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LAS BARRERAS DE LA MENTE PDF Imprimir E-mail
Escrito por NUEVA HUMANIDAD ALAS DE LIBERTAD   

CAMBIA TU MANERA DE PENSAR Y CAMBIARAS TU MANERA DE VIVIR
Continuamente nos vemos enfrentados a tomar decisiones. La vida es un incesante flujo de decisiones; el  simple hecho de levantarnos diariamente y salir a realizar actividades cotidianas, laborales o personales, es una decisión, que podría ser contraria, es decir quedarnos quietos, ser inactivos, asumiendo las correspondientes consecuencias.

Las decisiones pueden ser acertadas o erradas, y en cualquiera de los dos casos, depende  exclusivamente del individuo que las toma; veamos entonces, algunas de las grandes barreras que aprisionan la mente y le impiden ser feliz. Una de las  grades y más importantes barreras se encuentra en la costumbre de no asumir los resultados de las decisiones tomadas cuando son contrarios a los esperados. Cuando las cosas no salen como se supone que debería ser, entonces se huye del resultado negativo e inmediatamente se procede a buscar un culpable, que por supuesto está afuera. Culpar a los demás de las decisiones que tomamos y de los resultados obtenidos es un vicio que se origina en la mente, en una parte específica llamada limitación conceptual. 

Culpar a otros es un acto consciente, no subconsciente, lo que sucede es que la mente busca argumentos para justificar su acción, pero lo  hace desde una mente lúdica, porque además la persona está convencida de que tiene la razón y de que los otros  son los culpables, o el miedo, el clima, el gobierno, en fin, hay mil explicaciones para justificar las decisiones erradas se deben a factores o actores externos.

Cada vez que nos sentimos mal con algo o con alguien, se está evidenciando la limitación mental que impide aceptar o comprender una diferencia de opinión. Es inevitable tomar decisiones equivocadas, porque así es como aprendemos a encontrar la verdad; sin embargo, no hay porque culpar a otros. Las  decisiones acertadas se reconocen en el resultado satisfactorio, que pertenece exclusivamente a la persona que las tomo. La satisfacción interna que genera la acción acertada le reconoce únicamente su protagonista, pero, igualmente sucede con el malestar, el desosiego que produce la acción equivocada.

No hay que culpar a nada ni a nadie afuera de nosotros, puestos que los resultados negativos se originan en la ignorancia interna del individuo, tampoco debemos culparnos a nosotros mismos, ya que la ignorancia es solamente un estado mental que o crea culpables, solamente reconoce ignorantes, mientras que los resultados  satisfactorios se originan en la comprensión que se ha instalado en la mente como parte del reconocimiento de las verdades verificadas.

La culpa es un proceso profundo muy arraigado en la mente humana, a través del cual limitamos todas las posibilidades propias y ajenas de emancipación  y de felicidad. La verdadera expresión  de amor se bloquea frente  a  la culpabilidad: si nosotros,  o los demás, somos culpables, ¿Cómo podemos amarnos y respetarnos incondicionalmente? Cuando culpamos, perdemos el control; soltamos la rienda de lo que sucede en nuestro interior para entregarla a otro que supuestamente es el culpable de lo sucedido y de lo que sentimos frente a ese suceso. Culpar a los demás es la forma más simple y egoísta de evadir nuestra responsabilidad, de huir de la realidad, de no ser dueños de nuestras acciones; de esa manera tampoco somos dueños de nuestro destino, nos convertimos en inútiles veletas que giran según la dirección del viento.

Es el reflejo de la ignorancia de un individuo que desconoce el funcionamiento sencillo y lógico del universo, en el que cada cual obtiene únicamente lo que merece. Las acciones presentes crean los resultados futuros, las pasadas crearon lo que está sucediendo en este preciso memento de la vida para cada persona, tanto en el ámbito interno como externo. El campo mental del ser humano es el que tiene el poder de crear desde el interior lo que posteriormente se manifiesta en el exterior.

Las experiencias que involucran la vida de una persona, las situaciones que enfrenta, todo lo que llega y sale de ella, lo que la rodea y en general lo que tiene o lo que le falta, es construido desde su campo mental, nace internamente para luego proyectarse externamente. La mente humana es infinitamente  poderosa. Tomamos las riendas de nuestra existencia cuando logramos comprender que los sucesos externos son una correspondencia generada desde nuestro interior que se hace manifiesta físicamente, y procedemos a limpiar la mente. La ignorancia piensa que funciona al contrario; el ignorante está convencido de que cuando sucede afuera afecta su paz interior, su estabilidad emocional y económica, su calidad de vida, siendo que es exactamente al revés: lo que sucede afuera es consecuencia  de lo que sucede adentro, es solo un reflejo representativo que directa y proporcionalmente corresponde al campo mental.

Una mente limpia ha erradicado la idea de la culpa y comprende el desarrollo divino a cometer errores. Los seres humanos tenemos el derecho divino a cometer errores, puesto que el error es la más valiosa herramienta pedagógica que el universo usa para que aprendamos; cometemos errores no por maldad, sino por ignorancia; no somos culpables solamente ignorantes.

La facultad que tenemos para equivocarnos recibe el nombre de libre albedrío, diseñado específicamente para que cada persona pueda cometer los errores necesarios para alcanzar la comprensión. La prohibición y la imposición impiden la experimentación que lleva al conocimiento, el cual, posteriormente, una vez experimentado por sí  mismos, se convierte en sabiduría.

En lo que atañe a la educación de los niños, es fundamental que los  padres permitan a sus hijos cometer errores; convertirse en padre o madre no hace a nadie sabio, es simplemente tener la condición genética desarrollada para transmitirla. Todos los padres, indistintamente, intentan mostrar a sus hijos el camino que han de seguir, el que ellos consideran correcto; por supuesto que el camino de los errores es el correcto, pero ellos no lo saben. Intentan en vano evitar que sus hijos se equivoquen porque temen los resultados negativos que a su vez experimentaron en el pasado. Sin embargo, es inútil, puesto que nadie aprende de los errores ajenos, cada cual debe experimentar por si solo y sentir en carne propia los nefastos resultados del error a los agradables del acierto. 

No se pueden evitar los errores porque son necesarios; de hecho, nuestro padre Celestial tiene toda la sabiduría y no evita que nosotros, sus hijos, los cometamos. Un maestro no es alguien que no comete errores, es justamente aquel que ya cometió todos los errores posibles y aprendió de ellos. Mientras más errores se hayan cometido, más oportunidades de aprender se han tenido; cada vez que se aprende algo de un error, se adquiere un nuevo nivel de sabiduría.

Las creencias falsas instaladas en la mente son las que llevan a las personas a sentirse mal cuando comenten un error; la mente hace una interpretación equivocada que la conduce a rechazar, castigar  o impedir que se cometan errores. A un niño no se le debería prohibir nunca que cometa errores ni a sentirse mal por ellos, al contrario, se debe enseñar que tiene derecho  a equivocarse y que detrás del error también hay un aprendizaje. ¿Qué aprendo de este error?, es la única pregunta valida, porque cuando se aprende no se vuelve a cometer.

Curiosamente, los padres que permiten a sus hijos equivocarse para posteriormente tomar el tiempo necesario y reflexionar sobre los resultados del error, sin juzgar ni atacar, únicamente evaluar, obtienen grandes beneficios:
Gana la confianza de sus hijos, así ellos sabrán que en todo momento pueden contar con la asesoría y la comprensión de sus padres, sin sentirse juzgados, y menos condenados, por sus error.
Crean un puente de comunicación solido con ellos, ya que cada uno puede expresar abiertamente sus inquietudes sin temor a recibir ataques o a ser rechazado.
Aprenden al tiempo con sus hijos: no se trata de enseñar, sino juntos, unidos, experimentar y ampliar las posibilidades de vida.
Evitan caer en el error de la culpa, nadie culpa al otro, ni los padres a sus hijos, ni los hijos a sus padres; solamente se apoyan mutuamente, evalúan una situación y buscan soluciones conjuntas.

Con los niños pequeños puede ser algo tan sencillo y elemental como: ¿te caíste?, bueno, vamos a buscar una curita para colocarte en la rodilla. Luego viene la pregunta: “¿Qué aprendiste de la caída y el raspón de la rodilla? ¿Crees que podrías ser un poco más cuidadoso la próxima vez?”. Eso es todo, el niño se siente protegido y apoyado por sus padres, aprenderá a confiar en ellos y ser más precavido en sus acciones. El camino del error es pedagógico y necesario para la evolución.

El sufrimiento tiene su origen en nuestra reacción personal ante los hechos; No en la realidad de lo que está ocurriendo, sino en la interpretación que hacemos de ella. Lo produce la mente en la que se arraiga una idea creencia negativa, el deseo, la exigencia, el temor a los prejuicios. Por ejemplo: si vamos a la playa y llueve, nos enfadamos con esta inesperada situación e inmediatamente la mente comienza a sufrir, vienen la queja y el rechazo. La causa del enfado  no está en la lluvia, sino en la interpretación que la mente hace del suceso, que va en contra de nuestros planes y deseos.

El sufrimiento que nos aflige lo producimos nosotros mismos y no los demás, lo que sucede externamente, es creado por una mente limitada y condicionada y desde ahí produce resultados difíciles e insatisfactorios. No nos gusta el sufrimiento y deseamos escapar de  él, comenzamos a preguntarnos las razones porque sufrimos y finalmente empezamos justificando su causa. El problema es que las justificaciones que el ego utiliza como excusa operan como un narcótico mental.

Si dejamos que el sufrimiento se manifieste y nos revele su significado, vemos que sufrimos porque estamos perdidos y no prestamos atención a su verdadera causa, es algo que no queremos mirar, nos resistimos a ver y a comprender. El sufrimiento se genera en el interior de la persona, su causa primera no está en nada externo a la mente del pensador, entonces el sufrimiento se convierte en una decisión, sin saber estamos tomando la decisión de sufrir, puesto que no queremos mirar adentro.

El sufrimiento es una decisión consciente o inconsciente que el individuo asume negándose a mirar en su interior, ser feliz también es una decisión, es una de las infinitas variadas decisiones que un ser humano debe tomar  a lo largo de su existencia. ¿Cuáles decisiones te harían feliz? ¿Decidir controlar el pensamiento? Ahora mismo, en este instante, puedes tomar la decisión de pensar siempre lo mejor; lo mejor de todo lo  que sucede, de lo que otros hacen o no; de todo, absolutamente todo, puedes pensar lo mejor. Si haces este ejercicio, en este momento comienzas a ser feliz.

Aunque no entienda lo que sucede, ni porque acontece, si ocurre, es porque está dentro del orden del universo y es perfecto. No hay ninguna razón externa que me impida ser feliz; la felicidad, al igual que el sufrimiento,  estados mentales, constituyen una condición interna que define la calidad de los pensamientos de cada individuo, la información que posee y su grado de evolución.

Toda circunstancia externa es neutra; el contenido que vemos en ella, es decir, si la experimentamos como algo agradable o desagradable no es algo que provenga de la misma circunstancia; todo lo contrario, es algo que proviene de nosotros, aunque una cosa esta bien clara, y es que su proveniencia no implica que podamos controlarla de manera inmediata y con entera voluntad. Claro que podemos llegar a controlar lo que sucede en nuestro interior, pero el autocontrol solo llega después de hacer la tarea de limpieza mental. La felicidad, como el sufrimiento y el amor, no son relativos, lo relativo son las situaciones externas, mientras que estos son estados mentales que reflejan el equilibrio interno.

La felicidad es una proyección positiva de los pensamientos y emociones, es una condición interna de satisfacción y alegría a la que no se llega por casualidad  o suerte; buscar la felicidad es un camino árido, lleno de obstáculos, si se cuenta con una mente contaminada, atiborrada de creencias falsas y hábitos destructivos.

La felicidad es resultado de la sabiduría que se manifiesta como sentimientos voluntariamente dirigidos y no inducidos por una situación externa; a fuera no hay felicidad, tampoco sufrimiento, afuera hay circunstancias neutras. La felicidad es un estado absoluto de equilibrio interno que genera paz.
Así como la siembre contienen la suma de tareas como prepara la tierra, delinear el surcos, seleccionar la semillas, reunir los materiales y herramientas que se van a utilizar, e incluso el conocimiento para elegir el momento oportuno de la siembra, y no solamente el hecho de arrojar las semillas en la tierra; la felicidad y  la paz se origina en la comprensión, pero igualmente se llega a ella después de recorrer el camino de la sabiduría. Primero hay que abrir  la mente para recibir una nueva y renovadora información, y luego entrenarse en ella.

La vida tiene tres propósitos de amor fundamentales:
Aprender a ser felices por nosotros mismos.
Aprender a amar sin condiciones ni restricciones.
Lograr la paz invulnerable.

La felicidad y la paz están relacionadas con lo interno, amar se relaciona con lo externo. Las situaciones externas y la manera como las abordamos muestran la condición interna y las limitaciones; estas existen para que podamos derrumbar as barreras de la mente producto de la información falsa recibida. 
 



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