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Escrito por Neale Donald Walsch   

Extraído del Libro Conversaciones con Dios 1
Neale Donald Walsch

«Me enseñarás el camino de la vida, hartura de goces, delante de tu rostro, a tu derecha, delicias para siempre.» (Salmos, 16, 11)

He buscado el camino hacia Dios toda mi vida...
Sé que lo has hecho.

... y ahora lo he encontrado, y no puedo creerlo. Me parece estar aquí sentado, escribiéndome a Mí mismo.
Es lo que estás haciendo.

Pero no creo que sea eso lo que debería parecerme una comunicación con Dios.
¿Quieres clarines y trompetas? Veré qué puedo hacer.

¿Sabes?, habrá quienes digan que todo este libro no es más que una blasfemia. Especialmente si sigues haciéndote el gracioso.
Deja que te explique algo. Tienes la idea de que Dios sólo se muestra de una única manera. Esa es una idea muy peligrosa.
Eso te impide ver a Dios en todas partes. Si crees que a Dios se le ve y se le oye sólo de una manera, o es sólo de una manera, Me mirarás sin verme día y noche. Te pasarás toda la vida buscando a Dios, y no le encontrarás; precisamente porque estarás buscando a alguien. Lo pongo como un ejemplo: Se ha dicho que, si uno no ve a Dios en lo profano y en lo profundo, se está perdiendo la mitad de la historia. Es una gran verdad.
Dios está en la tristeza y en la carcajada, en lo amargo y en lo dulce. Detrás de cada cosa se oculta un propósito divino; y, por lo tanto, en cada cosa se halla la presencia divina.



Una vez empecé a escribir un libro titulado Dios es un bocadillo de salami.
Habría sido un buen libro. Yo te di esa inspiración. ¿Por qué no lo escribiste?

Me pareció una blasfemia. O, cuando menos, una horrible irreverencia.
¡Querrás decir una maravillosa irreverencia!. ¿De dónde has sacado la idea de que Dios es sólo «reverente»? Dios es lo alto y lo bajo. Lo caliente y lo frío. La izquierda y la derecha. ¡Lo reverente y lo irreverente!
¿Acaso piensas que Dios no ríe? ¿Imaginas que Dios no disfruta con una buena broma? ¿Crees que Dios carece de sentido del humor? Deja que te diga algo: Dios inventó el humor.
¿Debes hablarme en un tono circunspecto cuando te dirijas a Mí? ¿Se hallan fuera de mi comprensión los términos fuertes o la jerga? Te aseguro que puedes hablarme como hablarías con tu mejor amigo.
¿Crees que hay alguna palabra que Yo no haya oído?, ¿una visión que no haya visto?, ¿un sonido que no conozca?
¿Crees acaso que desprecio algunos de ellos, mientras que gusto de los otros?
Te aseguro que no desprecio nada. Nada de ello resulta repulsivo para Mí. Eso es la vida, y la vida es el don; el tesoro inenarrable; lo más sagrado de todo.
Yo soy la vida, puesto que Yo soy la sustancia que constituye la vida.
Cada uno de sus aspectos tiene un propósito divino. No existe nada, absolutamente nada, sin una razón conocida y aprobada por Dios.

¿Cómo puede ser eso? ¿Y qué hay del mal que ha creado el hombre?
No puedes crear nada -ni un pensamiento, ni un objeto, ni un acontecimiento, ninguna experiencia de ninguna clase- que no sea el resultado del plan de Dios; puesto que el plan de Dios respecto a ti es que crees cualquier cosa –todo aquello- que quieras. En esta libertad reside la experiencia de Dios como siendo Dios, y esta es la experiencia para la que Yo los he creado a Ustedes. Y a la propia vida.
El mal es aquello a lo que tu llamas mal. Pero incluso eso es de mi agrado, puesto que sólo a través de eso que llamas mal puedes conocer el bien; sólo a través de eso que llamas obra del demonio puedes conocer y hacer la obra de Dios. Yo no amo más lo caliente que lo frío, lo alto que lo bajo, la izquierda que la derecha. Todo es relativo. Todo forma parte de lo que es. Hitler fue al cielo. Cuando entiendas esto, entenderás a Dios.

Sin embargo, me han enseñado a creer que el bien y el mal existen; que lo correcto y lo equivocado son términos opuestos; que algunas cosas no están bien, no resultan aceptables a los ojos de Dios.
Todo resulta «aceptable» a los ojos de Dios, ya que ¿cómo puede Dios no aceptar algo que es? Rechazar algo significa negar que existe. Decir que algo no está bien significa afirmar que no forma parte de Mí; y eso es imposible.
Sin embargo, se fiel a tus creencias, y manten como ciertos tus valores, ya que se trata de los valores de tus padres, y de los padres de tus padres, de tus amigos y de tu sociedad. Éstos forman la estructura de tu vida, y perderlos equivaldría a deshacer el tejido que constituye tu experiencia. No obstante, examínalos uno por uno. Revísalos pieza por pieza. No deshagas la casa, pero observa cada uno de los ladrillos, y reemplaza los que veas que están rotos y no pueden soportar ya la estructura.
Tus ideas respecto a lo correcto y lo equivocado son sólo eso: ideas. Son pensamientos que constituyen la forma y crean la sustancia de Quien Eres. Sólo habría una razón para cambiar alguna de ellas; sólo un propósito para alterarlas: si no eres feliz siendo Quien Eres.
Únicamente tú puedes saber si eres feliz. Sólo tú puedes decir de tu vida; «Esta es mi creación (mi hijo), en la que me complazco».
Si tus valores te sirven, mantenlos. Argumenta a su favor. Lucha para defenderlos.
Pero procura luchar de manera que no hagas daño a nadie. El daño no es un ingrediente necesario en la receta.

Dices «sean fieles a sus valores» y, al mismo tiempo, que todos nuestros valores son equivocados. Ayúdame a entenderlo.
Yo no he dicho que sus valores sean equivocados. Pero tampoco que sean correctos. Son simplemente juicios. Afirmaciones. Decisiones. En su mayor parte, se trata de decisiones que no han tomado cada uno de ustedes, sino algún otro. Quizá sus padres. Su religión. Sus profesores, historiadores, políticos...
Muy pocos de los juicios de valor que han incorporado a su verdad son juicios que han formulado ustedes mismos basándose en su propia experiencia. Pero la experiencia es lo que vinieron a buscar aquí y por su experiencia iban a crearse a ustedes mismos. Pero ustedes se han creado a ustedes mismos por la experiencia de los demás.
Si hubiera algo parecido al pecado, sería esto: permitirse haber llegado a ser lo que son por la experiencia de los demás. He aquí el «pecado» que han cometido. Todos ustedes. No esperan a tener su propia experiencia, sino que aceptan la experiencia de los demás como el evangelio (literalmente), y luego, cuando se encuentran con la experiencia real por primera vez, permiten que lo que ya saben acerca del encuentro oculte lo que realmente piensan.
Si no obraran así; podrían tener una experiencia completamente diferente; una experiencia que haría aparecer a su maestro o fuente original como equivocado. En la mayoría de los casos, no quieren que sus padres, escuelas, religiones, tradiciones o sagradas escrituras aparezcan como equivocados, de modo que niegan su propia experiencia a favor de lo que les han dicho que piensen.
Ninguna realidad puede ilustrar esto con mayor profundidad que su tratamiento de la sexualidad humana.
Todo el mundo sabe que, de entre todas las experiencias físicas al alcance de los humanos, la experiencia sexual puede ser la más atractiva, emocionante, poderosa, estimulante, renovadora, energética, íntima, y con mayor capacidad de afirmación, unión y recreación. Aun habiendo descubierto esto, han decidido en cambio aceptar los juicios, opiniones e ideas previos acerca del sexo difundidos por otros; todos ellos con intereses creados en que piensen de una u otra manera.
Dichas opiniones, juicios e ideas han ido directamente contra su propia experiencia; sin embargo, debido a que no están dispuestos a considerar equivocados a sus maestros, se convencen a ustedes mismos de que debe ser su experiencia la que está equivocada. El resultado es que han traicionado su auténtica verdad en relación a esta cuestión; y ello con resultados devastadores.
Lo mismo han hecho con el dinero. En aquellos momentos de sus vidas en que tienen mucho dinero, se sienten estupendamente. Se sienten estupendamente recibiéndolo, y se sienten estupendamente gastándolo. No hay nada malo en ello, no hay ningún mal, nada intrínsecamente «equivocado». Sin embargo, han arraigado tan profundamente en ustedes las enseñanzas de los demás sobre este tema, que han rechazado su experiencia en favor de la «verdad».
Al haber adoptado esta «verdad» como propia, han construido pensamientos en torno a ella; pensamientos que son creadores. Han, pues, creado una realidad personal en torno al dinero que lo aleja de ustedes; ya que ¿para qué tratarían de atraer algo que no es bueno?
Sorprendentemente, han creado la misma contradicción en torno a Dios. Todas sus experiencias más profundas acerca de Dios les dicen que Dios es bueno. Todos aquellos profesores suyos que les enseñan algo acerca de Dios les dicen que Dios es malo. Su corazón les dice que hay que amar a Dios sin temerle. Sus profesores les dicen que hay que temer a Dios, puesto que es un Dios vengativo. Han de vivir en el temor a la cólera de Dios, dicen. Deben temblar en Su presencia. Durante toda su vida han de temer el juicio del Señor -les han dicho-, pues el Señor es «justo», y todo lo sabe; y se hallaran en apuros cuando se enfrenten a la terrible justicia del Señor. Deben, pues, «obedecer» los mandamientos de Dios. O si no...
Sobre todo, no formularan preguntas lógicas tales como: «Si Dios quiere una estricta obediencia a Sus Leyes, ¿por qué creó la posibilidad de que dichas Leyes fueran violadas?». Todos los maestros les dicen que porque Dios quería que tuvieran «libre albedrío». Sin embargo, ¿qué clase de libre albedrío es ese, si elegir una cosa en lugar de otra lleva a la condenación? ¿Cómo la «libre voluntad» puede ser libre, si no es la voluntad de ustedes, sino la de algún otro, la que deben cumplir? Quienes eso les enseñan hacen de Dios un hipócrita.
Se les ha dicho que Dios perdona y es compasivo; pero si no le pides perdón del «modo correcto», si no «se dirigen a Dios» de la manera adecuada sus súplicas no serán escuchadas, el clamor quedará sin respuesta. Incluso eso no sería tan malo si hubiera una sola manera adecuada; pero se enseñan tantas «maneras adecuadas» como profesores hay.
Así; la mayoría de ustedes pasan casi toda su vida adulta buscando la manera «correcta» de rendir culto, de obedecer y de servir a Dios. La ironía del asunto está en que Yo no quiero su culto, Yo no necesito su obediencia, y no necesitan servirme.
Este tipo de comportamientos son los que históricamente han exigido de sus súbditos los monarcas; normalmente, monarcas egocéntricos, inseguros y tiránicos. En absoluto son exigencias divinas; y es extraordinario que el mundo no haya llegado ya a la conclusión de que tales exigencias son falsas, de que no tienen nada que ver con las necesidades o los deseos de Dios.
La divinidad no tiene necesidades. Todo lo Que Hay es exactamente eso; todo lo que hay. Por lo tanto, no quiere nada, ni carece de nada; por definición.
Si quieren creer en un Dios que de alguna manera necesita algo -y se siente tan dolido si no lo obtiene que castiga a aquellos de quienes esperaba recibirlo-, entonces es que quieren creer en un Dios mucho más pequeño que Yo. Y verdaderamente son Hijos de un Dios Menor.
No hijos Míos; por favor, déjenme que les asegure una vez más, por medio de este texto, que no tengo necesidades. No necesito nada.
Esto no significa que no tenga deseos. Deseos y necesidades no son la misma cosa (aunque para muchos de ustedes lo sean en su vida actual).
El deseo es el principio de toda creación. Es el primer pensamiento. Es un sentimiento grandioso en el alma. Es Dios, decidiendo qué va a crear.

¿Y cuál es el deseo de Dios?
Yo deseo en primer lugar conocerme y experimentarme a Mí mismo, en toda Mi gloria; saber Quién Soy. Antes de inventarlos a ustedes -y todos los mundos del universo- era imposible para Mí hacerlo.
En segundo lugar, deseo que puedan conocer y experimentar Quienes Realmente Son, por medio del poder que les he dado de crearse y experimentarse a sí mismos de cualquier modo que escojan.
En tercer lugar, deseo que todo el proceso de la vida sea una experiencia de constante alegría, de continua creación, de interminable expansión y de total realización en cada momento.
He establecido un sistema perfecto mediante el que estos deseos pueden realizarse. Se están realizando ahora, en este mismo momento. La única diferencia entre ustedes y Yo, es que Yo lo sé.
En el momento en que alcancen el conocimiento pleno (momento que puede sobrevenir en cualquier instante), sentirán lo mismo que Yo siento constantemente: una alegría, amor, aceptación, bendición y agradecimiento totales.
Estas son las Cinco Actitudes de Dios; y, antes de seguir adelante con este diálogo, te mostraré cómo la aplicación de dichas actitudes en tu vida actual puede conducirte -y te conducirá- hacia la santidad.

Todo esto constituye una respuesta muy larga para una pregunta muy corta.
Sí; sé fiel a tus valores, en la medida en que experimentes que te son útiles. Pero mira a ver si estos valores que te sirven a ti, con tus pensamientos, palabras y actos, traen al espacio de tu experiencia la idea mejor y más alta que jamás hayas tenido de ti mismo.
Examina tus valores uno por uno. Somételos a la luz del escrutinio público. Si puedes decir al mundo quién eres y en qué crees sin vacilaciones ni indecisiones, entonces eres feliz contigo mismo. No hay ninguna razón para ir mucho más allá en este diálogo conmigo, puesto que ya has creado a un Yo -y una vida para este Yo- que no necesita ninguna mejora. Has alcanzado la perfección. Puedes dejar este libro.

Mi vida no es perfecta, si siquiera se acerca a la perfección. No soy perfecto. En realidad, soy un cúmulo de imperfecciones. Me gustaría -a veces de todo corazón- poder corregir esas imperfecciones; lo que yo sé que origina mis comportamientos, que provoca mis caídas, que me mantiene en mi camino. Supongo que por eso es por lo que he acudido a Ti. No he sido capaz de encontrar las respuestas por Mí mismo.
Estoy contento de que hayas acudido a Mí. Siempre he estado dispuesto a ayudarte. Y lo estoy ahora. No tienes por qué encontrar las respuestas por ti mismo. Nunca has tenido por qué.



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