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LA CENA Y TU DIGESTION PDF Imprimir E-mail
Escrito por Paolo Cataldi   

 “Quien come mucho por la noche para cenar es como un maquinista que calienta al máximo la caldera de su locomotora para luego guardarla”  Dr. F.X. Mayr

 
La noche es el momento en que todo el organismo (aparato digestivo incluido) está más cansado tras el derroche de energía diario. Sería por lo tanto irracional cargarlo justo en este momento de un trabajo extra, el de la digestión, que es uno de los más complicados al que lo sometemos.

Por la noche, además, los reflejos nerviosos que avisan de la saciedad pierden parte de su sensibilidad; es más, en el enfermo digestivo la pierden casi totalmente. Es por este motivo que por la noche podemos cargar el estómago con cantidades inverosímiles de alimentos sin que él oponga resistencia alguna. Sólo más tarde, durante la noche, nos daremos cuenta de que hemos cometido un grave error.
Las horas que se duermen antes de la medianoche son las más restauradoras. Ahora bien, este sueño se ve perturbado en gran medida y, en ocasiones, impedido, por la cena, sobre todo cuando ha sido abundante. La laboriosa digestión de la cena no permite que, precisamente durante estas horas tan preciadas, el sueño sea profundo y restaurador como el que se realiza con el estómago vacío.
El ritmo circadiano: El ritmo circadiano dura alrededor de 24 horas. Muchas funciones vitales se encuentran sujetas a ese ritmo diario, especialmente la secreción de ciertas hormonas suprarrenales que tienen, entre sus principales funciones, la de [emanar energía]. Estas hormonas, especialmente los corticosteroides, tienen el máximo de secreción por la mañana, niveles intermedios por la tarde y mínimos durante la noche. A pesar de todo, podemos decir que, en general, todos los órganos del cuerpo se encuentran durante el día bajo la influencia predominante del sistema nervioso simpático, el cual está predispuesto a ceder energía hacia el exterior; por la noche, en cambio, se ven influenciados principalmente por el vago, que regula el organismo en función del ahorro energético y de la regeneración interna.   
La digestión es una de las típicas prestaciones energéticas hacia el exterior, hacia el elemento extraño [comida] que debe ser [incorporado], es decir, transformado en una sustancia del cuerpo. La digestión, por lo tanto, por su naturaleza, es una función más bien diurna, mientras que durante las horas nocturnas las privilegiadas son las funciones anabólicas [de regeneración] y las catabólicas [de desintoxicación]. Por la noche el estómago y el intestino están casi inmóviles, las secreciones gástricas cesan y gran parte de lo que se come durante este tiempo se queda parado en el estómago y en el intestino delgado hasta la mañana siguiente.
Fermentación y Putrefacción: Cuando una persona perfectamente sana toma una cena no debería sufrir grandes daños: a la mañana siguiente el tubo digestivo retoma sus funciones y concluye la digestión interrumpida por la noche. Si, por el contrario, el intestino no está sano, las bacterias que lo pueblan en gran cantidad encuentran en las asas intestinales inmóviles las condiciones ideales para reproducirse.
Las bacterias en la calma de la noche, pueden así proliferar a sus anchas y provocar una intensa fermentación y putrefacción de los alimentos estancados en el tubo digestivo. En cuanto este se pone en marcha de nuevo, normalmente entre las tres y las cuatro de la madrugada, las toxinas que se han desarrollado en la fermentación y en la putrefacción entran en la corriente sanguínea.
Si el hígado no consigue neutralizarlas se producen inmediatamente los típicos síntomas de intoxicación del sistema nervioso central que todos conocemos. En primer lugar, se pasa por la fase de excitación: el sueño se vuelve inquieto, se sueña intensamente, la persona empieza a moverse e incluso habla y, por último, se despierta, normalmente hacia las cuatro de la madrugada. El repentino insomne permanece entre media hora y una hora entera sin conseguir conciliar nuevamente el sueño y luego, tras el estadio de excitación, pasa al de la parálisis: vuelve a dormirse y entonces el sueño es muy profundo, como si se encontrara bajo los efectos de una anestesia total o de una borrachera [precisamente por el alcohol producido en la fermentación]. De hecho, al despertar, la persona no se siente regenerado, como ocurriría tras un buen sueño, sino cansado y deprimido.
Estos fenómenos terminan rápidamente cuando se acostumbra a tomar una cena ligera y antes de las siete de la noche. En ese caso, evidentemente, el desayuno de la mañana podrá ser más copioso de lo normal [solo entonces podrá comer hasta sentirse lleno] y además, el apetito con que se tomará va a constituir la mejor premisa para una buena digestión.
Famosa máxima alemán: ‘Desayunar como príncipes, comer como nobles y cenar como mendigos’
Y los árabes dijeron: ‘Desayuna cuanto quieras, divide la comida con tu amigo y deja la cena para tu enemigo!’

 



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