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EL IMPACTO DE TU ENERGÍA EN LOS DEMÁS PDF Imprimir E-mail
Escrito por WAYNE W. DYER   

Tomado del libro El Poder de la Intención

Cuando te sientes conectado y en armonía con la intención notas una gran diferencia ante la forma que reaccionan las personas hacia ti. Sé consciente de esas reacciones, porque afectarán directamente a tu capacidad para llevar a cabo tus propósitos individuales. Cuanto más estrecha y automática sea tu sintonía con las frecuencias de la Fuente universal y omnicreadora, más impacto tendrás en los demás y más contribuirás a anular su baja energía. Serás un polo de atracción para ellos, y traerán paz, alegría, amor, belleza y abundancia a tu vida. A continuación voy exponer mi opinión sobre tu impacto en los demás cuando estás sintonizado con la intención y la diferencia de ese impacto cuando estás dominado por la actitud separatista de tu ego. He aquí algunas de las formas más significativas para tener impacto en los demás:


Tu presencia transmite calma. Cuando coincides con la intención, ejerces una influencia tranquilizadora sobre los demás. La gente suele sentirse más tranquila, menos amenazada y más a gusto. La fuerza de la intención es la fuerza del amor y de la receptividad. No pide nada a nadie, no juzga a nadie y alienta a los demás a ser libres, a ser ellos mismos. Como las personas se sienten más tranquilas en tu presencia, también se sienten seguras, en virtud de las frecuencias energéticas que irradias. Sus sensaciones se alimentan con tu energía de amor y receptividad, y desean acercarse a ti, estar contigo. Como dice Walt Whitman: «Convencemos con nuestra presencia».

Si por el contrario llevas a tus interacciones las calibraciones más bajas, la crítica, la hostilidad, la ira, el odio o la depresión, atraes ese nivel de energía si está latente en las personas con las que interactúas, lo que funciona como fuerza contraria a esas mismas energías si están presentes en otras personas. El impacto intensifica las energías más bajas en ese nivel y crea un campo en el que se sitúan ciertas exigencias como consecuencia de los sentimientos de inferioridad o de rivalidad.

La intención no interactúa contra nada. Es como la gravedad, que no se mueve en contra de nada ni se mueve por sí misma. Debes pensar en impactar a los demás como la gravedad, sin tener que atacar a nadie ni moverte en contra de nadie. Las personas que se sienten energizadas por tu presencia se transforman en almas gemelas, y eso únicamente ocurre si se sienten a salvo en lugar de atacadas, seguras y no juzgadas, tranquilas y no acosadas.

Tu presencia da energía a los demás. Recuerdo cuando, al salir de una sesión de dos horas con una maestra espiritual, me sentía como si pudiera conquistar el mundo, emocional y espiritualmente. Era la madre Meera, que me sujetó la cabeza entre sus manos y me miró a los ojos con su divinidad desprovista de ego. Sentí tal energía que no dormí durante toda la noche; necesitaba más de lo que aquel ser jubiloso me había mostrado tan solo con su presencia.

Cuando llevas las frecuencias de la intención ante la presencia de los demás, sentirán mayor energía por el simple hecho de encontrarse en tu círculo. No tienes que decir ni una sola palabra, ni actuar de ninguna forma prescrita. Únicamente con tu energía de la intención lograrás que los que están en tu campo se sientan con un poder que se les ha concedido de una forma misteriosa. A medida que empieces a expresar conscientemente las siete caras de la intención descubrirás que los demás empiezan a hacer comentarios sobre el impacto que tienes sobre ellos. Querrán ayudarte a que cumplas tus sueños. Se llenarán de energía y se ofrecerán a ayudarte; incluso empezarán a ofrecerse a financiar tus sueños con sus ideas nuevas, energizadas, A medida que he ido desarrollando mi consciencia de la fuerza de la intención, me han dicho que ejerzo influencia sin necesidad de hacer otra cosa que cenar una noche en un restaurante con alguien. Algunas personas me han contado que han sentido la energía con más confianza, determinación e inspiración tras el rato que pasamos juntos. Yo no hago nada, pero ellos sienten el impacto del campo de alta energía que compartimos.

Tu presencia permite a los demás sentirse mejor con ellos mismos. ¿Has notado alguna vez que en presencia de ciertas personas te sientes mejor contigo mismo? Su energía compasiva surte un efecto perceptiblemente agradable, sencillamente el de sentirte bien contigo mismo. Tendrás un impacto en los demás con esta energía de la compasión a medida que desarrolles tu conexión con la intención. Los que te rodean notarán que los comprendes, que te preocupas y te interesas por ellos como individuos. Con esta clase de conexión con la intención es menos probable que centres la conversación en ti mismo y utilices a los demás para complacer a tu ego.

Por el contrario, estar en compañía de alguien que se muestra desdeñosa o indiferente te influye de una forma completamente distinta. Si esa es la baja energía que transmites a los demás, es bastante probable que después del encuentro contigo no se sientan precisamente bien con ellos mismos, a menos que estén tan fuertemente conectados a la intención que puedan anular el efecto de la baja energía. Estos pensamientos y conductas de energía sumamente baja son evidentes si te sirves de cualquier tema de conversación que surja para hablar de ti mismo. Cualquier conducta similar despliega una energía dominada por el ego que tiene un impacto desagradable en los demás. Además, los deja con la sensación de ser insignificantes, y evidentemente se sienten peor cuando se trata de una pauta que se repite en una relación importante.

Tu presencia permite a los demás sentirse unidos. El efecto de estar en presencia de personas que expresan altas frecuencias consiste en sentirse unidos y conectados con toda la naturaleza» la humanidad y la intención. A medida que elevas tus frecuencias, el efecto que tienes sobre los demás los invita a estar en el mismo equipo. Os sentís unidos y deseáis ayudaros mutuamente para cumplir un objetivo común.

Ei sentimiento contrario al de la unidad consiste en sentirse polarizado y aislado. La baja energía exige mucho y siempre va en contra de los demás. Por consiguiente, es inevitable que derive en una situación de victoria o derrota. Las energías del antagonismo, la censura, el odio y similares crean una fuerza contraria en la que alguien tiene que perder. Cuando tienes un enemigo, necesitas establecer un sistema de defensa, y la defensa llega a ser lo que caracteriza tu relación. La necesidad de una persona de llevar la contra y polarizar pone en movimiento las condiciones de la guerra. La guerra siempre es cara. Todo eso puede evitarse manteniéndose conectado a la intención y llevando esa energía más alta a tus relaciones, permitiendo a cuantos conozcas que sientan la unidad contigo, con todos los demás, con la naturaleza y con Dios.

Tu presencia transmite la sensación de un propósito. Cuando te encuentras en las energías espirituales más altas, proporcionas a los demás algo casi inexplicable. Tu presencia y tu conducta en un espacio de amor, aceptación, generosidad, sin crítica, se convierte en catalizador para que los demás sientan que tienen un propósito en la vida.

Al mantenerte en las energías más altas del optimismo, el perdón, la comprensión, la veneración por el Espíritu, la creatividad, la serenidad y la dicha, irradias esa energía y llevas las energías más bajas a tus vibraciones superiores. Esas personas, a quienes no influyes a propósito, empiezan a notar tu veneración y tu serenidad. Cumples tu propio objetivo, que gira en torno al servicio a los demás y por consiguiente a Dios; y por añadidura, ganas aliados.

Me han dicho miles de personas que el simple hecho de asistir a un sermón o una charla en una iglesia cuyo principal mensaje es la esperanza, el amor y la generosidad les motiva lo suficiente como para comprometerse a cumplir su propósito. Cuando yo soy el orador, siempre entro por la parte trasera de la habitación para tener tiempo de beber de la energía de la esperanza, el optimismo y el amor. Literalmente siento su energía colectiva. Es como una tranquila oleada de placer, como si por mi interior corriera el agua tibia de una ducha. Eso es la energía. En eso consiste la intención, y la poderosa motivación que ayuda a todos a tener esperanza y un propósito.

Tu presencia permite a los demás confiar en las auténticas conexiones personales. Al transmitir los rasgos de la intención a los demás, permites la presencia de la confianza. Observarás la tendencia y la disposición de los demás a confiar en ti y abrirse a ti. Esto guarda relación con la cualidad de la confianza. En la atmósfera de la energía superior, las personas confían y desean compartir, contigo su historia personal. Al estar tan conectado con la intención, eres más como Dios, ¿y en quién confiarías más que en Dios para compartir tus secretos?

Recientemente, en el transcurso de una excursión para observar ballenas, una mujer que no sabía nada de mí me desveló la historia de sus relaciones fracasadas y lo insatisfecha que se sentía. Durante la conversación, en un campo de energía que permite y alienta la confianza, se arriesgó a abrir su corazón a un desconocido. (Me ha ocurrido con frecuencia desde que vivo los principios de las siete caras de la intención.) Como decía San Francisco de Asís: «De nada sirve caminar hasta un sitio para predicar a menos que el caminar sea la prédica». Al final descubrirás que al llevar esta energía de la intención, incluso los desconocidos harán todo lo posible para servirte y ayudarte a lograr tus intenciones.

Se ponen de manifiesto los resultados opuestos cuando emites las frecuencias de la energía inferior. Si tu energía de desconfianza se muestra de una forma ansiosa, crítica, dictatorial, superior o exigente, los demás no se sentirán dispuestos a ayudarte a conseguir lo que quieres. La verdad es que tus emisiones de baja energía a veces fomentan en los demás el deseo de obstaculizar tus intenciones. ¿Por qué? Porque tus bajas energías contribuyen a crear una contrafuerza, estalla el conflicto, se necesitan ganadores y perdedores y surgen los enemigos, todo ello por no estar dispuesto a mantenerte conectado con las caras de la intención.

Tu presencia sirve de inspiración a los demás para alcanzar la grandeza. Cuando estás conectado con el Espíritu y reflejas sosegadamente esa consciencia, te conviertes en fuente de inspiración para los demás. En cierto sentido, es uno de los efectos más potentes que transmite a los demás el estar conectado con la intención. La palabra inspiración significa «en el espíritu». El hecho de que estés en el espíritu significa que más que informar inspiras con tu presencia. No inspiras a los demás insistiendo o exigiendo para que te presten atención.

Durante los años que llevo dando clases, escribiendo, dando conferencias y produciendo cintas y vídeos, he observado que se da un proceso doble. Me siento con un propósito, inspirado y conectado con el Espíritu universal en todo mi trabajo, y miles o incluso millones de personas se sienten inspiradas por mi propia inspiración. El segundo factor es la cantidad de personas que me han ayudado en mi trabajo. Me han enviado material, me han enviado relatos que me han servido de inspiración y, literalmente, han colaborado conmigo en la creación. Cuando inspiras a los demás con tu presencia, utilizas la fuerza creadora de la intención en beneficio de todas las personas con las que tienes contacto, incluido tú mismo. Apoyo con entusiasmo esta forma de ser, y no me cabe duda de que todos podemos ser una presencia que inspire a los demás.

Tu presencia alinea a los demás con la belleza. Cuando estás conectado a la intención, ves belleza por todas partes porque irradias la cualidad de la belleza. Tu percepción del mundo cambia drásticamente. En la energía más alta de la intención ves la belleza en todos, jóvenes y viejos, ricos y pobres, blancos y negros, sin distinciones. Todo se percibe desde la perspectiva del reconocimiento, no de la crítica. Cuando transmites esa sensación de apreciación de la belleza a los demás, las personas tienden a verse como tú las ves. Se sienten más atractivas y mejor consigo mismas al propagar la alta energía de la belleza. Cuando las personas se sienten bellas actúan de una forma bella. Tu consciencia de la belleza impulsa a otros a ver el mundo que los rodea de la misma manera. El beneficio es doble también en este caso. En primer lugar, ayudas a los demás a apreciar la vida y a que sean más felices gracias a su inmersión en un mundo de belleza. En segundo lugar, tus propias intenciones cuentan con la ayuda de las personas que han incrementado su autoestima recientemente. La belleza prolifera en los demás gracias a tu presencia cuando estás conectado a la intención.

Tu presencia transmite salud en lugar de enfermedad. La conexión con tu Fuente te mantiene centrado en lo que intentas poner de manifiesto en tu vida, evitando dedicar energía a lo que no deseas. Ese centro interno no te permite lamentarte de tus achaques ni pensar en la enfermedad, el dolor o los problemas físicos. Tu energía está siempre centrada en crear amor y en expandir la perfección de la que surgiste, lo que incluye tu cuerpo y todas tus creencias sobre tu ser físico. En el fondo sabes que tu cuerpo es un sistema de milagros. Sientes gran respeto por su prodigiosa capacidad de autocuración y de funcionar por sí mismo sin tu intervención. Sabes que tu ser físico está inspirado por una fuerza divina que hace que lata su corazón, que digiera su comida y que sus uñas crezcan, y que esa misma fuerza es receptiva a una salud infinitamente abundante.

Cuando llevas ante la presencia de los demás un reconocimiento sano del milagro que representa tu cuerpo, desactivas sus esfuerzos por pensar en la enfermedad, la mala salud y el deterioro. Aún más; cuanto más alta sea la resonancia de tu campo de energía, más podrás influir en los demás con tu energía curativa. Toma conciencia de tu prodigiosa capacidad para influir en la curación y la salud de quienes te rodean sencillamente con la presencia silenciosa de tu conexión de alta energía a la intención. Es una energía que literalmente emana de ti.



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