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LECCION DE FE: ENTENDEMOS TAN POCO PDF Imprimir E-mail
Escrito por WILLIAM J. BENNETT   

Tomado del libro El Libro de Las Virtudes

Nuestra comprensión de la creación de Dios es imperfecta, así que nuestra fe debe llenar esa laguna, como nos recuerda este cuento judío tradicional.

Érase una vez dos hermanos que habían vivido siempre en la ciudad, y nunca habían visto un campo ni una pastura. Un día decidieron hacer una excursión por la campiña. Mientras caminaban, vieron a un granjero que araba, y quedaron desconcertados.


-¿Qué clase de conducta era ésa? –se preguntaron-. Ese sujeto va de aquí para allá todo el día, abriendo grandes surcos en la tierra. ¿Por qué alguien destruiría un prado tan bonito?

Más tarde pasaron por el mismo lugar, y vieron que el granjero arrojaba granos de trigo en los surcos.
-Pero ¿qué está haciendo? –se preguntaron-. Debe estar loco de remate. ¡Toma trigo de excelente calidad y lo tira en esas zanjas!
-El campo no es sitio para mí –dijo uno de los hermanos-. Aquí la gente actúa en forma insensata. Me iré a casa.
Y regresó a la ciudad.

Pero el segundo hermano se quedó en el campo, y unas semanas después vio un cambio maravilloso. Brotes verdes y lozanos cubrían el campo con una exuberancia que él nunca había imaginado. Se apresuró a escribirle a su hermano para que regresara a ver ese milagro.

Su hermano regresó de la ciudad y también él se asombró del cambio. Con el transcurso de los días vieron que la tierra se convertía en un dorado trigal. Y ahora comprendían el motivo de la labor del granjero.
Cuando el trigo maduró, el granjero vino con su guadaña y se puso a segar. El hermano que había regresado de la ciudad no entendía nada.
-Pero ¿qué hace ese imbécil? –exclamó-. Trabajó todo el verano para cultivar ese bello trigo, y ahora lo destruye con sus propias manos. ¡Lo dicho, está loco de remate! Estoy harto. Me vuelvo a la ciudad.

Pero su hermano tuvo más paciencia. Se quedó en el campo y miró cómo el granjero juntaba el trigo y lo llevaba al granero. Vio con cuánto cuidado separaba la barcia y almacenaba el resto. Y quedó estupefacto al comprender que el granjero, sembrando un saco de semilla, había cosechado un campo entero de grano. Sólo entonces comprendió que el granjero tenía un motivo para todo lo que hacía.


-Y así es como obra Dios –dijo-. Los mortales sólo vemos un boceto de su plan. No podemos comprender todo el propósito y finalidad de su creación. Así que debemos tener fe en su sabiduría.

 



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