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ENERGÍA VITAL EN LOS ALIMENTOS PDF Imprimir E-mail
Escrito por DOREEN VIRTUE   

Tomado del libro Eating in The Light

Cuando una manzana está creciendo en un árbol, tomando la luz del sol, está llena de la energía de la vida. Esta energía es lo que llamamos “fuerza vital”. Una vez que la manzana es arrancada del árbol, conserva mucha de esta fuerza vital. La fuerza vital mantiene a la manzana firme, jugosa y dulce. Sin embargo, muchas variables pueden afectar esta fuerza vital:

TIEMPO. Entre más tiempo pasa la manzana fuera del árbol, menos fuerza vital tiene. La cosecha  fresca tiene la mayor  cantidad de fuerza vital que cualquier alimento puede tener. Cuando la fuerza vital se pierde con el pasar del tiempo, la manzana se vuelve marchita y pierde su sabor.


TEMPERATURA: En muchas maneras, el cuerpo de una manzana no es diferente de tu cuerpo. Si fueras hervido, congelado, o puesto en microondas, tu cuerpo no podría sobrevivir. Los alimentos pierden su fuerza vital al ser cocinados o congelados.

PREPARACION: De la misma forma, cuando una manzana es exprimida o cortada, su fuerza vital no dura por mucho tiempo. Piensa en cuanto dura una manzana picada antes de que se marchite. Compara este tiempo con el que dura una manzana entera sin marchitarse. Cada vez que procesamos la comida, reducimos su fuerza vital. Cuando hacemos jugos, su fuerza vital solo permanece en el jugo un máximo de 20 minutos.

EMPAQUE: Alimentos altamente procesados usualmente vienen en latas, cajas o congelados. De la misma manera que tu cuerpo no puede sobrevivir a estas condiciones antinaturales, tampoco la fuerza vital de los alimentos sobrevive.

DOLOR: La comida que viene de los animales, incluyendo productos lácteos, traen la energía de cómo el animal fue tratado durante su vida y masacre. Los productos animales tiene muy poca fuerza vital, si la tienen. Comer la carne o los productos lácteos de un animal lleno de dolor puede tener un efecto negativo en ti, reduciendo tu habilidad para utilizar la fuerza vital en general.

PESTICIDAS: Los insecticidas traen la energía de la muerte, como su palabra literalmente lo dice “homicidas de insectos”. Es como ingerir la energía del dolor, cuando comimos alimentos que tienen residuos de pesticidas, la energía de la muerte baja nuestra frecuencia espiritual y vitalidad. Por esta razón la comida orgánica tiene más fuerza vital que otros alimentos que crecen con pesticidas.

TAMAÑO: Las frutas y verduras de tamaño mediano tienen más fuerza vital que aquellas que son pequeñas o grandes. Alimento pequeño es muy “yin”, significa que su fuerza vital aún se está desarrollando. El alimento grande es muy “yang”, significa que su fuerza vital excedió su pico.

EL YIN Y EL YANG. Los alimentos que crecen por encima del suelo, a la luz del sol, tienen una fuerza yang expansiva, mientras que los alimentos que crecen por debajo del suelo, en la Madre Tierra, abrazan una fuerza yin que contracta. Los alimentos yang, por encima del suelo, abren nuestros dones psíquicos y energía espiritual. Los alimentos yin, por debajo del suelo, nos ayudan a enraizarnos, y son muy beneficiosos si alguna vez te sientes “separado”.

ADITIVOS: los preservativos, azúcar refinada, cafeína, harina blanca, hormonas y otros aditivos tienen muy poca fuerza vital. Ellos solo tienen la habilidad de bloquearnos de disfrutar nuestra propia fuerza vital natural. El resultado es que nos sentimos lentos, porque nos hemos desconectado de nuestra fuerza vital. Desafortunadamente, cuando nos sentimos cansados, con frecuencia nos volvemos descuidados con nuestros hábitos alimenticios y comemos más comidas rápidas y chucherías.

Cuando consumes una gran cantidad de alimentos llenos de fuerza vital, te sientes más enérgico y vital. Esta energía adicional tal vez te motive para empezar o escalar en un programa de ejercicios, el cual aumente tu nivel de energía aún más.

“Me di cuenta que cuando empecé a nutrir a mi familia con alimentos de alta fuerza vital, especialmente alimentos orgánicos, su energía cambió. Mis dos hijos se volvieron más dulces y más amorosos, y desarrollaron una conciencia de su bienestar emocional y físico. Ahora que son adultos y viven por su cuenta, continúan comiendo saludable. Grant, mi hijo más joven, es vegetariano; y Chuck, el mayor, ama comer ensaladas. Nunca los forcé al vegetarianismo. En lugar de eso, los alimenté con alimentos altos en fuerza vital. Mis hijos tomaron sus propias decisiones de continuar comiendo alimentos que los hacen sentir bien”.
 

 



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