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ACEPTACION DE LA REALIDAD PDF Imprimir E-mail
Escrito por FOUNDATION FOR INNER PEACE   

Tomado del libro Un Curso de Milagros

Tener miedo de la Voluntad de Dios es una de las creencias más extrañas que la mente humana jamás haya podido concebir. Esto no habría podido ocurrir a no ser que la mente hubiese estado ya tan profundamente dividida, que le hubiese sido posible tener miedo de lo que ella misma es. La realidad sólo puede ser una amenaza para lo ilusorio, ya que lo único que la realidad puede defender es la verdad. El hecho mismo de que percibas la Voluntad de Dios –que es lo que tú eres- como algo terrible, demuestra que tienes miedo de lo que eres. Por lo tanto, no es de la Voluntad de Dios de lo que tienes miedo, sino de la tuya. Tu voluntad no es la voluntad del ego, y por eso es por lo que el ego está contra ti. Lo que parece ser el temor a Dios es en realidad miedo a tu propia realidad.


Si no sabes lo que es tu realidad, ¿por qué estás tan seguro de que es temible? La asociación que se hace entre la verdad y el miedo, que a  lo sumo sería altamente artificial, es especialmente inadecuada en las mentes de aquellos que no saben lo que es  la verdad. Lo único  que  esto quiere decir es que estás  asociando  arbitrariamente algo que se encuentra más allá de tu conciencia con algo que no deseas. Es  evidente, pues, que estas juzgando algo  de lo cual  no tienes el menor conocimiento. Has urdido esta extraña situación de forma tal que te resulta imposible escapar de ella sin un Guía que sepa cuál es tu realidad. El propósito de este Guía no es otro que el de recordarte lo que deseas. Él no está tratando de imponerte una voluntad  ajena.  Está simplemente  haciendo todo lo posible, dentro de los límites que tú le impones, por re-establecer tu propia voluntad en tu conciencia.

Has aprisionado tu voluntad más allá  de tu propia conciencia, donde todavía se encuentra, pero desde donde  no puede ayudarte. Cuando dije que la función del Espíritu Santo es separar lo falso de lo verdadero en tu mente, quise decir que él tiene el poder de ver lo que has ocultado y reconocer en ello la Voluntad de Dios. Gracias a este reconocimiento, Él puede hacer que la Voluntad de Dios sea real para ti porque Él está en tu mente, y, por lo tanto, Él es tu realidad. Si la percepción que Él tiene de tu mente trae la realidad de ésta hasta ti, te está ayudando a recordar lo que eres. Lo único que puede ocasionar temor en este proceso es lo que tú crees que perderías. Lo único que realmente puedes tener, no obstante, es lo que el Espíritu Santo ve.

He subrayado en muchas ocasiones que el Espíritu Santo nunca te pedirá que sacrifiques nada. Pero si te pides a ti mismo el sacrificio de la realidad, el Espíritu Santo tiene que recordarte que ésa no es la Voluntad de Dios porque no es la tuya. No hay diferencia alguna entre tu voluntad y la de Dios. Si tu mente no estuviese dividida reconocerías que ejercer tu voluntad es la salvación porque la salvación es comunicación.

Es imposible comunicarse utilizando lenguas diferentes. Tú y tu creador podéis comunicaros por medio de la creación porque ésa, y solo ésa, es vuestra Voluntad conjunta. Una mente dividida no se puede comunicar porque habla en nombre de cosas diferentes a la misma mente. Al hacer esto, pierde la capacidad de comunicarse porque habla e n nombre de cosas diferentes a la misma mente. Al hacer esto, pierde la capacidad de comunicarse porque una comunicación confusa sencillamente no tiene ningún sentido. ¿Cuán sensatos pueden ser tus mensajes, cuando pides lo que no deseas? Sin embargo, mientras sigas teniendo miedo de tu voluntad, eso es precisamente lo que estarás pidiendo.

Tal vez insistas en que el Espíritu Santo no te contesta, pero quizá sería más prudente examinar qué clase de peticionario eres. No pides únicamente lo que deseas. Ello se debe a que temes recibirlo, y ciertamente lo recibirías. Por eso es por lo que se lo sigues  pidiendo al maestro que no puede dártelo. De él nunca podrás aprender qué es lo que deseas, y esto te da una ilusión de seguridad. Sin embargo, no puedes estar a salvo de la verdad, sino que sólo puedes estar a salvo en la verdad. La realidad es tu única seguridad. Tu voluntad es tu salvación porque es la misma que la de Dios. La separación no es más que la creencia de que es diferente.

Ninguna mente recta podría creer que su voluntad es más fuerte que la de Dios. Si una mente cree que su voluntad es diferente de la de Él, entonces sólo puede concluir o bien que Dios no existe o bien que Su Voluntad es temible. La primera conclusión da lugar al ateo, y la segunda, al mártir, que cree que Dios exige sacrificios. Cualquiera de esas dos conclusiones de mentes producirá pánico, ya que el ateo cree estar solo, y el mártir que dios lo está crucificando. No obstante, nadie quiere sentirse abandonado o sufrir represalias, aunque es posible que muchos procuren ambas cosas. ¿Puedes acaso pedirle al Espíritu Santo semejantes “regalos” y esperar recibirlos? Él no puede darte lo que tú no deseas. Cuando le pides al Dador Universal lo que no quieres, le estás pidiendo lo que no se puede dar porque nunca se creó. Y nunca se creó porque nunca fue lo que tu voluntad dispuso para ti.

En última instancia todo el mundo tiene que recordar la Voluntad de Dios porque, en última instancia, todo el mundo tiene que reconocerse a sí mismo. Este reconocimiento es el reconocimiento de que su voluntad y la de Dios son una. En presencia de la verdad, no hay descreídos ni sacrificios. En la seguridad de la realidad, el miedo no tiene absolutamente ningún sentido. Negar lo que simplemente es, tan sólo puede dar la impresión de que es temible. El miedo no puede ser real sin una causa, y Dios  es la única Causa. Dios es  Amor y Él es ciertamente lo que tú deseas. Esa es tu voluntad. Pide esto y se te concederá, porque estarás pidiendo únicamente lo que ya te pertenece.

Cuando le pides al Espíritu Santo lo  que  te  podría  hacer daño El no puede contestarte porque no hay nada que te pueda hacer daño, y, por lo tanto, no estás pidiendo nada. Cualquier deseo que proceda del ego es un deseo de algo que no existe, y solicitarlo no constituye una petición. Es simplemente una negación en forma de petición. El Espíritu Santo no le da importancia a la forma,  ya que sólo es consciente de lo que tiene significado. El ego no puede pedirle nada al Espíritu Santo porque no existe comunicación entre ellos. Tú,  en cambio, puedes pedirle todo porque las peticiones que le haces a El son reales,  al proceder de tu mente recta. ¿Negaría el Espíritu Santo la Voluntad de Dios? ¿Y podría dejar de reconocerla en Su Hijo?
 

 



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