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LA SANGRE, EL RIO DE LA VIDA PDF Imprimir E-mail
Escrito por ALEJANDRO SEGEBRE   

¿Sabías que en una gota de sangre existen 5.000.000 millones de células vivientes que tienen la capacidad de proporcionar vida a nuestro cuerpo?

Esas células vivientes llamadas glóbulos rojos tienen el precioso trabajo de transportar oxigeno, agua, nutrientes, hormonas a nuestras células, y  a demás de eliminar desechos metabólicos y toxinas alimenticias.  Pero esa sangre que circula por nuestras arterias puede ser contaminada a través de lo que comemos, tomamos, o respiramos y sin darnos cuenta podemos traer a nuestro cuerpo enfermedad y muerte.

Si nosotros tenemos una mala función de nuestro sistema digestivo, nuestra salud en general se verá afectada y el sistema inmunológico estará muy deprimido. Un buen sistema digestivo es la clave para estar sano y vivir largo tiempo. Los órganos, células y tejidos necesitan nutrientes para poder vivir y regenerarse, pero la única fuente de ello es a través de lo que comemos, digerimos y absorbemos, pero con una digestión deficiente nuestra energía y salud,  serán muy pobres.

Los glóbulos rojos son los encargados de transportar el oxigeno en nuestra sangre, por medio de un mensajero llamado HEMOGLOBINA que depende mucho de la cantidad y calidad de Hierro que este posea. Para que los glóbulos rojos transporten el oxigeno adecuadamente nuestra sangre tiene que estar alcalina, ya que es el PH apropiado para que el oxigeno sea liberado a nuestras células. Si la sangre se encuentra acida el oxigeno automáticamente se evapora, se seca y no puede ser liberado a los tejidos, ya que un PH acido en la sangre no es compatible con la salud y la vida y lo único que hace es generar enfermedad.

La falta de enzimas digestivas es la única manera de hacer que nuestra sangre se vuelva acida, ya que ellas son las encargadas de romper las partículas grandes de alimentos en partículas pequeñas y hacer posible que los nutrientes se puedan absorber. Si los alimentos que comemos no contienen enzimas digestivas las moléculas de la comida no se rompen adecuadamente y llegan a la sangre sin ser digeridas causando daño a los glóbulos rojos y blancos   y a demás convirtiendo esta comida en alimento para bacterias y parásitos. Cansancio, fatiga, pereza, falta de energía, stress, dolores musculares, dolores de cabeza, gases, distención abdominal, digestión pobre, llenura, intolerancia a la azúcar, gripas frecuentes, alergias, anemia, mareo,  por lo general son señales de una pobre digestión y mala absorción de nutrientes hacia la sangre.

Los alimentos que contienen enzimas digestivas vivas son los alimentos crudos, como frutas y vegetales que no han sido sometidos a  altas temperaturas, ni a ninguna especie de cocimiento ya que las enzimas son muy sensibles al calor. Cada fruta, vegetal, cereal, o grano germinado, en su estado natural está cargado de enzimas. Desafortunadamente mueren al ser cocinadas, pues las enzimas mueren o son destruidas a temperaturas mayores de 50 grados centígrados. Cuando consumimos proteína animal como carne, pollo, cerdo, huevo, leche, queso, este tipo de proteína no puede ser digerida y pasa directamente a la sangre, haciendo que los glóbulos rojos se aglutinen y se peguen unos con otros impidiendo el transporte de oxigeno, la eliminación de las toxinas, y convirtiendo el PH de la sangre, en un PH acido.

Los parásitos son seres vivos igual que nosotros, por lo tanto comen y defecan en nuestra propia sangre haciéndola mas toxica y acida,  ya que la materia fecal de los parásitos se llama hongo y tienen 42 toxinas diferentes incluyendo la cándida, levadura y moho. Al extraer una gota de sangre y analizarla bajo el microscopio electrónico de Darkfield, se puede observar la presencia de hongos, parásitos, bacterias, toxinas, placa de colesterol, cristales de acido úrico, PH acido, glóbulos rojos aglutinados, deficiencia de vitaminas B12, acido fólico y hierro, glóbulos rojos deformes (muy grandes o muy pequeños) y  grasas sin digerir. 
 

 

 



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