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EL TAO DEL SEXO PDF Imprimir E-mail
Escrito por DANIEL REID   

Tomado del Libro El de la Salud, el Sexo y la Larga Vida

Ni las mejores medicinas ni todos los buenos alimentos del mundo pueden ayudar a nadie a obtener longevidad si no se conoce y se practica el Tao del Yin y del Yang [Ko HUng]

Los chinos han sostenido siempre la opinión taoísta de que las relaciones sexuales entre macho y hembra son la principal manifestación terrenal de los principios universales del Yin y del Yang. Por consiguiente, los chinos consideran la sexualidad tan natural e indispensable para la salud y la longevidad humanas como lo es para la vida vegetal la lluvia que cae sobre los campos. El intenso sentimiento de culpa que acompaña a las cuestiones sexuales en la tradición judeocristiana constituye, para los chinos, uno de los aspectos más desagradables e incomprensibles de la cultura occidental.

Los chinos abordan el tema de la sexualidad humana –como todos demás fenómenos- con una mezcla de curiosidad y reverencia. Dado que las relaciones sexuales son tan fundamentales para la vida humana como el comer y el dormir, los adeptos taoístas dedicaron mucho tiempo y atención al estudio de todos sus aspectos e implicaciones para la salud y la longevidad humanas. En una sociedad felizmente libre de represión sexual, los médicos taoístas pudieron examinar a fondo el comportamiento sexual humano y registrar con plena franqueza sus observaciones en libros y diarios, envolviéndolas en la habitual terminología taoísta, tan poética y florida.


Por consiguiente, los chinos han tenido ocasión de abordar y estudiar las relaciones sexuales entre hombre y mujer con los ojos bien abiertos y la mente libre de prejuicios y, a lo largo de más de tres milenios, se han convertido en los más avisados observadores de la sexualidad humana y en los más imaginativos amantes.

LA NATURALEZA SEXUAL DEL HOMBRE Y DE LA MUJER

La diferencia esencial entre la naturaleza sexual del hombre y de la mujer reside en la distinta naturaleza del orgasmo masculino y el femenino. Cuando el hombre eyacula, expulsa su esencia-semen fuera de su cuerpo; cuando la mujer llega al orgasmo, también ella <eyacula> internamente toda clase de secreciones sexuales, pero éstas permanecen dentro de su cuerpo. La esencia sexual es una importante <batería> acumuladora de energía vital y una poderosa fuente de resistencia e inmunidad, tanto en los hombres como en las mujeres. En las relaciones sexuales convencionales, el hombre eyacula cada vez que realiza el coito, sea cual sea su edad y estado físico, tanto si su pareja ha llegado al orgasmo como si no. Este hábito le va despojando gradualmente de su principal fuente de vitalidad e inmunidad, dejándolo debilitado y vulnerable a la enfermedad y acortando la duración de su vida. La mujer, en cambio, se fortalece cada vez más, gracias a sus propias secreciones orgásmicas y a la asimilación de la potente esencia-semen masculina.

Al configurar las relaciones sexuales según modelos del Cielo y la Tierra y conformarlas a la naturaleza del Yin y el Yang, los hombres pueden obtener un beneficio revitalizador de los impulsos sexuales, en lugar de hallarse siempre a su merced. En vez de agotar las preciosas reservas de esencia y energía, el sexo puede utilizarse de forma que las incremente. En la antigüedad clásica se trazaron apropiados paralelismos entre la naturaleza humana y la Madre Naturaleza, paralelismos que ilustraban las cualidades básicas del hombre y de la mujer. De ellos se dedujeron principios que a continuación se utilizaron para regular las relaciones sexuales humanas. Tal como lo expresó Wu Hsien, un adepto de la dinastía Han: “El macho pertenece al Yang. La naturaleza del Yang es tal que el macho se excita fácilmente pero también es rápido para retirarse. La hembra pertenece al Yin. La naturaleza del Yin es tal que la hembra se excita con lentitud, y también es lenta para saciarse”.

Debido a su potencial sexual, la mujer estaba considerada como poseedora de grandes reservas de poder. Aunque el hombre asumió el control de la familia, la aldea, la economía, la religión y el estado, en la cama siguió encontrándose a merced de la mujer. Ningún artificio humano puede enmascarar o modificar los hechos fundamentales del Tao. De ahí que surgiera una profunda contradicción entre la artificial superioridad social del hombre y su auténtica inferioridad sexual frente a la mujer, contradicción que dio lugar a esa guerra de los sexos que aún hoy sigue librándose en muchas alcobas. Eso también explicaría el profundo miedo y rencor que muchos hombres experimentan ante las mujeres, a pesar de la supuesta “inferioridad” femenina. El típico hombre “macho” es incapaz de afrontar el hecho de que las mujeres son sexualmente superiores, y no se atreve a admitir la realidad de su propia e inherente debilidad sexual. Este lamentable estado de cosas se  debe principalmente a la ignorancia sexual. Cualquier hombre lo bastante amplio de miras como dedicar una mirada seria al Tao del Yin y el Yang –y lo bastante disciplinado como para practicarlo- descubrirá que el Tao elimina completamente la desigualdad fundamental entre la potencia sexual masculina y la femenina. El tao posibilita que el miembro masculino se convierta en un instrumento para toda ocasión, tan competente como su equivalente femenino, y permite que hombre y mujer “hagan el amor, no la guerra”, al mismo tiempo que protege la salud y prolonga la vida de ambos.

En el mundo occidental, los únicos que hasta ahora han percibido plenamente la debilitadora naturaleza de la eyaculación masculina han sido los artistas y los atletas. En su autobiografía, Charlie Chaplin escribió: “Al igual que Balzac, quien creía que una noche de sexo equivalía a la pérdida de una buena página de su novela, también yo creía que equivalía a la perdida de un buen día de trabajo en el estudio”.

Los artistas y los atletas necesitan unos niveles óptimos de vitalidad física y mental para lograr sus objetivos, y por eso son más sensibles que la mayoría de los hombres a la pérdida de semen y energía vital a través de la eyaculación. Sin embargo, muchos otros hombres padecen con igual intensidad las consecuencias de esta pérdida, aunque no lleguen a ser plenamente conscientes de ello. Así, por ejemplo, la tendencia masculina a quedarse dormido como un tronco después de eyacular es un claro síntoma de agotamiento. Si el orgasmo en sí fuese tan agotador, también las mujeres experimentarían el mismo efecto, pero es la pérdida física de semen –no el organismo en sí mismo- lo que perjudica al hombre.

El triste fenómeno de la “depresión postcoital” que sigue a las relaciones sexuales convencionales no se presenta en absoluto cuando el hombre retiene su semen. La sexualidad taoísta es como un trueque entre el Yin y el Yang: el hombre sacrifica un mínimo de placer a corto plazo a cambio de los beneficios a largo plazo de la salud y la longevidad, mientras que la mujer disfruta de un completo placer sexual sin restricciones a cambio de cierta cantidad de sus abundantes suministros de esencia y energía.


La dispar naturaleza de l organismo masculino y el femenino presenta importantes implicaciones respecto a un tipo de actividad sexual que ha sido origen de numerosas polémicas a lo largo del tiempo y que últimamente parece estar ganando popularidad: la masturbación. Desde el punto de vista del Yin y el Yang, las consecuencias de esta actividad son en verdad muy distintas para el hombre y para la mujer. Para los hombres, la masturbación representa una irrecuperable pérdida de la esencia-semen Yang sin compensación alguna. Si bien los varones sanos entre los 16 y los 21 años son verdaderos “manantiales de semen” para quienes la masturbación resulta relativamente inofensiva, cuando llegan a los 25 o así, todas las viejas creencias sobre la masturbación masculina empiezan a hacerse realidad: debilidad en los muslos y rodillas, entumecimiento de la región lumbar, perdida de vitalidad, depresión, etc. A partir de los 30 años, los hombres deberían renunciar por completo a esta perjudicial costumbre y empezar a reservar su semen exclusivamente para las relaciones con mujeres. Los hombres que siguen masturbándose habitualmente ya entrados en los 30, en los 40 o en los 50 años, se roban a sí mismos la esencia y la energía que alimentan su vida y protegen su salud.

La mujer en cambio, puede masturbarse a plena satisfacción sin perjudicar con ello sus reservas de esencia y energía. Y, puesto que las mujeres no alcanzan su potencial sexual máxima hasta pasados los 30 años (a diferencia de los hombres, que comienzan a declinar pasados los 18), es probable que la masturbación se vuelva progresivamente más importante para las mujeres a medida que éstas envejecen, ya que muchos hombres comienzan a perder la potencia justo cuando las mujeres “cogen el ritmo”, a partir de los 35 años.

Las anteriores observaciones sobre la naturaleza del Yin y el Yang dejan bien claro que el hombre y la mujer no han sido creados iguales. El Yin es abundante y duradero mientras que el Yang es limitado y vulnerable, y esto se refleja en el hecho de que, en todo el mundo, las mujeres suelen vivir entre cinco y diez años más que los hombres. La clave para corregir esta desigualdad se halla en unas relaciones correctamente reguladas entre el “fuego (Yang)” y el “agua (Yin)”. Tal como escribió el alquimista taoísta Ko Hung: “Tanto el fuego como el agua pueden matar, y sin embargo también pueden dar la vida. Eso depende exclusivamente de si uno conoce o no el Tao. Si un hombre conoce el Tao, cuanto más haga el amor, más se beneficiará su salud. Si ignora el Tao, basta con una mujer para apresurar su viaje hacia la tumba”.
 



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