatibles durante tanto tiempo como viva, de modo que seguirá necesitando una serie de limpiezas de colon».

En su libro Colon Health: The Key to a Vibrant Life, el Dr. Walker, de 116 años de edad, es igualmente claro: La eliminación de los alimentos no digeridos y otros productos de desecho es tan importante como la correcta digestión y asimilación de la comida... El régimen más perfecto no dará mejores resultados que el más malo si el sistema de alcantarillado que es el colon se halla obstruido por una acumulación de residuos corrompidos.
 



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