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OBSTÁCULOS PARA LA PAZ PDF Imprimir E-mail
Escrito por UN CURSO DE MILAGROS   

A medida que la paz comience a extenderse desde lo más profundo de tu ser para abarcar a todo tu alrededor y ofrecerle descanso, se topará con muchos obstáculos. Algunos de ellos los tratarás de imponer tú otros, parecerán provenir de otras partes: de tus hermanos, o de diversos aspectos del mundo externo. La paz, no obstante, los envolverá dulcemente a todos, extendiéndose más allá de ellos sin obstrucción alguna.


El primer obstáculo que la paz debe salvar es tu deseo de deshacerte de ella. Pues no puede extenderse a menos que la conserves. Tú eres el centro desde donde ella irradia hacia afuera, para invitar a otros a entrar. Tú eres su hogar: su tranquila morada desde donde se extiende serenamente hacia el exterior, aunque sin abandonarte jamás. Si la dejases sin hogar, ¿cómo podría entonces morar dentro de ti? Si la paz se ha de diseminar por toda la creación, tiene que empezar contigo, y desde ti extenderse a cada hermano que llame y llevarle descanso por haberse unido a ti. ¿Qué es lo que crees que tendría que desalojar para que la paz more contigo? ¿Cuál parece ser el costo que te resistes a pagar? La pequeña barrera de arena todavía se interpone entre tu hermano y tú. La culpabilidad. La naturaleza del amor es contemplar solamente la verdad -donde se ve a sí mismo- y fundirse con ella en santa unión y en compleción. De la misma forma en que el amor no puede sino mirar más allá del miedo, así el miedo no puede ver el amor. Pues en el amor reside el fin de la culpabilidad tan inequívocamente como que el miedo depende de ella. El amor solo se siente atraído por el amor. Allí donde impera la culpabilidad, no se desea la paz.

El segundo obstáculo que la paz tiene que superar, es la creencia de que el cuerpo es valioso por razón de lo que ofrece. ¿Qué te ha dado realmente el cuerpo que justifique tu extraña creencia de que la salvación radica en él? ¿No te das cuenta de que eso es la creencia en la muerte? La paz se extiende desde ti únicamente hasta lo eterno, y lo hace desde lo eterno en ti. Fluye a través de todo lo demás. Los ataques son siempre físicos. Cuando se infiltra en tu mente cualquier forma de ataque es que estás equiparándote con el cuerpo, ya que ésta es la interpretación que el ego hace de él. Para el alma el cuerpo el cuerpo es únicamente un medio de comunicación. Al ser el nexo de comunicación entre Dios y sus hijos separados, el alma interpreta todo lo que has hecho a la luz de lo que Ella es. La curación es el resultado de usar el cuerpo exclusivamente para los fines de la comunicación. Es posible hacer que la mente se manifieste a través de lo físico si usa al cuerpo para ir más allá de sí misma. el cuerpo es un medio, no un fin. De por sí no tiene ningún propósito, sino sólo el que se le atribuye. El cuerpo parecerá ser aquello que constituya el medio para alcanzar el objetivo que tú le asignes. Solo la mente puede fijar propósitos, y sólo la mente puede discernir los medios necesarios para su logro, así como justificar su uso.

El tercer obstáculo que la paz debe superar es la muerte. Lo que parece ser el miedo a la muerte es realmente su atracción. La muerte, concebida por el ego, su temerosa sombra se extiende sobre toda cosa viviente porque el ego es el enemigo de la vida. Mas una sombra no puede matar ¿Qué es una sombra para los que viven? Basta con que la pasen de largo para que desaparezca. Tu dedicación no es a la muerte ni a su amo. Cuando aceptas el glorioso propósito de tu alma en vez del del ego, renuncias a la muerte y la substituyes por la vida. Ninguna idea abandona su fuente. Y la muerte es el resultado del pensamiento al que llamamos ego, tan inequívocamente como la vida es el resultado del Pensamiento de Dios. El miedo a la muerte desaparecerá a medida que la atracción que ésta ejerce ceda ante la verdadera atracción del amor. Los ángeles dan sustento a tu recién nacido propósito, tu alma le da abrigo y Dios mismo vela por él. No tienes que protegerlo; ya dispones de él. Pues es inmortal, y en él reside el final de la muerte.

El cuarto obstáculo es el temor a Dios. ¿Qué verías si no tuvieses miedo de la muerte? ¿Qué sentirías y pensarías si la muerte no te atrajese? Simplemente recordarías a tu Padre. El cuarto obstáculo a superar pende como un denso velo ante la paz de Cristo. No obstante, a medida que su faz se revela tras él, radiante de júbilo porque El mora en el Amor de su padre, la paz descorrerá suavemente el velo y se apresurará a encontrarse con Él y a unirse finalmente a Él. Este velo, que la creencia en la muerte mantiene intacto y que su atracción protege, es el más tenebroso de todos. La dedicación a la muerte y a su soberanía no es más que el voto solemne, la promesa que en secreto le hiciste al ego de jamás descorrer ese velo, de no acercarte a él y de ni siquiera sospechar que está ahí. He aquí tu promesa de jamás permitir que la unión te haga abandonar la separación; la profunda amnesia en la que el recuerdo de Dios parece estar totalmente olvidado; la brecha entre tu Ser y tú: el temor a Dios, el último paso de tu disociación.  Observa cómo la creencia en la muerte parece salvarte. Pues si ésta desapareciese, ¿a qué le podrías temer, sino a la vida? La atracción de la muerte es lo que hace que la vida parezca ser algo feo, cruel y tiránico. Tu miedo a la muerte no es mayor que el que te le tienes al ego. Ambos son los amigos que tú has elegido, ya que en tu secreta alianza con ellos has acordado no permitir que jamás se revoque el temor a Dios, de modo que pudieses contemplar la faz de Cristo y unirte a Él en Su Padre.

Cada obstáculo que la paz debe superar se salva de la misma manera: el miedo que lo originó cede ante el amor que se encuentra detrás, y así desaparece el miedo. El deseo de deshacerte de la paz y de ahuyentar a tu alma se desvanece en presencia del sereno reconocimiento de que amas a Dios. La exaltación del cuerpo se abandona en favor del espíritu, al que amas como jamás podrías haber amado al cuerpo. Y la atracción de la muerte desaparece para siempre a medida que la atracción del amor despierta en ti y te llama. Desde más allá de cada uno de los obstáculos que te impiden amar, el Amor Mismo ha llamado. Y cada uno de ellos ha sido superado mediante el poder de atracción que ejerce lo que se encuentra tras ellos. El hecho de que deseases el miedo era lo que hacía que pareciesen insuperables. Más cuando oíste la Voz del Amor tras ellos, contestaste y ellos desaparecieron.

 



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