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COMO FUNCIONA TU IMAGEN MENTAL PDF Imprimir E-mail
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Escrito por GENEVIEVE BEHREND   

Tomado del libro Tu Poder Invisible

Podríamos usar el funcionamiento de un gran sistema telefónico como un símil. La central principal se subdivide en muchos ramales; cada ramal está en conexión directa con su fuente, y cada rama individual, que reconoce la fuente de su existencia, informa de todo a la central. Por lo tanto, cuando se requiere ayuda de cualquier tipo (nuevos suministros, reparaciones difíciles, o un sinfín de otras cosas), la rama necesitada acude inmediatamente a su central. No se le ocurriría remitir sus dificultades, o sus éxitos, a la central principal de un sistema de telégrafo (aunque pertenezcan a la misma organización). Estas diferentes centrales de ramales saben que la única solución para cualquier dificultad debe provenir de la central desde la que fueron proyectadas.


Si nosotros, como ramas individuales de la Mente Universal, remitiéramos nuestras dificultades con esta misma confianza a la fuente desde la cual fuimos  proyectados, y usáramos las soluciones que nos proporcionaran, nos daríamos cuenta de lo que quiso decir Jesús cuando dijo: «Pedid y recibiréis». Todos recibiríamos nuestros equipamientos. Sin duda, el Padre debe abastecer a su hijo. El tronco del árbol no puede dejar de proporcionar los medios de vida a sus ramas. Todas las cosas animadas e inanimadas están llamadas a existir o a destacar por un poder que no destaca por sí mismo. El poder que crea la imagen mental, la sustancia del espíritu creador de tu deseo imaginado, no destaca. Proyecta la sustancia de sí mismo, que es un equivalente solidificado de sí mismo, mientras que él se mantiene invisible para el ojo físico.

Solamente apreciarán el valor de visualizar aquellas personas que sean capaces de comprender lo que Pablo quiso decir cuando dijo: «Los mundos fueron creados por la palabra de Dios. Las cosas que se ven no están hechas de cosas que aparecen». No hay nada extraño o misterioso en la idea de que tu deseo imaginado se convierta en una evidencia material. Ése es el funcionamiento de una ley natural universal. El mundo fue proyectado por la contemplación de sí misma de la Mente Universal, y esta misma acción está teniendo lugar en su rama individualizada, que es la mente del hombre. Todo lo que hay en el mundo entero se inicia en la mente y llega a la existencia exactamente de la misma manera, desde el sombrero que tienes en la cabeza hasta las botas que tienes en los pies. Todas esas cosas son pensamientos proyectados, solidificados. 

Tu avance personal en la evolución depende de que uses correctamente el poder de visualizar, y el uso que hagas de él depende de si reconoces que tú, tú mismo, eres un centro particular por el cual, y en el cual, el espíritu creador está hallando una nueva expresión para las potencialidades que ya existen dentro de él. Esto es evolución; este continuo despliegue de pensamientos existentes a través de cosas externamente invisibles.

Tu imagen mental es la fuerza de atracción que evoluciona y mezcla la sustancia original dándole una forma específica. Tu imagen es la central eléctrica que mezcla y evoluciona, por así decirlo, a través de la cual el espíritu creador se expresa. Su acción creadora es ilimitada; no tiene principio y no tiene final, y siempre es progresiva y ordenada. «Se desarrolla etapa a etapa, siendo cada etapa una preparación necesaria para la que viene después.»

Ahora, veamos si podemos hacernos una idea de las diferentes etapas a través de las cuales llegan a la existencia las cosas en el mundo. Troward dice: «Si logramos averiguar cuál es el principio en funcionamiento que está produciendo esos resultados, podemos darle, muy rápida y fácilmente, una aplicación personal. Primero, vemos que el pensamiento de la vida o el espíritu creador sobre sí mismo es su simple conciencia de su propio ser, y esto produjo un primer éter, una sustancia universal a partir de la cual crece todo en el mundo».

Troward nos dice también que «aunque esta conciencia de ser es una base necesaria para cualquier otra posibilidad, no hay mucho que decir sobre ella». Lo mismo ocurre con el espíritu individualizado, que eres tú. Antes de que consideres la idea de crear una imagen mental de tu deseo como algo práctico, debes tener alguna idea de tu ser, de tu «yo soy». En cuanto tomas conciencia de tu cualidad de «ser», empiezas a disfrutar de la libertad que esta conciencia te sugiere. Quieres hacer más y más, y mientras realizas tu deseo en tu interior, el espíritu localizado inicia actividades conscientes en ti.

Lo que más te interesa es la acción específica del espíritu creador de la vida, la mente universal especializada. El germen de Dios localizado en ti es tu personalidad, tu individualidad, y puesto que la dicha de la libertad absoluta es la naturaleza inherente de este germen de Dios, es natural que se proponga disfrutar a través de su centro específico. Y cuando crece tu comprensión de que tú ser, tu individualidad, es Dios particularizándose, desarrollas tendencias divinas de una forma natural. Quieres disfrutar de la vida y de la libertad. Quieres libertad en tus asuntos, así como en tu conciencia, y es natural que así sea. Con este deseo progresivo, siempre hay una imagen-pensamiento borrosa. A medida que tu deseo y tu reconocimiento van convirtiéndose en un deseo intenso, ese deseo se convierte en una imagen mental clara. Por ejemplo, una muchacha que estudia música quiere tener un piano para poder practicar en casa. Desea el piano con tanta fuerza que puede verlo mentalmente en una de las habitaciones. Mantiene la imagen del piano y se dedica a reflexionar mentalmente sobre el placer y las ventajas de tener un piano en un rincón de la sala de estar. Un día, lo encuentra ahí, tal como lo había imaginado.

A medida que vaya creciendo tu comprensión de quién eres, del lugar de donde vienes, de cuál es la finalidad de tu ser y de cómo vas a realizar la finalidad para la que existes, te permitirás cada vez más tener un centro a través del cual el espíritu creador de la vida puede disfrutar. Y te darás cuenta de que sólo puede haber un proceso creativo que llena todo el espacio, que es el mismo en su potencialidad, tanto si es universal como si es individual. Además, todo lo que existe, tanto en el plano visible como en el invisible, tuvo su origen en la acción localizada del pensamiento o en una imagen mental, y eso te incluye a ti, porque tú eres espíritu universal localizado, y la misma acción creativa está teniendo lugar a través de ti.

Ahora, sin duda, te estarás preguntando por qué hay tantas enfermedades y miseria en el mundo. Si el mismo poder y la inteligencia que creó el mundo están en funcionamiento en la mente del hombre, ¿por qué no se manifiesta como fuerza, alegría, salud y abundancia? Si uno puede hacer que sus deseos se hagan realidad simplemente creando una imagen mental del deseo, agarrándose a él con la voluntad y haciéndolo sin ansiedad en el plano externo, o haciendo lo que haga falta para llevar ese deseo a su realización, entonces aparentemente no hay ningún motivo para la existencia de la enfermedad y la pobreza. Sin duda, nadie desea ninguna de esas cosas.

El primer motivo es porque pocas personas se toman la molestia de averiguar cuáles son los principios prácticos de las leyes de la vida. Si lo hicieran, pronto se convencerían de que no hay ninguna necesidad de que existan las enfermedades y la pobreza que vemos a nuestro alrededor. Se darían cuenta de que visualizar es un principio y no una falacia. Hay algunas personas que han descubierto que vale la pena estudiar esta ley simple, pero absolutamente infalible, que las liberará de la esclavitud. Sin embargo, la raza humana en general no está dispuesta a dedicar a esos estudios el tiempo requerido. Es demasiado sencillo o demasiado difícil.

Las personas crean una imagen de su deseo, con una ligera comprensión de la visualización, y la mantienen durante un día o dos, aunque con frecuencia lo hacen durante una hora, aproximadamente. Pero si insistes en verte mentalmente rodeado de las cosas y las condiciones como tú quieres que sean, comprenderás que la energía creativa envía su sustancia plástica en la dirección indicada por la tendencia de tus pensamientos. Ahí reside la ventaja de mantener tu pensamiento en la forma de una imagen mental. Cuanto más entusiasmo y fe puedas poner en tu imagen, más rápidamente adoptará una forma visible, y tu entusiasmo crecerá si mantienes en secreto tu deseo. En cuanto se lo cuentas a cualquier alma viviente, en ese momento tu poder se debilita. Tu poder, tu atracción magnética, ya no es tan fuerte y, en consecuencia, no puedes llegar tan lejos. Cuanto más perfectamente guardado esté el secreto entre tu mente y tu ser exterior, más vitalidad le darás a tu poder de atracción. Uno cuenta sus problemas para debilitarlos, para quitárselos de la mente y, cuando un pensamiento es revelado, su poder se disipa. Háblalo contigo mismo, e incluso escríbelo, y luego destruye inmediatamente el papel.

Sin embargo, esto no quiere decir que debas esforzarte enérgicamente en obligar al poder a desarrollar tu imagen de la forma especial en que tú crees que debería hacerlo. Ese método pronto te agotará e impedirá la realización de tu fin. Un pariente rico no tiene que morirse necesariamente, ni tiene alguien que perder su fortuna en la calle, para que se materialicen los 10.000 dólares que te estás imaginando mentalmente. Uno de los porteros del edificio en el que vivo oyó a unos visitantes que salían de mi piso hablar sobre el acto imaginar deseos mentalmente. El deseo promedio era de 550 dólares. Él consideró que cinco dólares eran lo más adecuado para él y empezó a visualizarlo, sin tener ni idea de dónde o cómo los iba a conseguir. Entre tanto, mi loro se escapó volando por la ventana, de modo que llamé por teléfono a los hombres que estaban en el patio para que lo atraparan para mí. Uno de ellos lo consiguió, pero el loro le mordió el dedo. El portero, que tenía los guantes puestos y no temía que el animal le hiciera una herida similar, lo agarró y subió a traérmelo. Le di cinco billetes de un dólar por el servicio. Su repentina recompensa lo sorprendió. Me contó con entusiasmo que había estado visualizando exactamente cinco dólares, simplemente porque había oído decir que otras personas visualizaban. Estaba encantado ante la inesperada realización de su imagen mental.

Lo único que tienes que hacer es crear una imagen mental así de lo que más deseas y mantenerla alegremente en su sitio con tu voluntad, siempre consciente de que el mismo poder infinito que creó el universo te trajo a la forma con el propósito de divertirse en ti y a través de ti. Y puesto que es todo vida, amor, luz, poder, paz, belleza y alegría, y es el único poder creador que existe, la forma que adopte en ti y a través de ti depende de la dirección que tu pensamiento le haya dado. En ti está indiferenciado, esperando a tomar cualquier dirección que se le dé cuando pase por el instrumento que él ha creado con el propósito de distribuirse. Este poder es el que te permite transferir tus pensamientos de una forma a otra. El poder de cambiar de idea es el poder individualizado que toma la iniciativa, dando dirección a la sustancia fluida que está contenida en cada pensamiento. Darle a esa sustancia plástica altamente sensible cualquier forma que desees mediante la visualización es lo más sencillo del mundo. Cualquiera puede hacerlo con una pequeña dosis de esfuerzo.

Cuando realmente estás convencido de que tu mente es un centro a través del cual toma forma involuntariamente la sustancia plástica de todo lo que existe en tu mundo, la única razón por la que tu imagen no siempre se materializa es porque has introducido algo que es antagónico al principio fundamental. Con mucha frecuencia, este elemento destructivo es causado por la frecuencia con que cambias tus imágenes. Después de muchos de esos cambios, decides que, después de todo, lo que quieres es tu deseo original. Al llegar a esta conclusión, empiezas a preguntarte por qué, «siendo la primera imagen», no se ha materializado. La sustancia plástica con la que estás tratando mentalmente es más sensible que la película fotográfica más sensible. Si, al tomar una fotografía, recuerdas súbitamente que ya habías tomado otra fotografía en esa misma placa, no puedes esperar un resultado perfecto en ninguna de las dos imágenes.

Por otro lado, es posible que hayas tomado dos fotografías en la misma placa sin darte cuenta. Cuando la placa es revelada y aparece la imagen, tú no condenas al principio de la fotografía, ni te quedas perplejo, pues comprendes por qué tu fotografía ha salido de una forma tan insatisfactoria. No sientes que es imposible que puedas obtener una imagen buena, clara, del sujeto en cuestión. Sabes que puedes hacerlo simplemente empezando de nuevo desde el principio, poniendo una nueva placa y decidiendo ser más cuidadoso al tomar la fotografía la próxima vez. Cuando sigues estas pautas, estás seguro de obtener un resultado satisfactorio. Si actúas de la misma manera con tu imagen mental, cumpliendo con tu parte con un estado mental igualmente confiado, el resultado será igual de perfecto.

Las leyes de la visualización son tan infalibles como las leyes que gobiernan la fotografía. De hecho, la fotografía es el resultado de visualizar. Una vez más, tus resultados al visualizar y tus deseos pueden ser imperfectos o retrasarse a causa de un mal uso de este poder, debido al pensamiento de que la realización de tu deseo depende de ciertas personas o condiciones. El principio creador no depende, en modo alguno, de ninguna persona, lugar o cosa. No tiene pasado y no conoce ningún futuro. La ley dice que el principio creador de la vida es «el aquí universal y el ahora eterno». Crea sus propios vehículos a través de los cuales opera. Por lo tanto, las experiencias del pasado no tienen nada que ver con tu imagen actual. Así que no intentes obtener tu deseo a través de un canal que puede no ser natural para él, aunque te parezca razonable. Tu sentimiento debería ser que la cosa, o la conciencia, que tanto deseas es normal y natural, una parte de ti, una forma de tu evolución. Si puedes hacer esto, no hay ningún poder que pueda impedirte disfrutar de la realización de la imagen con la que estás trabajando, o de cualquier otra.
 

 



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