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LOS ÓRGANOS SENSORIALES PDF Imprimir E-mail
Escrito por THORWALD DETHLEFSEN Y RUDIGER DAHLKE   

Los órganos sensoriales son las puertas de la percepción. A través de los órganos sensoriales nos comunicamos con el mundo exterior. Son las ventanas del alma a las que nos asomamos, en definitiva, para vernos a nosotros mismos. Porque ese mundo exterior que <<sentimos>>y en cuya incuestionable realidad tan firmemente creemos, en realidad no existe.Vayamos por partes. ¿Cómo funciona nuestra percepción? Cada acto de percepción sensorial puede reducirse a una información producida por la modificación de las vibraciones de las partículas. Miramos, por ejemplo, una barra de hierro y observamos que es negra, la tocamos y notamos que esta fría, olemos su olor característico y percibimos su dureza.

Calentemos la barra con un soplete y veremos que su color cambia y se pone roja e incandescente, notaremos el calor que despide y observamos su ductilidad. ¿Qué ha pasado? Solo que hemos conducido a la barra una energía que ha provocado el aumento de la velocidad de las partículas. Esta aceleración de las partículas ha provocado cambios en la percepción  que describimos con las palabras <<rojo>, <<caliente>>, <<flexible>>, etc.

Este ejemplo nos indica claramente que nuestra percepción de basa en  la  frecuencia de la oscilación de las partículas llegan a unos receptores esenciales de nuestros órganos de percepción, donde provocan un estímulo que, por medio de impulsos químicos-eléctricos, es conducido al cerebro a través del sistema nervioso y allí suscita una imagen compleja que nosotros catalogamos de <<roja>>, <<caliente>>, <<olorosa>>, etc. Entran las partículas y sale una percepción compleja: entre lo uno y lo otro esta la elaboración. ¡y nosotros creemos que las imágenes complejas que nuestra mente elabora con las informaciones de las partículas existentes realmente fuera de nosotros! Ahí reside nuestro error. Fuera no hay más que partículas, pero precisamente las partículas no las hemos percibido nunca. Desde luego, nuestra percepción depende de las partículas, pero nosotros no podemos percibirlas. En realidad nosotros estamos rodeados de imágenes subjetivas. Desde luego, estamos convencidos de que los demás (¿existen los demás?) percibimos lo mismo, en el caso de que ellos utilicen para la percepción las mismas palabras que nosotros; sin embargo, dos persona nunca pueden comprobar si ven lo mismo cuando dicen <<verdad>>. Estamos solo en la esfera de nuestras propias imágenes, pero cerramos los ojos a esta verdad.

Las imágenes parecen tan reales-tan reales como en los sueños-, pero solo mientras dura el sueño. Un día uno se despierta de este sueño de cada día y se asombra de que este mundo que considerábamos tan real se diluya en la nada: maja, ilusión, velo que nos oculta la verdadera realidad. Quien haya seguido nuestra argumentación puede replicar que aunque el mundo exterior no exista con la forma que nosotros percibimos, existe un mundo exterior formado de partículas. Pues también esto es una ilusión. Porque en el plano de las partículas no se aprecia la divisoria entre el Yo y los Demás, entre dentro y fuera. Mirando una partícula no se aprecia si me pertenece a mi o al entorno. Aquí no hay fronteras. Aquí todo es uno.

Precisamente este es el significado del viejo principio esotérico<<microcosmos=macrocosmos>>. Este <<igual>> tiene exactitud matemática. El yo (Ego) es la ilusión, la frontera artificial que solo existe en la mente: hasta que el ser humano aprende a ofrecer en sacrificio este Yo y averigua, con asombro, que la temida <<soledad>> no es sino <<ser uno con todo>>. Pero el camino de esta unión, la iniciación a la unidad, es largo y arduo. Solo estamos unidos a este mundo aparente de la materia por nuestro cinco sentidos, como las cinco llagas que quedaron en Jesús después de que fue clavado en la cruz del mundo material. Esta cruz solo puede superarse convirtiéndola en vehículo del <<renacimiento espiritual>>.Al principio de este capítulo decimos que los órganos de los sentidos son las ventanas de nuestra alma por la que nos contemplamos a nosotros mismos.  Lo que llamamos entorno o mundo exterior no es sino reflejo de nuestra alma. Un espejo nos permite mirarnos y reconocernos, porque nos muestra la zona que sin reflejo no podríamos ver.

Es decir, que nuestro <<entono>> es un medio grandioso que debe ayudarnos a conocernos a nosotros mismos. Dado que la imagen que aparece en el espejo no es siempre halagüeña-porque también muestra sombra se refleja en el-, nos empeñamos en hacer distinciones entre nosotros y el mundo exterior y protestar que nosotros <<no tenemos nada que ver con eso>>. Solo ahí reside el peligro. Nosotros proyectamos al exterior nuestra forma de ser y creemos en la independencia de nuestra proyección. Luego, omitimos interiorizar la proyección y aquí empieza la  era de la asistencia social en la que todos se ayudan mutuamente y nadie se ayuda así mismo. Para nuestra toma de conciencia, necesitamos el reflejo que viene  desde afuera. Pero, si queremos estar sanos y enteros, no debemos dejar de admitir dentro de nosotros mismos esa proyección. La mitología judaica nos expone el tema con la imagen de la creación de la mujer.

A Adán, criatura perfecta y andrógina, se  le quita un costado (Lutero traduce <<costilla>>) al que  se da forma independiente. Ahora falta a Adán una mitad que el ve como oponente en la proyección. Ha quedado incompleto y solo podrá estar otra vez entero uniéndose a lo que le falta. Pero esto solo puede realizarse por medio de lo externo. Si el ser humano deja de reintegrarse gradualmente a lo largo de la vida aquello que percibe del exterior no tiene nada que ver con él, entonces el destino empieza paco a poco a impedir la percepción.

Percibir equivale a tomar conciencia de la verdad. Esto solo es posible si el ser humano se reconoce así mismo en todo lo que percibe. Si se le olvida, entonces las ventanas del alma, los órganos de los sentidos, poco a poco se empañan, pierden la trasparencia y obligan  al ser humano a volver su percepción  hacia dentro. En la medida en que los órganos de los sentidos dejan de funcionar, el hombre aprende a mirar hacia adentro y escuchar en su interior. El hombre es obligado a recogerse en sí mismo.Existen técnicas de meditación por las que el ser humano se recoge voluntariamente: se cierran las puertas de los sentidos con los dedos de las dos manos: oídos, ojos y boca, y se medita sobre la percepciones sensoriales internas que, al que llega a adquirir cierta práctica, se le ofrecen como gusto, color y sonido.

LOS OJOS :

los ojos no solo recogen impresiones del exterior sino que también dejan pasar algo de dentro afuera: en ellos se ven los sentimientos y los estados de ánimo de la  persona. Poe ello, el individuo indaga en los ojos del otro y trata de leer en su mirada. Los ojos son espejo del alma. También los ojos derraman lágrimas y con ello revelan al exterior una situación psíquica interna. Hasta hoy, el diagnostico por el iris utiliza el ojo únicamente como espejo del cuerpo, pero también es posible ver en el ojo el carácter y la idiosincrasia de una persona. También el mal de ojo y el mirar con malos ojos nos dan a entender que el ojo es un órgano que no solo recibe sino que también proyecta. Los ojos actúan cuando se le echa un ojo a alguien. En el lenguaje popular se dice que el amor es ciego, frase que indica que los enamorados no ven claramente la realidad.

Las afecciones más frecuentes de los ojos son la miopía y la presbicia; la primera se manifiesta principalmente en la juventud, mientras que la última es un trastorno de edad. Esta distinción es justa, ya que los jóvenes solo acostumbran a ver lo inmediato y les falta la visión de conjunto o de alcance. La vejez se distancia de las cosas. Análogamente, la memoria de los viejos es incapaz de retener hechos recientes pero conserva un recuerdo exacto de sucesos lejanos. La miopía denota una subjetividad exagerada. El miope lo ve todo desde su óptica y se siente personalmente afectado por cualquier tema. Hay gente que no  ve más allá de sus narices, pero no por alargar menos está limitada visión les permite conocerse a sí mismos. Ahí radica el problema, porque el individuo debería aplicarse así mismo aquello que ve, para aprender a verse. Pero el proceso toma el signo contrario cuando la persona se queda encallada en la subjetividad. Esto, en definitiva, quiere decir que, si bien el individuo lo relaciona todo consigo mismo, se niega a verse y reconocerse así mismo en todo. Entonces la subjetividad desemboca en una susceptibilidad irritable u otras reacciones defensivas sin que la proyección llegue a resolverse.

La miopía compensa esta mala interpretación. Obliga al individuo a mirar de cerca su propio entorno. Acerca el enfoque  a los ojos, a la punta de la nariz. Por lo tanto la miopía denota, en el plano corporal, una gran subjetividad y al mismo tiempo, desconocimiento de si mismo. El conocimiento de nosotros mismos nos hace salir de la subjetividad. Cuando una persona no ve claro, la pregunta clave será:<< ¿qué es lo que no quiere ver?>> la respuesta siempre es la misma: <<a sí mismo>>. La magnitud de la resistencia a verse uno mismo tal como es se manifiesta en el número de dioptrías de sus lentes. Los lentes son una prótesis y, por lo tanto, un engaño.

Con ellos se rectifica artificialmente el destino y uno hace como si todo estuviera en orden. Este engaño se intensifica con las lentes de contacto, porque en este caso se pretende disimular incluso que uno ve claro. Imaginemos que de la noche a la mañana se le quitan a la gente  sus gafas y lentes de contacto. ¿Qué ocurriría? Pues que aumentaría la sinceridad. Entonces enseguida sabríamos como cada cual ve lo mismo  y se ve así mismo y- lo que es más importante-los afectados asumirían su incapacidad para ver las cosas tal como son. Una incapacidad solo es útil al que la vive. Entonces más de uno se dará cuenta de lo << poco clara>> que es su imagen del mundo, cuan <<borroso>> lo ve y cuan pequeña es su perspectiva. Quizás entonces a más de uno se le cayera la venda de los ojos y empezara a ver claro.

El viejo con experiencia de los años, adquiere sabiduría y visión de conjunto. Lástima que muchos solo experimenten esta buena visión a distancia cuando la presbicia le impide ver de cerca. El daltonismo indica ceguera para la diversidad y el colorido de la vida: es algo que afecta a las personas que todo lo ven pardo y tienden a arrasar deferencias. En suma, un ser gris.

La conjuntivitis, como todas las inflamaciones, denota conflicto. Produce un dolor que solo se calma cuando uno cierra los ojos. Así cerramos los ojos ante un conflicto que no queremos afrontar.Estrabismo: para poder ver algo en toda su dimensión, necesitamos dos imágenes. ¿Quién no reconoce esta frase la ley de la polaridad? Nosotros para aceptar a la unidad completa, necesitamos siempre dos visiones. Pero si los ejes visuales no están bien alineados, los ojos se desvían, se forman dos imágenes no coincidentes (visión doble) pero, antes que presentarnos dos imágenes divergentes, el cerebro adopta por prescindir de una de ellas (la del ojo desviado). En realidad, entonces se ve en un solo ojo, ya que la imagen del otro ojo no nos es transmitida. Todo se ve plano, sin relieve.

Algo parecido con la polaridad. El ser humano debería poder ver los dos polos como una sola imagen (por ejemplo, onda y corpúsculo, libertad y autoritarismo, bien y mal).  Si no lo consigue, si la visión desdobla, el elimina una de las imágenes (la reprime) y, en lugar de visión completa, tiene visión de tuerto. En realidad, el bizco es tuerto, ya que la imagen del ojo desviado es desechada por el cerebro, lo cual provoca perdida de relieve de la imagen y da una visión  unilateral del mundo.

Cataratas: la <<catarata gris>> empaña el cristalino y, por lo tanto, enturbia la visión. No se ve con nitidez. Las cosas que se ven con nitidez poseen un perfil afilado, es decir, son cortantes. Pero, si se difumina el contorno, el mundo se hace más romo, menos hiriente. La visión borrosa proporciona un tranquilizador distanciamiento del entorno, y de uno mismo. La catarata gris es como una persiana que se baja para no tener que ver lo que uno no quiere ver. La catarata gris es como un velo que puede llegar a cegar. En la <<catarata verde>> (glaucoma), el  aumento de la presión del  ojo provoca una progresiva contracción del campo visual, hasta llegar a la visión tubular. Se pierde la visión de conjunto: solo se percibe la zona que se enfoca. Detrás de esta afección se halla la presión psíquica de las lágrimas no vertidas (presión interna del ojo).

La forma extrema del no querer ver es la ceguera. La ceguera está considerada por la mayoría de las personas como la perdida más grave que puede sufrir una persona en el aspecto físico. La expresión está ciego se emplea también en sentido figurado. Al ciego se le arrebata definitivamente la superficie de la proyección externa y se le obliga a mirar hacia a dentro. La ceguera corporal es solo la última manifestación de la verdadera ceguera: la ceguera de la mente.

Hace  varios años, mediante una nueva técnica quirúrgica se dio la vista a varios jóvenes ciegos. El resultado no fue totalmente halagüeño ya que la mayoría de los operados no acababan de adaptarse a su nueva vida. Este caso puede tratar de explicarse y analizarse de desde los más diversos puntos de vista. En nuestra opinión, solo importa el reconocimiento de que, si bien con medidas funcionales pueden modificarse los síntomas, no se eliminan los problemas de fondo que se manifiestan por medio de ellos.Mientras no rectifiquemos la idea de que todo impedimento físico es una perturbación molesta que hay que eliminar o subsanar cuanto antes, no podremos extraer de ella beneficio alguno. Debemos dejarnos perturbar por la perturbación en nuestra vida habitual, consentir que el impedimento nos impida seguir viviendo como hasta ahora. Entonces, la enfermedad es la vía que nos conduce a la verdadera salud. Incluso la ceguera, por ejemplo, puede enseñarnos a ver, darnos una visión superior.

 



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