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SILENCIO PDF Imprimir E-mail
Escrito por Santiago Rojas Posada   

Extraído del Libro Desintoxícate

“El hombre se adentra en la multitud para ahogar el clamor de su propio silencio” Rabindranath Tagore

Así como el organismo se purifica con el ayuno, y muchas veces el cuerpo no manifiesta hambre como medida para poder eliminar las toxinas, lo mismo le pasa a la mente, la emoción y la energía por medio del silencio. Gracias a él, podemos retirar lo que nos sobra a estos niveles de manera segura y profunda: por eso, nuestro ser nos pide el silencio en todas las formas.

Para acercarse a él, es bueno tomar consciencia de todo el ruido exterior que acompaña nuestra vida. El ruido de los carros y las motos de las calles se acompaña del alto volumen de la radio o la televisión dentro de nuestros hogares. Cada aparato que utiliza electricidad emite su cuota propia de sonido, que se puede percibir con solo poner un poco de atención. Si salimos a un restaurante o a un supermercado, nos vemos inmersos en el murmullo permanente de fondo, acompañado de nuestro parloteo constante y del timbre frecuente de los celulares con los ring tones más variados, en competencia permanente.

 

Sin embargo, el ruido más molesto es el propio, o sea, el de nuestros pensamientos, que nunca dejan de producirse y que si les ponemos mucha atención, logran agobiarnos.

Afortunadamente, así como existe el ruido, el silencio también, pues la vida busca el equilibrio entre las fuerzas opuestas y complementarias que la constituyen, solo que, a veces, notamos solo una de las dos partes de la realidad. Así que inacceder al silencio interior cuando hay ruido exterior es posible si ponemos toda la atención al ruido por unos segundos, ya que por defensa automática nos centraremos en otro punto de atención sin notar el ruido. Esto se puede comprobar poniéndole atención al sonido de un aire acondicionado ruidoso al momento de dormir, por ejemplo: luego de unos instantes, dejaremos de oírlo y nuestra atención estará en el interior.

Recomiendo buscar momentos de silencio exterior varias veces al día y no hacer nada para llenarlos de hechos del mundo interior: ya que en el silencio buscado es que se encuentran las verdaderas raíces de la capacidad de crear todo lo necesario y valioso para la propia vida. Esto se debe hacer en medio del bullicio, sin renunciar a vivir en él, sino, por el contrario, en medio de este, como quien dice, permaneciendo en la calma que existe en el ojo del huracán.

Estos momentos de bullicio dentro del día se pueden complementar en la noche, sin ruido exterior, sin televisión ni radio, y se pueden ampliar a los fines de semana y las vacaciones, donde las curas del silencio fortalecen de tal manera, que se queda recargado para intensas jornadas de ruido. Si en realidad aprende a buscar y a disfrutar el silencio exterior, estará en la línea de usar la meditación como medio seguro para lograr el silencio interior que complementa, de manera eficaz, el reconfortante momento de paz absoluta que se alcanza por medio de esta práctica.

Por medio de la búsqueda del silencio, se podrá entrar en un mundo esencial y transformador. Si llegamos y permanecemos allí, lo buscaremos muchas veces más para consejo y compañía, pues sabremos que lo que el sabio Confucio enseñó es real: “El silencio es el único amigo que jamás traiciona”.

Podríamos empezar por definir el silencio como la ausencia de cualquier sonido: sin embargo, solo estaríamos diciendo lo que no tiene y no lo que es en realidad. Así que la única forma de saber qué es el silencio es llegar a él y conocerlo directamente. 

CALLAR. No es lo mismo el silencio que callar. Algunos sabios llaman “callado tiempo” a ese acto de callar, impuesto por otros o uno mismo, motivado por el miedo, la debilidad o la incapacidad y que produce alta toxicidad interior, con sus respectivos malestares y sufrimiento.

Hay ocasiones en las que sí es correcto callar, reconociendo la sabiduría popular de que uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice. Es apropiado cuando guardamos secretos que nos corresponde respetar, o cuando evitamos un conflicto innecesario al no entrar en una discusión sin sentido con otra persona. También lo es si nuestro lenguaje va a ofender, o busca lesionar o engañar a alguno. Muchas veces es prudente y sabio callar si no se tiene nada valioso que decir.

Sin embargo, cuando estamos obligados a callar por la imposición, entramos en la toxicidad que nos da el “callado tiempo”. Así como entrar en el silencio verdadero es una estrategia desintoxicadora muy profunda de la mente, la emoción y la energía, en este caso, quedarse en el callado tiempo es intoxicarse. Si se habla, en ese caso, se logra la liberación de lo que nos atormenta: y si no se puede hacer mediante la palabra hablada, se puede mediante la escritura o, como muchos artistas lo han realizado desde siempre, mediante la obra artística que expresa todo lo que acontece en el interior y que era esclavo del callado tiempo.

El violento, el intolerante y el manipulador no llegan al silencio, solo al callado tiempo. Le temen, pero no pueden desterrarlo. Lo evaden, pero saben de él, por ser la voz interior.

Solo disfrutan del silencio los que están en paz interior. En el silencio, la voz interior es auténtica. El silencio es la ermita de la verdad donde no cabe la mentira. Desafortunadamente, si la víctima de una agresión no puede expresar su dolor y sufrimiento, también es conducida al callado tiempo.

Siendo el silencio la expansión sin límites, la misma esencia de Dios con la verdad que se expresa, si algo se contrae, limita o controla, ya no es de él; es parte esclava del callado tiempo. El silencio nada ata. Por eso, no importa lo que se calle y la maldad que un ser haga aunque no se sepa; el callado tiempo no lo podrá guardar por siempre y, algún día, el silencio le dará su libertad.



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