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YO SOY LO QUE YO SOY PDF Imprimir E-mail
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Escrito por NEVILLE GODDARD   

Tomado  del libro La Fe es tu Fortuna

“Si no creyereis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados” Juan 8,24

<Todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él nada se hizo>. Esta es una frase difícil de aceptar para las personas formadas en los diferentes sistemas de religión ortodoxa, pero ahí está. Todas las cosas, buenas, malas e indiferentes, fueron creadas por Dios. <Dios creó al hombre (manifestación) a su propia imagen, a semejanza de Dios lo creó>. Aparentemente para aumentar esta confusión, se afirma: <Y Dios vio que su creación era buena>. ¿Qué vas a hacer respecto a esta aparente anomalía? ¿Cómo va el ser humano a identificar todas las cosas como buenas cuando lo que le enseñan niega este hecho? O la comprensión de Dios es errónea o hay algo que está radicalmente mal en las enseñanzas del ser humano.

<Para el puro, todas las cosas son puras>. Esta es otra afirmación desconcertante. Todas las personas buenas, las personas puras, las personas santas, son las más prohibicionistas. Une la afirmación anterior a ésta: <No hay ninguna condena en Jesucristo>, y tendrás una barrera infranqueable para los autonombrados jueces del mundo. Estas afirmaciones no significan nada para los jueces fariseos que cambian y destruyen ciegamente las tinieblas. Ellos continúan creyendo firmemente que están mejorando el mundo. El hombre, al no saber que su mundo es su conciencia individual manifestada, se esfuerza en vano por ajustarse a la opinión de los demás, en lugar de ajustarse a la única opinión existente: esto es, su propio juicio de sí mismo.

Cuando Jesús descubrió que Su consciencia era esta maravillosa ley de autogobierno, declaró: <Y ahora me santifico para que también ellos sean santificados en la verdad>. Él sabía que la consciencia es la única realidad, que las cosas manifestadas no son más que diferentes estados de consciencia. Jesús advirtió a sus seguidores que buscaran primero el Reino de los Cielos (ese estado de consciencia que produciría la cosa deseada) y todas las cosas les serían dadas por añadidura. También afirmó: <Yo soy la verdad>. Él sabía que la consciencia de la persona era la verdad o la causa de todo lo que ella veía que era su mundo.

Jesús se dio cuenta de que el mundo estaba hecho a semejanza del hombre. Sabía que el hombre veía que su mundo era como era porque el hombre era lo que era. En pocas palabras, la idea que una persona tiene de sí misma determina lo que ella ve como su  mundo.

Todas las cosas están hechas por Dios (la consciencia) y sin Él nada se hace. La creación se juzga como buena y muy buena porque es el retrato perfecto de la consciencia que la produjo. Ser consciente de ser una cosa y luego verte expresando algo distinto a aquello que eres consciente de ser es una violación de la ley del ser; por lo tanto, no sería bueno.

La ley del ser nunca se infringe; el ser humano siempre se ve expresando aquello que es consciente de ser. Ya sea bueno, malo o indiferente, es un reflejo perfecto de su idea de sí mismo; es bueno y muy bueno.

No sólo todas las cosas están hechas por Dios, sino que todas las cosas están hechas de Dios. Todas son hijas de Dios. Dios es uno. Las coas o las divisiones son las proyecciones de ese uno. Puesto que Dios es uno, Él debe ordenarse a sí mismo ser el otro aparente, porque no hay ningún otro. El absoluto no puede contener dentro de sí algo que no es él. Si lo hiciera, entonces no sería el absoluto, el único. Para que las órdenes sean efectivas, deben ser a uno mismo. <Yo Soy lo que Yo Soy> es la única orden efectiva. <Yo Soy el Señor y aparte de mí no hay nadie más>. No puedes ordenar aquello que no es. Como no hay nadie más, debes ordenarte a ti mismo ser aquello que te gustaría que apareciera.

Déjame aclarar lo que quiero decir cuando digo <orden efectiva>. No debes repetir como una cotorra la afirmación <Yo Soy lo que Yo Soy>, porque esa repetición vana sería estúpida e infructuosa. Lo que hace que la orden sea efectiva no son las palabras; lo que la hace efectiva es la consciencia de ser eso. Cuando dices <Yo Soy>, estás declarando que eres. Las palabras lo que en la afirmación <Yo Soy lo que Yo Soy> indican aquello que te gustaría ser. El segundo <Yo Soy> en la frase es el grito de victoria.

Todo este drama tiene lugar en el interior, con o sin el uso de palabras. Quédate quieto y sabe que tú eres. Esta quietud se consigue observando al observador. Repite en silencio, pero con sentimiento, <Yo Soy, Yo Soy>, hasta que hayas perdido toda consciencia del mundo y te conozcas sólo como un ser. La consciencia, el saber que eres, es Dios Todopoderoso, el Yo Soy. Cuando hayas logrado esto, defínete como aquello que deseas ser, sintiendo que eres lo deseado: YO SOY eso. Esta comprensión de que eres la cosa deseada hará que una emoción recorra todo tu ser. Cuando se establezca la convicción y realmente creas que eres aquello que deseabas ser, entonces se pronuncia el segundo <Yo Soy> como un grito de victoria. Esta revelación mística de Moisés puede verse como tres pasos claros: YO SOY, YO SOY libre, ¡realmente YO SOY!

No importa cuáles sean las apariencias que hay a tu alrededor. Todas las cosas dejan sitio para el Señor que llega. Yo Soy el señor que llega en la apariencia de aquello que soy consciente de ser. Todos los habitantes de la Tierra no pueden detener mi llegada o cuestionar mi autoridad de ser aquello que Yo Soy consciente de que Yo Soy.

<Yo Soy la luz del mundo>, cristalizándose en la forma de mi idea de mí mismo. La consciencia es la luz eterna que se cristaliza únicamente a través de tu idea de ti mismo. Cambia tu concepto de ti mismo y automáticamente cambiarás el mundo en el que vives. No intentes cambiar a las personas; ellas sólo son mensajeras que te dicen quién eres. Revalorízate a ti mismo y ellas confirmarán el cambio.

Ahora te darás cuenta de por qué Jesús se santificó en lugar de santificar a los demás, por qué para los puros todas las cosas son puras, por qué en Jesucristo (la consciencia despierta) no hay condena. Despierta del sueño de la condena y demuestra el principio de la vida. Deja de juzgar a los demás y deja también de censurarte a ti mismo.

Escucha la revelación del iluminado: <Yo sé y estoy convencido por el Señor Jesucristo, de que de suyo no hay nada impuro; pero si alguno piensa que alguna cosa es impura, para él es impura> y, una vez más, <Dichoso el que permite algo y no se condena a sí mismo>.

Deja de preguntarte si eres digno o no eres digno de declarar que eres aquello que deseas ser. Serás condenado por el mundo únicamente en la medida en que te condenes a ti mismo.

No necesitas solucionar nada. Las obras están acabadas. El principio por el cual todas las cosas se hacen y sin el cual nada se hace es eterno. Tú eres ese principio. Tu consciencia de ser es la ley eterna. Jamás has expresado nada que no fuera consciente de ser y nunca lo harás. Adopta la consciencia de aquello que deseas expresar. Decláralo hasta que se convierta en una manifestación natural. Siéntelo y vive dentro de ese sentimiento hasta que forme parte de tu naturaleza.

He aquí una fórmula sencilla. Retira tu atención de tu idea actual de ti mismo y colócala en tu ideal, el ideal que hasta ahora te había parecido que estaba fuera de tu alcance. Declara que eres tu ideal, el ideal que hasta ahora te había parecido que estaba fuera de tu alcance. Declara que eres tu ideal, no como algo que llegará con el tiempo, sino como lo que eres en el presente inmediato. Haz esto y tu mundo actual de limitaciones se desintegrará mientras tu nueva afirmación se eleva de sus cenizas como el ave fénix.

<No temáis ni os asustéis ante esta inmensa multitud, porque la batalla no es cosa vuestra, sino de Dios>. No debes luchar contra tu problema; tu problema vivirá únicamente mientras tú seas consciente de él. Retira tu atención de tu problema y de la multitud de razones por las que no puedes conseguir tu ideal. Concentra tu atención enteramente en la cosa deseada.

<Dejadlo todo y seguidme>. Ante los obstáculos aparentemente gigantescos, declara tu libertad. La consciencia de libertad es el Padre de la libertad. Siempre tiene una manera de expresarse que ningún ser humano conoce. <vosotros no tenéis necesidad de luchar en esta batalla: Deteneos, estaos quietos y ved que la salvación del Señor está con vosotros>.

¡Con vosotros! Esa consciencia particular con la que te identificas es el Señor del acuerdo. El establecerá, sin ayuda, eso que ha sido acordado en la Tierra. ¿Puedes tú, ante el ejército de motivos por los que una cosa no puede hacerse, llegar tranquilamente a un acuerdo con el Señor de que eso se haga? Ahora que has descubierto que el Señor es tu consciencia de ser, ¿puedes darte cuenta de que se ha ganado la batalla? Por muy cerca que parezca estar el enemigo y por muy amenazador que resulte, ¿puedes seguir teniendo confianza, quedándote tranquilo, sabiendo que la victoria es tuya? Si puedes hacerlo, verás la salvación del señor.

Recuerda que la recompensa es para el que resiste. Quédate tranquilo. Quedarse tranquilo es tener la profunda convicción de que todo está bien; de que ya está hecho. No importa lo que oigas o veas, permaneces quieto, consciente de que serás victorioso al final. Todas las cosas se consiguen con estos acuerdos, y sin un acuerdo de este tipo no hay nada que se pueda hacer. <Yo Soy el que Yo Soy>.

En el Apocalipsis está escrito que aparecerá un nuevo Cielo y una nueva Tierra. Cuando se le mostró esta visión a Juan, se le dijo que escribiera: <Está hecho>. El Cielo es tu consciencia y la Tierra es su estado solidificado. Por lo tanto, debes aceptar, como lo hizo Juan, que <Está hecho>.

Lo único que tenéis que hacer los que buscáis un cambio es elevaros hasta el nivel de aquello que deseáis; sin pensar en la forma de expresión, registra que ya se ha hecho sintiendo la naturalidad de ser eso.

He aquí una analogía que te puede ayudar a ver este misterio. Imagina que entras en un cine justo cuando la película está llegando al final. Lo único que has podido ver de la película ha sido el final feliz. Puesto que querías conocer toda la historia, te quedas para ver la siguiente sesión. En una decepcionante secuencia, el héroe es acusado con pruebas falsas, todo ello para provocar las lágrimas del público. Pero tú, seguro en tu conocimiento final, te mantienes tranquilo porque entiendes que, a pesar de la aparente dirección que está tomando la película, el final ya está decidido.

Asimismo, debes ir hasta el final de aquello que buscas: visualiza el final feliz sintiendo conscientemente que expresas y posees aquello que deseas expresar y poseer. Y tú, mediante la fe, puesto que ya conoces el final, tendrás una confianza que nace de ese conocimiento. Ese conocimiento te sostendrá durante el lapso de tiempo necesario para que se desarrolle la película. No pidas ayuda a ninguna persona; siente que <Está hecho>, declarando conscientemente que ahora eres aquello que esperas ser.
 

 



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