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LA TOXICIDAD MENTAL Y EMOCIONAL PDF Imprimir E-mail
Escrito por Santiago Rojas Posada   

(Extraído del Libro Desintoxícate)
Santiago Rojas Posada
 
Hay emociones sanas que nos hacen disfrutar la vida; y tóxicas o destructivas que dañan a los demás o a uno mismo. Existen 10 emociones básicas que todos conocemos y que en cualquier momento podemos experimentar ante diferentes estímulos: enojo, tristeza, miedo, disgusto, desprecio, sorpresa, disfrute, turbación, culpabilidad y vergüenza. Si son vividas durante el momento específico y con relación al hecho vivido, no generan alteración. Sin embargo, si persisten por largos periodos, alteran los estados de ánimo, generando distintos grados de toxicidad interior.

Aunque se relacionan con las emociones, en realidad, los estados de ánimo no son lo mismo. Estos parecen depender más del mundo interior, pueden durar mucho más tiempo y no se tiene siempre una asociación muy clara para determinar su origen específico; aunque una emoción o varias de ellas muy intensas pueden terminar convertidas en un estado de ánimo. Si tenemos miedo persistente por varios días o semanas, llegaremos a un estado de ánimo temeroso e inseguro.
 
Los Estados de ánimo son, en últimas, el filtro por el cual percibimos lo que nos ocurre. Por ejemplo, si tenemos un estado de ánimo irritable, todo lo que nos ocurra lo veremos con ese punto de referencia, las cosas pequeñas o grandes, y reaccionaremos en consecuencia de manera hostil.
 
También existen los Estados mentales destructivos que intoxican de manera más profunda que las emociones, los cuales son: la baja autoestima, el exceso de confianza, el resentimiento, los celos, la envidia, la falta de compasión y la incapacidad de mantener relaciones interpersonales próximas. 
 
Adicionalmente, están las Aflicciones mentales primarias son una integración de estados mentales y emocionales. Ellas son: el apego o deseo, la ira con todas las formas de odio y hostilidad, el orgullo, la ignorancia e ilusión, la duda y las visiones erróneas.
 
De éstas se derivan las 20 Aflicciones mentales secundarias, y todas pueden intoxicarnos en alguna medida. De la ira viene la cólera, el resentimiento, el rencor, la envidia o los celos y la crueldad. Del apego nacen la avaricia, el narcisismo, la excitación, la ocultación de los propios defectos y el embotamiento. De la ignorancia surge la fe ciega, la pereza espiritual, el olvido y la falta de atención introspectiva. De la ignorancia se desprende el apego, la petulancia, el engaño, la desvergüenza, la desconsideración por los demás, la falta de escrúpulos, la distracción.
 
CICLOS DE CONTAMINACION
 
Hay siete momentos en la vida de un ser humano donde se hace susceptible a captar tóxicos en su energía, su mente y emoción:
 
1. Embarazo. Además de recibir el alimento materno por vía del cordón umbilical que proviene de la placenta, el feto recibe toda la carga de emociones y pensamientos de la madre, junto con su campo de energía. Todas las frustraciones, ansiedades, miedos y demás sensaciones de la madre quedan registrados en el nuevo ser en formación, sin posibilidad de defensa.
2. Nacimiento. El ser que está en el vientre vive primero una especie de terremoto; luego pasa por un túnel oscuro con luz al final y llega hasta donde están unos seres desconocidos que lo abordan en contra de su voluntad.
3. Infancia. Luego viene la etapa donde alguien hace todo por él: lo bañan, cambian la ropa, alimentan, llevan y traen, duermen y despiertan, sin poder oponerse u ofenderse por ello. Pero entonces, el ser crece y, por así decirlo, “la nodriza de la humildad” lo abandona, y le toca tomar las riendas de su vida y sus primeras decisiones en la pequeña infancia, con la oposición de los que antes controlaban todo y ahora determinan lo que está o no bien.
4. Adolescencia. Es la rebeldía contra la contaminación anterior, contra lo impuesto, incluso contra los egos. Las cadenas que atan se hacen visibles y se lucha para la decapitación de una identidad que hasta ahora ha sido impuesta y delimitada.
5. Juventud. Cuando ya se cree que la intención de tener una personalidad propia y autónoma adquirida en la adolescencia es real, llega de nuevo la sociedad para encadenarlo y someterlo, debilitando así la intención. Hay demasiados reglamentos por cumplir. Tener es la palabra predominante: Tener que casarse, tener hijos, tener dinero, tener sustento…
6. Adultez. Durante esta época, ocurre un renacimiento, pues cuando nace la primera vez, cae en manos de aquella “nodriza de la humildad”. En la segunda, su custodia es la libertad. Ahora lo acompaña la sombra de la nostalgia. Todo cuanto piensa que pudo ser y ya no es. Nostalgia que de no ser escuchada debidamente lleva a la frustración. Aquí hay cambios biológicos como la menopausia y la andropausia, separaciones afectivas, cambios laborales y muchas de las cosas estables y construidas que eran sólidas cambian o desaparecen.
7. Vejez. La última etapa donde se logra dejar atrás la contaminación o se reafirma si no se valora lo que se tiene. Es el momento de la sabiduría, se da cuenta de todo cuanto perdió por la imposición, el sometimiento, la esclavitud y descubre que no es una fotocopia de los demás, sino que se ha logrado tener una autenticidad propia e individual.
 
MENTE Y EMOCION
 
Desde la década de los setenta, se ha empezado a entender que la mente (con la emoción), el sistema nervioso, el endocrino (hormonas) y el inmune (defensa) funcionan como un gran equipo, donde lo que le pasa a cada uno influye directamente sobre los demás. Por eso, las alteraciones de la mente y la emoción influyen en los otros sistemas y en el funcionamiento de todo el organismo. La evaluación de ciento un investigaciones diferentes sobre el tema constató que las emociones perturbadoras son malas para la salud en cierto grado, ya que las personas que experimentaban ansiedad crónica, prologados periodos de tristeza y pesimismo, tensión continua u hostilidad incesante, cinismo o suspicacia implacables, tenían el doble riesgo de contraer una enfermedad, incluyendo el asma, la artritis, los dolores de cabeza, las úlceras pépticas y problemas cardiacos (cada una de ellas representativa de categorías amplias de enfermedad). En realidad, las emociones de este tipo son un factor de riesgo tan dañino como fumar o tener el colesterol alto, cuando se padece una afección cardiaca, por ejemplo.
 
De acuerdo con lo que dicen algunos autores, he podido constatar que ciertas emociones tienen acciones directas e inmediatas sobre el bienestar personal, pues logran facilitar la aparición de padecimientos y/o enfermedades o agravar una ya existente. Estas emociones son: la ira, con todas las formas de hostilidad, el resentimiento, la irritabilidad, el odio, la cólera, la culpa, el temor, la ansiedad, el apego, el deseo, la tristeza y la depresión. En el caso de la ira y todas sus manifestaciones, he visto trastornos como jaquecas, hipertensión, úlceras en cualquier lugar del cuerpo y sangrados, pero estos no son los únicos; en realidad, son predominantes las enfermedades relacionadas con el corazón y el sistema circulatorio. Cuando hay dolor físico, estas emociones agravan y hacen más difícil su manejo. Generalmente, las personas que las sufren padecen de debilidad y cansancio crónicos. En el caso del resentimiento, lo he visto en gran cantidad de pacientes con enfermedades autoinmunes, como la artritis, el lupus, el síndrome de Sjorgen, entre otras. En pacientes con depresión, la recaída de una enfermedad maligna (cáncer) es más común.
 
Quiero aclarar que, desde mi visión, no todo paciente con determinada enfermedad tiene estas mismas emociones, y no todo el que padece estas emociones presenta la misma enfermedad.

 



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