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VIVIR BIEN TE ENSEÑA A MORIR BIEN PDF Imprimir E-mail
Escrito por Stella Maris   

Entrevista a Stella Maris

“Cuando aceptas lo que te sucede con amor, paz interior y alegría, estás viviendo con sentido. Y entonces adquieres fortaleza y sabiduría para soltar lo que te atrapa en esta vida”
¿En qué consiste la tanatología?
La tanatología es una disciplina que trabaja sobre la muerte y la agonía. Aborda todas las implicaciones del proceso de morir.
¿Tanto en la persona que se muere como en su entorno?
Efectivamente, ayuda a pasar el proceso de la transición en el grupo, porque las personas que rodean a quien se va reciben también un gran impacto con su pérdida, especialmente si se trata de una enfermedad larga y difícil.
Usted dice que aprender a vivir ayuda a morir.
Sí, pero hay que saber a qué nos referimos cuando hablamos de saber vivir o de vivir bien. No se trata de lo que comúnmente se entiende por “vivir bien” (tener mucho dinero, asistir a muchas fiestas y cosas así), sino de vivir con consciencia del momento, con aceptación de lo que es, con amor, paz interior y alegría. Sentir que vives una vida con sentido, en definitiva.
¿Y de qué manera vivir así te ayuda a morir?
Te ayuda a morir por partida doble: por una parte, has adquirido la fortaleza y la sabiduría necesaria para afrontar el momento de la transición, soltar todo lo que te atrapa en esta vida (que ya no es tuya) y saltar al misterio, a lo desconocido. Por otra parte, te aporta la satisfacción de haber tenido una vida intensa y con sentido. Si vives con intensidad, percibes la muerte como un descanso.
Usted dice que nuestra sociedad vive en una epidemia muy extendida de neurosis noógena… ¿En qué consiste?
Precisamente en eso: en la sensación de vivir una vida sin sentido. Consiste en la incapacidad de desentrañar el valor de la propia existencia y de encontrarle un propósito a la vida. El sentimiento de no tener sentido ni propósito, el hecho de no encontrarle significado a la vida, se manifiesta en forma de neurosis, un sufrimiento del que la mayoría de la población se ve afectada, a un nivel u otro.
¿Y cómo se manifiesta?
De muchas maneras. En la búsqueda continua, dando palos de ciego. En el consumo compulsivo de bienes materiales, experiencias, parejas, trabajos, viajes, incluso en la búsqueda espiritual de una forma compulsiva y sin profundizar nada. En la insatisfacción permanente, la adicción al deseo.
¿Por qué cree que no identificamos el sentido de la vida en nuestra sociedad?
Estamos muy fuera de nosotros mismos y muy poco adentro. Por eso desconocemos lo que realmente importa y sólo lo descubrimos en los momentos límite, cuando todo lo demás, a lo que hemos dedicado todos nuestros esfuerzos, descubre su auténtico valor: cero. En nuestra sociedad vale más la estética que la ética. El orden de prioridades parece ser: tener-hacer-ser. Lo que importa es tener, y para eso hay que hacer, y, en última instancia, ser. Cuando en realidad deberíamos invertir los valores y darle la máxima importancia al ser y, desde ahí, hacer, para finalmente tener.
¿Un pensamiento puede activar un estado bioquímico concreto?
Sí, todo es un estado bioquímico; cualquier percepción genera una sinfonía química en el organismo. Un pensamiento puede producir un estado de equilibrio bioquímico que podemos llamar felicidad. Pero el estado más profundo de felicidad yo lo concibo cuando no hay pensamiento alguno.
¿Durmiendo? ¿En algunos momentos del sueño, por ejemplo?
Por ejemplo, ¿dónde se fue el problema cuando duermes? Sencillamente no está, no existe, porque todo está en tu mente. Pero también lo puedes conseguir en tu vida en vigilia, meditando, que es cuando tu mente está en un estado más bajo de frecuencia, donde todo se disuelve y ya no eres lo pensado, ni tampoco el pensador.
¿Y cómo afecta la meditación a la salud o a la enfermedad?
En estados de consciencia donde la frecuencia cerebral disminuye, se genera una actividad eléctrica y química que determina la producción de sustancias buenas para el sistema inmunológico. Es lo que estudia la neuropsicoinmunología. De hecho, nuestro organismo puede producir a voluntad las drogas naturales que el cuerpo necesita para estar sano y con un estado de ánimo feliz: antidepresivos, euforizantes, somníferos, etc.
A propósito de la felicidad, usted dice que padecemos el “síndrome de déficit de deleite”, o sea, que no sabemos pasarla bien.
Así es. Nos excitamos, pero no nos deleitamos. Hay muchas personas que no pueden disfrutar de nada, se cansan, dispersan la atención, su mente no les permite estar aquí y ahora. ¿Porqué? Creamos un culto al ego que es la trampa y causa de casi todos los males, generando insatisfacción permanente, adicción al deseo. Es el ego el que crea el miedo a la oscuridad y a la muerte. Hay que aprender a sentir, a percibir, sin creerse en todo momento el centro de todo y el juez supremo.
¿Y sufrir? ¿Sabemos sufrir?
El dolor es inexorable, pero el sufrimiento es optativo. El dolor te humaniza, te pone en un lugar de dignidad frente a la vida, es maravilloso. Por otro lado, el sufrimiento es el deseo contrariado, insistir en que las cosas sean diferentes, y si no es así, te enfadas. Por eso sufres. No hay que aprender a sufrir; hay que aprender a convivir con el dolor.
Así que el dolor dignifica.
Claro. El cuerpo tiene una forma maravillosa de logar que el dolor actúe y te sane. La persona sale fortalecida del dolor. El sufrimiento destruye. El dolor es la experiencia directa de las cosas; el sufrimiento es la negación.
¿Cómo cree que deberíamos afrontar el dolor?
La única manera es reconducirlo en un proceso creativo. Yo he perdido a mi madre, a mi padre, un hermano, un tío… Sé lo que es sentir dolor. Y le pido a Dios no pasar por la experiencia de perder un hijo. He acompañado a muchas madres y padres en esta situación, y es el dolor más difícil de soportar. Sólo han podido superarlo de una forma creativa, por ejemplo, con la ayuda solidaria a otros hijos. Hay que introducir en la vida un propósito que tenga que ver con el amor. Hay que agrandar el circulo de lo que nos importa.
Y en cuanto al dolor físico, ¿qué nos recomienda para abordarlo con entereza y dignidad?
Una mujer con un cáncer terminal muy doloroso decidió pasar las últimas cuatro semanas de su vida tejiendo jerséis para un centro de chicos y chicas de la calle. Pidió lana para tejer cien jerséis y así lo hizo. Decía: “Mi dolor lo transformo en cada puntada y cada puntada la corono con una oración”. Para mí, es una heroína. No precisó ningún calmante al final. Su amor logró producir una capacidad de endorfinas que la protegió contra el dolor y el miedo a la muerte. Ella y tantas otras personas demuestran cada día que hasta el último momento puedes tener un propósito en la vida para dejar un mundo mejor.
¿Cómo podemos vivir una vida plena, que además nos ayude en el momento de la muerte?
Viviendo en un estado de integridad. Que puedas ser feliz con lo que tienes, que sólo desees lo que necesitas. Que puedas sentir. Que puedas estar abierto a lo nuevo. Que no pierdas la capacidad de asombrarte. Que vivas en proceso de transformación permanente. Que tu vida pueda ser un viaje de la separación a la unión. Que puedas despertar de la conciencia somnolienta a la conciencia despierta.
¿Hay personas más difíciles que otras para afrontar la muerte?
Los pacientes más difíciles suelen ser aquellos que no tienen creencias religiosas o que están enfadados con la religión (como los enfermos de sida que se han sentido tan maltratados por su religión).
¿Hay personas a las que les resulta más fácil?
Resulta más fácil acompañar a personas que se han arriesgado muchas veces en la vida, que conocen la incertidumbre y la afrontan con comodidad. La muerte es como un parto, y hay que lograr que sea un parto natural y sin dolor, y sin que sea necesario utilizar el fórceps.


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