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CONSECUENCIAS DE LA ENFERMEDAD INTESTINAL PDF Imprimir E-mail
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Escrito por PAOLO CATALDI   

Tomado del libro La Dieta Mayr

Según Mayr la enfermedad empieza, en la mayor parte de los casos, en el intestino delgado. Más concretamente,, se instaura en él de manera gradual un estado de hipotonía, es decir, una reducción de su estado de tensión habitual, que le produce flacidez y le hace apoyarse cada vez más en el abdomen, cediendo a la fuerza de la gravedad. Esto provoca un retraso y luego un estancamiento del contenido alimenticio en determinados trechos del intestino, lo que favorece la fermentación y la putrefacción de la materia fecal por acción de las bacterias intestinales.

Por efecto de las toxinas producidas en las reacciones químicas de fermentación y putrefacción, se produce una inflamación de los trechos intestinales correspondientes (enteritis). Las bacterias se van multiplicando progresivamente en un terreno de cultivo especialmente apto para ellas (las heces pútridas estancadas) y la inflamación se propaga así a las partes contiguas del sistema digestivo.

El primer estadio de la enfermedad consiste, por lo tanto, en una degeneración del terreno del cual el ser humano toma los elementos nutritivos, el contenido intestinal. Como una planta cuyas raíces se encuentran sumergidas en un pantano pútrido, pierde las hojas y termina por secarse, el ser humano cuyas vellosidades intestinales (sus “raíces”) absorben el contenido estancado y pútrido del intestino acaba por enfermar y morir.

EL CONDUCTO DIGESTIVO.

La inflamación se propaga de forma descendente, en el sentido de la bajada de la materia fecal, y provoca apendicitis, colitis, sigmoiditis o proctitis; aunque también en el sentido contrario, de forma ascendente, a causa del estancamiento de los segmentos superiores del conducto, que provoca duodenitis, gastritis y esofagitis. La boca y los dientes, que son la puerta de entrada del tubo digestivo, se ven afectadas por la enfermedad y también por el efecto directo de una mala masticación: de esta manera se producen caries dentarias, gingivitis, estomatitis y piorrea alveolar.

Si sigue el descenso de la enfermedad, se instalan en los varios segmentos del conducto digestivo las afecciones más graves. En el colon, primero colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn, hernias o divertículos; luego pólipos y, por último, tumores malignos. En el recto y el ano, primero hemorroides y prolapso, luego cáncer. En el duodeno, úlcera duodenal. En el esófago, primero divertículos, reflujo gastroesofágico y hernia hiatal, y posteriormente cáncer.

LA DEFORMACION TORÁCICA.

Como consecuencia de la dilatación abdominal se produce un levantamiento del diafragma hacia arriba y, por lo tanto, una deformación del tórax. Esa deformación obstaculiza la correcta respiración y es la causa de varias enfermedades del aparato respiratorio, desde la bronquitis al enfisema pulmonar, incluso al estadio inicial de la tuberculosis pulmonar. Dos importantes parámetros diagnósticos que son muy útiles en el momento de evaluar la deformación torácica son:

 

 •    El ángulo que forman los cartílagos costales en las personas es de 30 grados y aumenta progresivamente con el empeoramiento de la enfermedad intestinal.

•    El ángulo esternal se mide apoyando un asta o una barra rectilínea sobre el cuerpo del esternón y midiendo la distancia entre la sínfisis púbica y el asta. Esa distancia debe ser nula en la persona sana, mientras que en el enfermo la distancia aumenta cuanto mayor es la deformación del tórax.

LA POSTURA ERECTA.

La dilatación del abdomen hacia abajo provoca, por un lado, la comprensión mecánica de los órganos pélvicos (vejiga, nervio ciático, órganos sexuales) y, por otro, una rotación hacia atrás de la pelvis para “dejar espacio” al mayor volumen del abdomen. Así se provoca una deformación de la columna vertebral y, por lo tanto, una modificación de la postura erecta del individuo.

La deformación de la columna vertebral puede favorecer, especialmente, las hernias discales. La comprensión de los órganos pélvicos, junto con la transmisión a ellos de la inflamación intestinal, puede ser la causa de varias enfermedades: ciática, cistitis, prostatitis, hipertrofia prostática, desarreglos menstruales, frigidez o impotencia e incluso cáncer de útero y quistes ováricos.

Es interesante conocer los principales tipos de postura patológicos, puesto que pueden observarse en cualquier lugar, en casa y fuera de ella, aunque de manera más evidente en las playas. En la ilustración aparece la postura normal, la del individuo sano. Una intensa rotación hacia atrás de la pelvis dará lugar a la “postura de pato”, frecuente sobre todo en las mujeres.

Los hombres de musculatura robusta, cuyos músculos abdominales comprimen el intestino hacia la columna y lo empujan hacia arriba, toman la “postura de ponerse firmes”, caracterizada por la prominencia del tórax. En estos casos de constitución fuerte, la musculatura abdominal puede acabar cediendo por efecto de la presión endoabdominal creciente, y que dé lugar a la formación de la barriga: es entonces cuando se produce la “postura de tambor batiente”.

En los individuos asténicos, de musculatura débil, tanto si se forma barriga como si no, se produce un distención de la pared abdominal y, consecuentemente, para compensar estáticamente el peso del abdomen movido hacia adelante, la parte superior de la espalda se encorva hacia atrás: se instaura así la “postura encorvada”. Si se forma barriga, que generalmente será caída, la espalda se encorva todavía más hacia atrás y se pasa a la “postura del sembrador”. Observe que, mientras en el vientre del “tambor batiente” prevalece la fermentación intestinal (como demuestra la forma hinchada de la barriga, parecida a una pelota), en el vientre del “sembrador” prevalece la putrefacción y es precisamente la gran masa fecal que, al no haber gases de fermentación, provoca que la tripa se caiga. Si las asas intestinales se expanden hacia atrás y no hacia abajo, no se produce la rotación hacia atrás de la pelvis, sino un enderezamiento anómalo de la normal curvatura de la parte central de la columna vertebral, dando lugar a la “postura de arranque”.

De estas reflexiones sobre la relación entre la enfermedad intestinal y la postura erecta se pueden deducir varias observaciones de un interés práctico considerable. Por ejemplo, aparece claro que los defectos de la postura no se pueden corregir ni con buena voluntad, ni a través de la fisioterapia, sino sólo corrigiendo la causa real: la hipotonía del intestino delgado. Es inútil ordenar a los chicos con postura encorvada que se “pongan rectos, tiren los hombros hacia atrás y el pecho hacia fuera”, tanto como obligarlos a practicar ejercicios de gimnasia correctiva.

Por lo tanto, resulta totalmente injustificada la admiración que suscitan algunas posturas como la de ponerse firmes o la de pato puesto que, lejos de representar ideales de presencia física masculina o gracilidad femenina respectivamente, son el síntoma más evidente de la enfermedad intestinal. Asimismo, no podrán considerarse sanos los niños que tenga un gran vientre prominente (“postura del tambor infantil”) que siempre es indicio de fermentaciones anómalas.

 



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