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LOS RIÑONES PDF Imprimir E-mail
Escrito por THORWALD DETHLEFSEN Y RUDIGER DAHLKE   

Tomado Del Libro La Enfermedad Como Camino
Thorwald Dethlefsen Y Rudiger Dahlke
Los riñones representan en el cuerpo humano la zona de la convivencia. Los dolores y afecciones de  riñón  se presentan cuando existen problemas de convivencia. No se trata tanto de la relación sexual como de la capacidad de relacionarse con los semejantes en general. La forma en que una persona se enfrenta con las demás se manifiesta con especial claridad en las relaciones de la pareja, pero es común en todos sus semejantes. Para comprender la relación existente entre los riñones y la comunicación con el prójimo, puede ser conveniente examinar, en primer lugar, el fondo psíquico de las relaciones humanas.

La polaridad de nuestra mente nos impide tener conciencia de nuestra totalidad y hace que nos identifiquemos solo con una parte del ser. A esta parte la llamamos Yo. Lo que no vemos es nuestra sombra que nosotros-por definición-desconocemos. El camino que debe seguir el ser humano está obligado constantemente a tomar conciencia de parte de la sombra hasta ahora desconocidas  e integrarlas en su identidad. Este proceso de aprendizaje no se termina hasta que poseemos el conocimiento total, hasta que estemos <<completos>>. Esta unidad abarca toda la polaridad sin distinciones, es decir, tanto la parte masculina como la femenina.

El individuo completo es andrógino, ha fundido en su alma los aspectos masculinos y femeninos, para formar la unidad (bodas químicas). No se debe confundir lo andrógino con la dual; naturalmente, el  carácter andrógino se refiere al aspecto psíquico: el cuerpo conserva su sexo. Pero la mente ya no se identifica con el (como tampoco el niño pequeño se  identifica con el sexo a pesar de que físicamente lo tiene). Este objetivo de bisexualidad también se expresa con el celibato y la indumentaria de los sacerdotes. Ser hombre es identificarse con el polo masculino del alma, con lo que la parte femenina automáticamente pasa a la sombra; por lo tanto, ser mujer es identificarse con el polo femenino, relegando al polo  masculino a la sombra. Pero esto solo se consigue  a través de la proyección. Debemos buscar y hallar fuera de nosotros lo que nos hace falta y que, en realidad, está dentro de nosotros.

Esto, a primera vista, parece una paradoja: tal vez por ello sean tan pocos los que lo comprenden. Pero el reconocimiento requiere la división entre sujeto y objeto. Por ejemplo, el ojo ve pero  no puede verse; para ello necesita de la proyección sobre un objeto. En la misma situación nos hallamos los seres humanos. El hombre solo puede tomar conciencia de la parte femenina de su alma (C.G. Jung la llama <<ánima>>) a través de su proyección sobre una mujer concreta, y la mujer, viceversa. Nosotros imaginamos la sombra estratificada. Hay capas muy profundas que nos angustian, y hay capas que están cerca de la superficie, esperando ser reconocidas y asumidas. Si encuentro a una persona que exhibe unas cualidades que se hallan en la parte superior de mi sombra, me enamoro de ella. Al decir ella me refiero tanto a la otra persona como a la parte de la propia sombra, puesto que, en definitiva, una y otra son idénticas. Lo que nosotros amamos o aborrecemos en otra persona está siempre en nosotros mismos. Hablamos de amor cuando el otro refleja una zona de la sombra que en nosotros asumiríamos de buen grado, y hablamos de odio cuando alguien refleja una capa muy profunda de nuestra sombra que no deseamos ver en nosotros.

El sexo opuesto nos atrae porque es lo que nos falta. A menudo nos da miedo porque no es desconocido. El encuentro con la pareja es el encuentro con el aspecto desconocido de nuestra alma. Cuando tengamos claro este mecanismo de proyección en el otro de partes de la sombra propia, veremos todos los problemas de la convivencia a una nueva luz. Todas las dificultades que experimentamos con nuestra pareja son dificultades que tenemos con nosotros mismos. Nuestra relación con el inconsciente siempre es ambivalente: nos atrae y nos atemoriza. No menos ambivalente suele ser nuestra relación con la pareja: la queremos y odiamos, deseamos poseerla plenamente y librarnos de ella, la encontramos maravillosa e irritante. En el cúmulo de actividades y fricciones que constituyen una relación no hacemos más que andar a vueltas con nuestra sombra. Por ello, es frecuente que personas de carácter opuesto congenien. Los extremos se atraen: esto lo sabe todo el mundo, y no obstante siempre nos asombra que << se llevan tan bien siendo tan distintas>>. Mejor se llevan dos personas cuanto más distintas sean, porque cada una vive la sombra de la otra o- más exactamente- cada una hace que su sombra viva en la otra. Cuando las parejas están formada por personas muy parecidas, aunque las relaciones resulten más apacibles y cómodas, no suelen favorecer mucho el desarrollo de quienes la componen: en el otro solo se refleja la cara que ya conocemos: ello no acarrea complicaciones pero resulta aburrido. Los dos se encuentran mutuamente maravillosos y proyectan la sombra común al entorno, al que juntos rehúyen. En una pareja solo son fecundadas las divergencias, ya que a través de ellas, enfrentándose a la propia sombra descubierta en el otro, puede uno encontrarse a sí mismo. Está claro que el objetivo de esta tarea es encontrar la propia identidad total.

El caso ideal es aquel en el que,  al término de la convivencia, hay dos personas que se han completado a sí mismas o, por lo menos- renuncio al ideal- se han desarrollado, descubriendo partes ignoradas del  alma y asumiéndolas conscientemente. No se trata, desde luego, de la pareja de tórtolos que no pueden vivir el uno sin el otro. La frase de que uno no puede vivir sin el otro solo indica que uno, por comodidad (también podríamos decir  por cobardía), se sirve del otro para hacer que viva la propia sombra, sin reconocerse en la proyección ni asumirla. En estos casos (son la mayoría) el uno no deja que el otro se desarrolle, ya que con ella habría que cuestionarse el papel que cada uno se ha adjudicado. En muchos casos, cada uno de los dos se somete a psicoterapia, su pareja se queja de lo mucho que ha cambiado… (<< ¡Nosotros solo queríamos que desapareciera el síntoma!>>).
La asociación de la pareja ha alcanzado su objetivo cuando el uno ya no necesita del otro. Solo en este caso se demuestra que la promesa de <<de amor eterno>> era sincera. El amor es un acto de la conciencia y significa abrir la frontera de la conciencia propia para dejar entrar aquello que se ama. Esto sucede solo cuando uno acoge en su alma todo lo que la pareja representaba o- dicho de otro modo- cuando uno ha asumido todas las proyecciones y se ha identificado con ellas. Entonces la persona deja de hacer la veces de superficie de proyección –en ella nada nos atrae ni nos repele- , el amor se ha hecho eterno, es decir, independientemente del tiempo, ya que se ha realizado en la propia alma. Estas consideraciones siempre producen temor en las personas que tienen proyecciones puramente materiales, que depositan el amor en las formas y no en el fondo de la conciencia. Esta actitud ve en la transitoriedad de lo terrenal una amenaza y se consuela con la esperanza de encontrar a <<sus seres queridos >> en el más allá. Pero suele pasar por alto que el <<más allá>> siempre está aquí.

El más allá es la zona que trasciende de las formas materiales. El individuo no tiene más que transmutar en su mente todo lo visible, y ya está más allá de las formas.  Todo lo visible no es más que un símbolo, ¿Por qué no habrían de serlo también las personas?Con nuestra manera de vivir tenemos que hacer superfluo el mundo visible, y también a nuestra pareja. Solo se plantean problemas cuando dos personas <<utilizan>>su asociación de forma diferente, y mientras una reconoce sus proyecciones y las integra, la otra se limita a proyectarse. En este caso, cuando uno se independiza, el otro se queda con el corazón destrozado. Y cuando ninguno de los dos pasa de la fase de la proyección, tenemos un amor de los que duran hasta la muerte, y después, cuando falta la otra mitad, viene el desconsuelo (¡).

Dichoso del que comprenda que a uno no pueden arrebatarle aquello que ha asumido en su interior. El amor o es uno o no es nada. Mientras se deposita en los objetos externos no ha alcanzado su objetivo. Es importante conocer con exactitud esta interrelación  de la pareja antes de establecer la analogía con lo que ocurre en los riñones.  En el cuerpo hay órganos singulares (estómago, hígado, páncreas) y órganos pares como los pulmones, los testículos y los ovarios. Si examinamos los órganos pares, llama la atención el que todos tengan relación con el tema de <<contacto>> o <<convivencia>>. Mientras los pulmones representan el contacto con la comunicación con el entorno en general y los testículos y los ovarios, órganos sexuales, la relación sexual, los riñones son órganos que corresponden a la convivencia con los semejantes. Por cierto que estos tres campos representan las tres denominaciones griegas del amor: fila (amistad), eros (amor sexual) y agape (la progresiva unificación con el todo). Todas las sustancias que entran en el cuerpo pasan a la sangre. Los riñones actúan como una central de filtrado. Para ello tienen que poder reconocer que sustancias son  tolerables y aprovechables por el organismo y que residuos y toxinas deben ser expulsados.

Para realizar esta difícil tarea, los riñones disponen de diferentes mecanismos que, dada  su complejidad, reduciremos a dos funciones básicas: la primera etapa del filtrado funciona como un tamiz mecánico en  el que son retenidas las partículas   de un tamaño determinado. El poro de este tamiz tiene la luz precisa para retener hasta la más pequeña molécula de albumina. El segundo paso, bastante más complicado, se basa en una combinación de ósmosis y del principio de la contracorriente. Esencialmente, la ósmosis consiste en el equilibrio de la presión y la concentración de dos líquidos de distinta concentración que circulen repetidamente en sentido contrario con lo cual, en caso necesario, los riñones pueden expulsar orina concentrada (por ejemplo, en la misión matinal). Esta compensación osmótica sirve, en definitiva, para retener las sales vitales para el cuerpo, de las que depende, entre otras cosas, el equilibrio entre álcalis y ácidos.

El profano suele ignorar la importancia vital que tiene el equilibrio de los ácidos en  el cuerpo, que se expresan numéricamente por el valor PH. Todas las reacciones químicas (como por ejemplo la producción de energía y las sostenéis de la albúmina) depende de un valor de PH estable dentro de unos márgenes muy estrechos. La sangre se mantiene en el justo medio entre lo alcalino y lo ácido, entre el Yin y Yang. Análogamente, toda sociedad consiste en la tentativa de situar en equilibrio armónico los dos polos, el masculino (Yang, ácido) y el femenino (Yin, alcalino). Como el riñón se encargas de garantizar el equilibrio  entre ácido y alcalino, así la sociedad, análogamente, trata de que el individuo, mediante la unión con otra persona que vive la sombra de uno, se perfeccione y se complete. Así la otra mitad (la media naranja) con su manera de ser, compensa lo que a uno le falta.

De todos modos, el mayor peligro de  la pareja estriba en la convicción de que los problemas y perturbaciones se deben únicamente a la convivencia y no tiene nada que ver con uno. En este caso, uno se queda atascado en la fase de la proyección y no reconoce la necesidad ni el beneficio de asumir e integrar la parte de la propia sombra reflejada por la pareja, y crecer y madurar con esta toma de conciencia. Si este error se refleja en el plano somático, los riñones dejaran pasar sustancias esenciales para la vida (albumina, sales) a través del sistema filtrado, con los que unos componentes esenciales para el propio desarrollo pasan al mundo exterior (por ejemplo, en el caso de la glomerulonefritis). Los  riñones, a su vez, demuestran la misma incapacidad para asimilar las sustancias importantes que manifestó la mente al no reconocer como propias problemas importantes y cargarlos al otro. Como el individuo tiene que reconocerse a sí mismo en el compañero, así también los riñones necesitan  la facultad de reconocer la importancia que para la propia realización y desarrollo tienen las sustancias <<ajenas>>, que viven del exterior. La estrecha relación de los riñones con el tema de la <<compenetración>> y la <<comunicación>> se deduce claramente de determinadas costumbres de la vida diaria. En todas las ocasiones en que las personas se reúnen con el propósito de comunicar, la bebida desempeña un papel preponderante. Ello no es de extrañar, ya que la bebida estimula el riñón, <<órgano de la comunicación>>, y, por consiguiente también la facultad de la comunicación psíquica. Es fácil entrar en contacto haciendo chocar las copas o las jarras de cerveza. Es este un <<choque>> sin agresividad.

En Alemania es frecuente iniciar un tuteo con un brindis. Sin la bebida común, el establecimiento de contacto seria casi inconcebible. Tanto en una reunión de sociedad como en una fiesta popular, el individuo bebe para acercase al prójimo. Por ello, suele mirarse con recelo al que bebe poco o nada, ya que denota que no quiere estimular sus órganos de contacto y que prefiere mantenerse a distancias. En todas estas ocasiones, se da preferencia a las bebidas muy diuréticas que excitan los riñones, como café, té y alcohol. (En las reuniones sociales no solo se bebe sino que también se fuma. Y es que el tabaco estimula  otro de nuestros organismos de contacto, los pulmones. Es sabido que el individuo bebe mucho más en compañía que cuando esta solo.) El acto de beber denota  deseo de establecer contacto, aunque existe el peligro de que este contacto no pase de sucedáneo de la verdadera comunicación.

Los cálculos se forman por la precipitación y cristalización del exceso de ciertas sustancias de la orina (ácido úrico, fosfato y oxalato de cálcico) influye en la formación de cálculos, además de las condiciones ambientales, la cantidad de líquidos que se bebe; el líquido reduce la concentración de una sustancia y aumenta la solubilidad. Cuando se forma un cálculo, se interrumpe el flujo y puede producir el cólico. El cólico es la tentativa del cuerpo de expulsar el cálculo por medio de movimientos peristálticos del conducto urinario. Es un proceso tan doloroso como un parto. El dolor del cólico produce vivo desosiego y deseo de movimiento. Si el cólico es generado por el propio  cuerpo no basta para expulsar la piedra, el medico hace saltar al paciente para ayudar a desalojar el cálculo. El tratamiento que se aplica para acelerar el parto de la piedra consiste en relajación, calor e ingestión de líquidos.

La relación de este proceso con el plano psíquico es evidente. El cálculo se compone de sustancias que en realidad hubieran debido ser eliminadas, ya que no son necesarias para el cuerpo. Ello corresponde a una acumulación de temas de los que el individuo hubiera tenido que aligerarse hace tiempo, ya que no eran necesarios para su desarrollo. Si uno se aferra a temas superfluos y trasnochados estos bloquean la corriente del desarrollo y producen congestión. El síntoma del cólico induce a ese movimiento que uno, con su agarrotamiento, deseaba impedir, y el  medico exige al paciente lo más conveniente: saltar. Solo el salto para dejar atrás lo inservible puede hacer fluir nuevamente el desarrollo y liberarnos de lo viejo (piedra). Las estadísticas indican que los hombres son más propensos a los cálculos renales que las mujeres. Los temas de <<armonía>> y <<convivencia>> son para el hombre más difícil que para la mujer  mejor dotada para manejar estos principios. La agresiva autoafirmación, por el contario, entra en  más dificultades para la mujer, por ser este un principio más propio del hombre. Estadísticamente, ello se  refleja en la ya indicada incidencia de los cálculos biliares en las mujeres. Las solas medidas terapéuticas aplicadas al cólico netrífico  describen ya perfectamente los principios que pueden servir de ayuda en la solución de problemas de armonía y convivencia: calor como expresión de afecto y amor, relajación de los vasos contraídos



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