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MEDITACION: ¿QUÉ? ¿CÓMO? ¿CUANDO? ¿POR QUÉ? PDF Imprimir E-mail
Escrito por OSHO   

(Extraído de “Meditación Hoy”) OSHO

Cuando tengas tiempo para ser, abandona todo hacer. Pensar también es hacer, concentrarse también es un hacer, contemplar también es un hacer. Si llegas a no hacer nada, aunque sea por un segundo, completamente relajado, eso es meditación. Y en cuanto le coges el tranquillo, puedes permanecer en ese estado todo el tiempo que quieras; finalmente, puedes permanecer en ese estado veinticuatro horas al día.
Cuando tomas conciencia de cómo tu ser puede permanecer inalterado, puedes empezar a hacer cosas lentamente, manteniéndote alerta para que tu ser no se agite. Ésa es la segunda parte de la meditación; primero aprende a ser, y después aprende a realizar pequeñas acciones: limpiar el piso, bañarte…pero manteniéndote centrado. Después puedes hacer cosas más complicadas.
De modo que la meditación no va en contra de la acción, simplemente te enseña un nuevo modo de vivir la vida: con más intensidad, con más alegría, con más claridad, con más visión, con más creatividad. Sin embargo, estás apartado, observas todo lo que ocurre a tu alrededor.
No eres el actor; eres el observador. Éste es el gran secreto de la meditación, que te conviertas en un observador.
ESPACIO SUFICIENTE. Cuando intentes meditar desvincúlate de todo, quítate cualquier preocupación que lleves encima. Uno se puede tomar una hora de cada veinticuatro. Entrega veintitrés horas a tus ocupaciones, deseos, pensamientos, ambiciones, proyecciones. Pero tómate una hora y al final descubrirás que ésa ha sido la hora más real de tu vida.
EL LUGAR ADECUADO. Encuentra un lugar donde la naturaleza aún no haya sido alterada, contaminada. Si no puedes encontrar un lugar así, entonces cierra la puerta de tu habitación y practica en ella. Basta con un pequeño rincón, pero destinado especialmente para meditar. ¿Por qué? Porque cada tipo de acto crea su propia vibración. Cada día que medites en él absorberá tu vibración meditativa, y cuando vuelvas al día siguiente, esas vibraciones volverán a proyectarse en ti. Te ayudarán, te responderán, te corresponderán.
PONTE CÓMODO. ¿Qué es la comodidad? Cuando te olvidas del cuerpo, puedes estar seguro de que estás cómodo. De modo que lo importante no es tanto si te sientas en una silla o en el suelo. Ponte cómodo, porque si tu cuerpo no está cómodo, no puedes anhelar otras bendiciones que pertenecen a capas más profundas: si pierdes la primera capa, todas las demás se mantendrán cerradas.
EMPIEZA POR LA CATARSIS. Empieza por donde te resulte fácil empezar, si empiezas sentándote, sentirás mucha alteración dentro de ti. Cuanto mas intentes estar simplemente sentado, más alterado te sentirás. Sólo serás consciente de tu mente alocada y de nada más. Surgirá el desánimo, te sentirás frustrado, no te sentirás dichoso.
Se te debe permitir tomar consciencia de ciertas cosas de manera progresiva. El conocimiento es algo que debe desplegarse lentamente, a medida que aumenta tu capacidad para absorberlo. Si te permites danzar alocadamente, dentro de ti ocurre lo contrario. La danza loca hace que empieces a tomar consciencia de un punto de silencio dentro de ti; sentándote en silencio empiezas a ser consciente de tu locura. El punto de consciencia siempre está en el polo opuesto. Cuanto más crezca el silencio interno en ti, más podrás hacer uso de la postura sentada o tumbada, poco a poco se hará la meditación silenciosa.
Hemos suprimido tanto a lo largo de nuestras vidas que lo mejor es empezar por una catarsis. Si estás preparado para expulsarlo todo, si puedes permitirte expresar la locura, en unos momentos se produce una profunda limpieza.
Cuando el silencio viene a ti, cuando desciende sobre ti, no es algo falso. No lo has estado cultivando. Viene a ti, te ocurre. Empiezas a sentir que crece dentro de ti, como una madre empieza a sentir dentro de sí el crecimiento de su hijo.
SÉ PACIENTE. No tengas prisa. La verdad no puede ser conquistada por la fuerza; se logra mediante la rendición, no mediante la lucha.
LA MENTE PARLANCHINA. No puedes estar sentado ni un minuto sin escuchar la cháchara mental; te pasan por delante todo tipo de pensamientos: relevantes, irrelevantes, significativos, insignificantes. El tráfico es constante. Ves una flor y la verbalizas; ves un hombre cruzar la calle y lo verbalizas. La mente traduce cada suceso existencial en palabras, lo transforma todo. Esas palabras crean una barrera, son un obstáculo para la mente meditativa.
De modo que el primer requisito hacia el crecimiento meditativo es tomar consciencia de la verbalización constante, y ser capaz de detenerla. Simplemente ve las cosas, no las verbalices. Sé consciente de su presencia, pero no les pongas palabras. No es algo imposible. Es posible y natural.*


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