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MEDICINA CUÁNTICA PDF Imprimir E-mail
Escrito por Deepak Chopra   

Extraído del Libro Salud Perfecta
Deepak Chopra

“Si quieres saber cómo fueron tus pensamientos ayer, mira tu cuerpo hoy. Si quieres saber cómo será tu cuerpo mañana, mira tus pensamientos hoy.” Refrán Indio

He aquí dos datos significativos sobre los ataques cardíacos:
Dato 1: Se producen más ataques cardiacos a las nueve de la mañana de los lunes que a ninguna otra hora de la semana.
Dato 2: las personas menos propensas a sufrir un ataque cardiaco mortal son las que se declaran muy satisfechas con su trabajo.
Si sumamos estos dos hechos, comenzaremos a sospechar que hay un factor de elección detrás del fenómeno.
Se supone que los ataques cardiacos se producen de forma fortuita, pero de la impresión de que algunos de ellos, por lo menos, están bajo el control de quienes sufren. Ciertas personas que detestan su trabajo escapan de él, un lunes por la mañana, provocándose un ataque cardiaco, cosa que no hacen quienes trabajan a gusto. (Dejemos a un lado por qué quienes detestan su trabajo no escogen una salida menos drástica para sus frustraciones.) La medicina convencional no conoce mecanismo alguno que nos permita provocarnos un ataque cardiaco utilizando la mente. Sin embargo, desde la perspectiva ayurvédica, el corazón acusa los impulsos que se agolpan en la mente, incluidos sus desilusiones, sus miedos y sus frustraciones. En el nivel cuántico, mente y cuerpo están unidos; por tanto, no cabe sorprenderse de que una profunda insatisfacción alojada en la mente se exprese en un equivalente físico: un ataque cardiaco.
En realidad, cualquier insatisfacción debe expresarse físicamente, pues todos nuestros pensamientos se convierten en sustancias químicas. Cuando estamos alegres, las sustancias químicas de nuestro cerebro viajan por todo el cuerpo, transmitiendo nuestra felicidad a todas las células; al recibir el mensaje, ellas también “se ponen felices”, es decir: empiezan a funcionar con mayor eficacia, modificando sus propios procesos químicos. En cambio, si estamos deprimidos, ocurre lo contrario. La tristeza se comunica químicamente a cada una de las células, lo que ocasiona que nos duela el corazón, por ejemplo, y que el sistema inmunológico se debilite. Cuanto pensamos y hacemos se origina en el interior del cuerpo cuántico y luego burbujea hacia la superficie de la vida.
Probablemente el lector haya oído hablar de esos experimentos en que a un sujeto hipnotizado se le calientan las manos, le aparecen manchas rojas y hasta ampollas en la piel, solo por el poder de la sugestión. Este mecanismo no es privativo de la hipnosis. Nosotros hacemos lo mismo en todo momento, con la salvedad de que habitualmente no tenemos un dominio voluntario del proceso.
Una típica víctima de ataque cardiaco se horrorizaría si descubriera que ella misma se provocó el ataque. Sin embargo, si miramos más allá de las sombrías implicaciones, la novedad verdaderamente extraordinaria es que contamos con enormes poderes desaprovechados. En vez de provocar de modo inconsciente la enfermedad, podríamos reforzar la salud de forma consciente.
En toda enfermedad grave que ponga en peligro la vida, hay a menudo muchas capas de desequilibrio que ocultan las profundidades donde existe la curación; uno puede pasarse la vida entera sin sospechar que existe el cuerpo mecánico cuántico. En este nivel tan profundo, la salud perfecta es una realidad que espera a que la hagamos salir a la superficie de la vida.
Si usted logra atravesar la máscara de la enfermedad y ponerse en contacto con su yo interior, aunque sólo sea durante unos pocos minutos diarios, realizará un avance enorme hacia la curación.
Para quien padece una enfermedad verdaderamente debilitante, lo que domina es el miedo. El miedo es el paisaje que vemos cuando estamos en una realidad enferma. Si modificamos esa realidad, que nace de nuestro interior, el paisaje también cambiará.
El ayurveda recomienda rodearse de un ambiente natural, preferiblemente bello, para propiciar la recuperación. Los cinco sentidos envían señales continuamente al cuerpo mecánico cuántico; uno metaboliza cada una de esas señales, que pasa a almacenarse en nuestro depósito de imágenes, sonidos, olores, etc. Si lo que vemos, oímos, tocamos y olemos nos hace pensar en la enfermedad, estamos absorbiendo estímulos insalubres. ¿Cómo vamos a renovar la realidad si se nos recuerda siempre, sutilmente, la vieja realidad?
El secreto de la recuperación estriba en un cambio en la consciencia.


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