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UNA PROMESA DE JESUS PDF Imprimir E-mail
Escrito por NEVILLE GODDARD   

Tomado del libro La Fe es tu Fortuna
 

“No estéis angustiados. Creed en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo habría dicho. Voy a prepararos un sitio. Y cuando me vaya y os haya preparado el sitio, volveré y os tomaré conmigo, para que donde yo estoy, estéis también vosotros”. JUAN 14, 1-3

El en el que debes creer es tu consciencia, el YO SOY: es Dios. Es también la casa del Padre que contiene en su interior todos los estados de consciencia imaginables. Cada estado de consciencia condicionado es llamado <mi morada>.

Esta conversación tiene lugar dentro de ti. Tu YO SOY, la consciencia no condicionada, es el Jesucristo que le habla al Yo condicionado, la consciencia de Juan Pérez. <YO SOY Juan>, desde el punto de vista místico, es dos seres; es decir, Cristo y Juan. De modo que voy a preparar un lugar para ti, pasando de tu actual estado de consciencia al estado deseado. Es una promesa que le hace tu Cristo, o tu consciencia de ser, a tu idea actual de ti mismo, para que abandones tu consciencia actual y te apropies de otra.



El hombre es tan esclavo del tiempo que, si después de haberse apropiado de un estado de consciencia que actualmente no es visto por el mundo, y si el estado del que se ha apropiado no se encarna inmediatamente, pierde la fe en su declaración invisible. Sin dilatación, la abandona y vuelve a su anterior estado de ser estático. Debido a esta limitación del ser humano, he descubierto que resulta muy útil emplear un lapso de tiempo determinado para realizar este viaje a la morada preparada.

<Espera un poco.>

Todos hemos clasificado los diferentes días de la semana, los meses del año y las estaciones. Con esto quiero decir que tú y yo hemos dicho, una y otra vez: <Hoy parece domingo>, o <lunes>, o <sábado>. También hemos dicho en medio del verano: <Parece que fuera otoño>. Ésta es una prueba positiva de que tú y yo tenemos unos sentimientos claros asociados a estos diferentes días, meses y estaciones del año. Debido a estas asociaciones, podemos mantenernos conscientemente, en cualquier momento, en el día o la estación que hayamos elegido. No definas egoístamente este lapso en días y horas porque estés ansioso por recibir lo deseado. Simplemente debes mantenerte en la convicción de que ya está hecho (puesto que el tiempo es puramente relativo, debería ser eliminado por completo) y de que tu deseo se realizará.

Esta capacidad de permanecer en cualquier momento en el tiempo nos permite emplear el tiempo en nuestro viaje hacia la mansión deseada. Ahora yo (la consciencia) voy a un momento en el tiempo y, ahí, preparo un lugar, regresaré a este momento del tiempo del que he salido, y te recogeré y te llevaré conmigo a ese lugar que he preparado, para que donde YO SOY, tú también puedas ser.

Permíteme que te dé un ejemplo de este viaje. Supón que tienes un intenso deseo. Como la mayoría de la gente que está esclavizada por el tiempo, es posible que sientas que no podrás realizar un deseo tan grande en un lapso de tiempo limitado. Pero si reconoces que todas las cosas son posibles para Dios, si crees que Dios es el YO que está dentro de ti, o tu consciencia de ser, entonces puedes decir: <Como Juan no puedo hacer nada, pero puesto que todas las coas son posibles para Dios, y sé que Dios es mi consciencia de ser, puedo realizar mi deseo en poco tiempo. Cómo se va a realizar mi deseo, no lo sé (como Juan), pero por la ley de mi ser, sé que se realizará>.

Con esta creencia firmemente establecida, decide cuál sería el lapso de tiempo relativo, racional, en el que ese deseo se podría realizar. Una vez más, permíteme que te recuerde que no debes acortar ese lapso porque estés ansioso por recibir tu deseo; haz que sea un lapso de tiempo natural. Nadie puede decirte cuál es ese lapso de tiempo. Sólo tú puedes decir cuál sería ese lapso para ti. El lapso de tiempo es relativo; es decir, dos personas no establecerían la misma medida de tiempo para la realización de su deseo.

 

El tiempo siempre está condicionado por la idea que la persona tiene de sí misma. La confianza en ti mismo, como está condicionada por la consciencia, siempre acorta el lapso de tiempo. Si estuvieras acostumbrado a los grandes logros, te darías un lapso de tiempo mucho más corto para realizar tu deseo que el que se daría una persona formada en la derrota.

Si hoy fuera miércoles y decidieras que sería bastante posible que tu deseo encarne una nueva realización de ti el domingo, entonces el domingo es el momento en el tiempo que visitarías. Para realizar esta visita, cierras el miércoles y dejas entrar al domingo. Esto se consigue simplemente sintiendo que hoy es domingo. Empieza a oír las campanas de la iglesia; empieza a sentir la tranquilidad de ese día y todo lo que el  domingo significa para ti; siente realmente que es domingo.

Cuando hayas logrado esto, siente la alegría de haber recibido eso que el miércoles no era más que un deseo. Siente la emoción absoluta de haberlo recibido, y luego regresa al miércoles, el momento en el tiempo que dejaste atrás. Al hacer esto, has creado un vacío en la consciencia pasado del miércoles al domingo. La naturaleza, que detesta los vacíos, se apresura a llenarlo, creando así un molde a semejanza de aquello que potencialmente creas, es decir, la dicha de haber realizado tu deseo definido.

Cuando regreses al miércoles estarás lleno de una expectativa alegre, porque habrás establecido la consciencia de aquello que debe tener lugar el siguiente domingo. Mientras pasas por el lapso del jueves, el viernes y el sábado, nada te altera, independientemente de las circunstancias, porque ya has predeterminado lo que serás en el sabat (día de descanso o domingo) y ésa sigue siendo una convicción inalterable.

Habiendo ido antes a preparar el lugar, has regresado a Juan y ahora estás llevándolo contigo, a través del lapso de tres días, hacia el lugar preparado para que él pueda compartir tu alegría contigo, porque donde YO ESTOY podéis estar vosotros también.
 

 



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