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LA PIEL PDF Imprimir E-mail
Escrito por THORWALD DETHLEFSEN Y RUDIGER DAHLKE   

La piel es el órgano más grande del ser humano. Realiza múltiples funciones, las más importantes de la cuales son:

Delimitación y protección
Contacto
Expresión
Estimulo sexual
Respiración
Exudación
Termorregulación.

  hacia el exterior y lo hace de dos maneras. Por un lado,  la piel es la superficie en la que se relajan todos los órganos internos. Estas diversas funciones de la piel  giran en torno a un tema común que oscila entre los dos polos de separación y contacto. La piel es nuestra frontera material externa y, al mismo tiempo, a través de la piel estamos en contacto con el exterior, con ello tocamos nuestro entorno. En la piel sentimos el mundo que nos rodea y de la piel no podemos salirnos. La piel refleja nuestro modo de ser

Toda perturbación de uno de nuestros órganos internos se proyecta en  la piel y toda afección de una determinada zona de la piel es transmitida al órgano correspondiente. En esta relación se basan todas las terapias de zonas reflejo aplicadas desde hace mucho tiempo por la medicina naturista, de las cuales la medicina académica utiliza solo unas cuantas (por ejemplo, zona de head) merecen mención especial la del mensaje de las zonas reflejo de los pies, la aplicación de ventosas en la espalda, la terapia de zona reflejo de la nariz, la audio puntura, etc.

El médico que posee un buen ojo clínico, examinando y palpado la piel averigua el estado de los órganos y trata las afecciones de estos desde la zona de su proyección en la piel. Ni lo que ocurre en la piel, manchas, tumefacción, inflamación, granitos, absceso ni el lugar de su aparición, es casual sino indicación de un proceso interno.

Antiguamente se utilizaban sistemas muy sofisticados para tratar de averiguar el carácter de la persona por el lugar en que aparecen las manchas hepáticas, por ejemplo. La ilustración echo por las bordas estas “tonterías y supersticiones”, pero, poco a poco, volvemos a acercarnos a estas prácticas. ¿Es realmente tan difícil comprender que, detrás de todo lo creado hay un esquema invisible que solo se manifiesta en el mundo material? Todo lo visible es solo expresión de lo invisible, como una obra de arte es expresión visible de la idea del artista.

De lo visible podemos  deducir lo invisible. Es lo que hacemos continuamente en la vida diaria. Entramos en una sola y de lo que allí vemos deducimos el gusto del que la habita. Y otro tanto habríamos podido hacer mirando su armario. No importa donde uno mire: si una persona tiene mal gusto, este se mostrar por todas partes.

Por ello la información total se muestra siempre en todas partes. En cada parte encontramos el todo (pars prototo, llamaban los romanos a este fenómeno). De manera que es indiferente la parte del cuerpo que se contemple. En todas puede reconocer el mismo esquema se encuentra en el ojo (diagnostico por el iris), en el pabellón auditivo (auriculopuntura francesa), en la espalda, en los pies, en los meridianos (diagnostico por los puntos terminales), en cada gota de sangre (prueba de coagulación, dinamo lisis capilar, hemodiagnóstico holístico), en cada célula (genética), en la mano (quirologia)  en la cara y configuración corporal  (fisiognomía), en la piel (¡nuestro tema!)

La verdad está en  todas partes. Si los especialistas consiguieran olvidarse de su (totalmente inútil) intento de mostrar la casualidad de la relación descubiertas por ellos, inmediatamente verían que todas las cosas  mantienen entre si una relación analógica: así arriba como abajo, así dentro como fuera.

La piel no solo muestra al exterior nuestro estado orgánico interno sino que en ella se muestran también todos nuestros  procesos y reacciones químicos. Algunas de estas manifestaciones son tan claras que cualquiera puede observarlas: una persona se pone colorada de vergüenza y blanca de susto; suda de miedo o de excitación; el cabello se le eriza de horror o se le  pone la piel de gallina. Invisible exteriormente, pero mensurable con aparatos electrónicos, es la conductividad eléctrica de la piel.

Los primeros experimentos y mediciones de esta clase se remota a C:G: Jung, quien con sus “experimentos asociativos” exploro este fenómeno. Hoy, gracias a la electrónica, es posible amplificar y registrar las constantes oscilaciones de la conductividad eléctrica de la piel y <<dialogar>> con  la piel de una persona, ya que la piel responde a cada palabra, cada tema, cada pregunta, con una inmediata alteración de su conductividad eléctrica, llamada PGR o ESR.

Todo ellos no confirman que la piel es una gran superficie de proyección en la que se ven tantos procesos somáticos como psíquicos. Pero, puesto que la piel revela tantas cosas de nuestro interior, es fácil caer en la tentación no ya de cuidarla con esmero sino de manipularla. A esta operación de engaño se llama cosmética, y en este arte de la impostura se invierten de buen grado sumas fabulosas. No es el objetivo de estas líneas denotar las artes de embellecimiento de la cosmética, pero si examinar brevemente el afán que informa la antigua tradición de la pintura corporal.

Si la piel es expresión externa de lo que hay en el interior, todo intento de modificar artificialmente esta expresión es, indiscutiblemente un acto de falsedad. Se trata de disimular o aparentar algo. Se aparenta lo que no se es. Se levantan una fachada falsa y se pierde la coincidencia entre contenido y forma. Es la diferencia entre “entre ser bonita” y “parecer bonita”, o entre ser y parecer. Este intento de mostrar al mundo una máscara empieza por el maquillaje y termina grotescamente por la cirugía estética. La gente se hace estirar la cara; ¡es curioso que tantos se preocupen tan poco de perder la faz!

Detrás de todos estos afanes por ser lo que no se es esta realidad de que el ser humano a nadie quiere menos que así mismo. Quererse a sí mismo es una de las cosas más difíciles del mundo. El que cree que se gusta y se quiere, seguramente confunde su Ser con su pequeño ego. Generalmente, solo cree que se quiere el que no se conoce.

Dado que nuestra personalidad, en conjunto, incluida nuestra sombra, no nos gusta, constantemente estamos tratando de modificar y pulir nuestra imagen. Pero, mientras el ser interior, es decir, el espíritu, no se modifique, esto no pasa de pura “estética”. Con esto no pretendemos descartar la posibilidad de que, mediante modificaciones de forma, pueda iniciarse un proceso dirigido hacia el interior, como se hace, por ejemplo, en el Hatha Yoga, la bioenergía y métodos similares.

De todos modos, estos métodos se diferencian de la cosmética porque conocen el objetivo. Al más leve contacto, la piel de un individuo ya nos dice algo acerca de su  psique. Bajo una piel muy sensible hay un alma muy sensible también (tener la piel fina) mientras que una piel áspera nos hace pensar en un pellejo duro, una piel sudorosa nos muestra la inseguridad y el miedo de  nuestro oponente y la piel colorada, la excitación. Con la piel nos rozamos y establecemos contacto unos con otros. El contacto ya sea un puñetazo o una caricia, se establece por la piel. La piel puede romperse desde el interior (por una inflación, una erupción, un absceso) o desde el exterior (una herida, una operación) en ambos casos nuestra forma es atacada. Uno no siempre consigue salvar la piel.  

ERUPCIONES
En la erupción algo atraviesa la frontera, algo quiere salir. La forma más simple de expresar  esta idea nos la facilita la acné juvenil. En la pubertad, aflora en el ser humano la sexualidad, pero casi siempre sus imperativos son  reprimidos con temor. La pubertad es un buen ejemplo de situación conflictiva. Es una fase de aparente tranquilidad, bruscamente, de unas profundidades desconocidas, brota un  nuevo deseo que, con una fuerza irresistible, trata de hacerse un lugar en la conciencia y la vida de un ser humano. Pero el nuevo impulso que nos acomete es desconocido e insólito y nos atemoriza. A uno le gustaría eliminarlo y recobrar el familiar estado anterior. Pero no es posible. No se puede dar marcha a otras.

Y uno se encuentra en un conflicto. La atracción de lo nuevo y el temor a lo nuevo tiran de uno casi con igual fuerza. Todos los conflictos se desarrollan según este esquema, solo cambia el tema. En la pubertad, el tema se llama sexualidad, amor, pareja. Despierta el deseo de hallar un oponente, el tú, el polo opuesto. Uno desea entrar en contacto con aquello que a uno le falta, y no se atreve. Surgen fantasías sexuales, y uno se avergüenza. Es muy revelador que este conflicto se manifieste como inflamación de la piel. Y es que la piel es la frontera del Yo que uno tiene que cruzar para encontrar el tú. Al mismo tiempo, la piel es el órgano  con el que el ser humano entra en contacto con los demás, lo que el otro puede tocar y acariciar. La piel tiene que gustar para que el otro nos quiera.

Este tema candente hace que la piel del adolecente se inflame, lo que señala tanto que algo pugna por atravesar la frontera—una nueva energía que quiere salir, como que uno pretender impedírselo. En el miedo al instinto recién despertado. Por medio del acné uno se protege a sí mismo, porque el acné obstaculiza toda relación e impide la sexualidad. Se abre un círculo vicioso: la sexualidad no vivida se manifiesta en la piel acné: el acné impide el sexo. El reprimido deseo de inflamar al prójimo se transforma en una inflamación de la piel. La estrecha relación existente entre el sexo y el acné se demuestran claramente por el lugar de su aparición: la cara y, en algunas chicas el escote(a veces también la espalda). Las otras partes del cuerpo no son afectadas, ya que en ellas el acné no tendría ninguna finalidad.

La vergüenza por la propia sexualidad se transforma en vergüenza por los granos. Muchos médicos recetan  contra el acné la píldora, y con buenos resultados. El fondo simbólico del tratamiento es evidente: la píldora simula un embarazo y, desde el momento en que “eso” parece haber ocurrido, el acné desaparece: y no hay nada que evitar. Generalmente, el acné cede también a los baños de sol y mar, mientas que cuanto más se cubre el cuerpo más se agrava. La “segunda piel” que es la ropa acentúa  la inhibición y la intangibilidad. El desnudarse por el contrario, es el primer paso de una apertura, y el sol sustituye de modo inofensivo el ansiado y temido calor del cuerpo ajeno. Todo el mundo sabe que, en última instancia, la sexualidad vivida es el mejor remedio contra el acné.

Todo  lo dicho acerca de la pubertad puede aplicarse, a grandes rasgos, a toda la erupción cutánea. Una erupción siempre indica que algo que estaba reprimido trata de atravesar la frontera y salir a la luz (al conocimiento). En la erupción se muestra algo que hasta ahora no estaba visible. Ello también indica porque casi todas las enfermedades de la infancia, como el sarampión, la escarlatina o la roséola, se manifiestan a través de la piel. A cada enfermedad, algo nuevo brota en la piel del niño, por lo que toda enfermedad infantil suele determinar un avance en el desarrollo.

Cuanto más violenta la erupción, más rápido es el proceso y el desarrollo. La costra de leche de los lactantes denota que  la madre tiene poco contacto físico con la criatura, o que la descuida en el aspecto emotivo. La costra de leche es expresión visible de esta pared invisible y del intento de romper el aislamiento. Muchas veces las madres utilizan el eccema para justificar su íntimo rechazo al niño. Suelen  ser madres especialmente preocupadas por la “estética”, que dan mucha importancia a la limpieza de la piel.

Una de las dermatosis más frecuentes es la psoriasis. Se manifiesta en focos de inflamación  de la piel que se cubren de unas escamas de un blanco plateado. En la psoriasis se incrementa exageradamente la fabricación de escamas de la piel. Nos recuerda la formación del caparazón de algunos animales. La protección natural de la piel se trueca en coraza: uno se blinda por los cuatros costados. Uno no quiere que nada entre ni salga. Reich llama muy acertadamente al resultado del deseo de aislamiento psíquico “blindaje de carácter”. De tras de toda defensa hay miedo a ser heridos. Cuanto más robusta la defensa y más  gruesa la coraza, mayor es la sensibilidad y el miedo.

Ocurre lo mismo entre los animales: si a un cactáceo le quitamos el caparazón, encontraremos una criatura blanda y vulnerable. Las personas aparentemente más ariscas son en realidad las más sensibles. De todos modos, el afán  de proteger el alma con una coraza encierra un  cierto patetismo. Porque, si bien la coraza protege de las heridas, también impide el acceso al amor y la ternura. El amor exige apertura, pero entonces la defensa queda comprometida.
 



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