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SILENCIO PDF Imprimir E-mail
Escrito por SANTIAGO ROJAS POSADA   


Tomado del libro Desintoxícate

El hombre se adentra en la multitud para ahogar el clamor de su propio silencio.
Así como el organismo se purifica con el ayuno, y muchas veces el cuerpo no manifiesta hambre como medida para poder eliminar las toxinas, lo mismo le pasa a la mente, la emoción y la energía por medio del silencio. Gracias a él, podemos retirar lo que nos sobra a estos niveles de manera segura y profunda; por eso, nuestro ser nos pide el silencio en todas las formas.


Para acercarse a él, es bueno tomar conciencia del todo el ruido exterior que acompaña nuestra vida. El ruido de los carros y las motos de las llaves se acompaña del alto volumen de la radio o la televisión dentro de nuestros hogares. Cada aparato que utiliza electricidad emite su cuota propia de sonido, que se puede percibir con solo poner un poco de atención. Si salimos a un restaurante o a un supermercado, nos vemos inmersos en el murmullo permanente de fondo, acompañado de nuestro parloteo contante y del timbre frecuente de los celulares con los ringtones más variados, en competencia permanente.

Sin embargo, el ruido más molesto es el propio, o sea, el de nuestros pensamientos, que nunca dejan de producirse y que si le ponemos mucha atención, logran agobiarnos.

Afortunadamente, así como existe el ruido, el silencio también, pues la vida busca el equilibrio entre las fuerzas opuestas y complementarias que la constituyen, solo que, a veces, notamos solo una de las dos partes de la realidad. Así que acceder al silencio interior cuando haya ruido exterior es posible si ponemos toda la atención al ruido por unos segundos, ya que por defensa automáticamente nos centramos en otro punto de atención sin notar el ruido. Esto se puede comprobar poniéndole atención al sonido de un aire acondicionado ruidoso al momento de dormir, por ejemplo; luego de unos instantes, dejaremos de oírlo y nuestra atención estará en el interior.

Recomiendo buscar momentos de silencio exterior varias veces al día y no hacer nada para llenarlos de hechos del mundo interior, ya que en el silencio buscado es que se encuentran las verdaderas raíces de la capacidad de crear todo lo necesario y valioso para la propia viada. Esto se debe hacer en medio del bullicio, sin renunciar a vivir en él, sino, por el contrario, en medio de este, como quien dice, permaneciendo en calma que existe en el ojo del huracán.

Estos momentos de bullicio dentro del día se pueden complementar en noche, sin ruido exterior, sin televisión ni radio, y se pueden ampliar a los fines de semana y las vacaciones, donde la cura del silencio fortalece de tal manera, que se queda recargado para intensas jornadas de ruido. Si en realidad aprende a buscar y a disfrutar el silencio exterior; estará  en la línea de usar la meditación como medio seguro para lograr el silencio interior que complementa, de manera eficaz, el reconfortante momento de paz absoluta que se alcanza por medio de esta práctica.

Por medio de la búsqueda del silencio, se podría entrar en un mundo esencial y transformador. Si llegamos y permanecemos allí, lo buscáramos muchas veces más para concejo y compañía, pues sabremos que lo que el sabio Confucio enseño es real: “Él es el único amigo que jamás traiciona”.

Podríamos empezar por definir el silencio como la ausencia de cualquier sonido; sin embargo, solo estaríamos diciendo lo que no tiene y no lo que en realidad. Así que la única forma de saber que es el silencio es llegar a él y conocerlo directamente.

Según mi experiencia, compartida por amigos muy especiales que han evidenciado su existencia plena, hay varias reflexiones sobre el silencio que quiero compartir.

¿QUE ES EL SILENCIO
?

El silencio es el espacio que permite la libertad; siempre nos lleva a la luz y a la claridad de todo. Todo lo sabe, por esto, comúnmente, se evade. Nos espera siempre, pues es la antesala de todo.

Es la gran motivación de los sabios, es la cumbre alcanzar, donde está el espejo de la verdad y la ermita de la reflexión, así como el valle libre donde habita la propia identidad. Es el norte que se requiere conquistar, el sur que se quiere recordar, el oriente que se alba y el occidente por el cual trabajar.

¿CÓMO ES EL SILENCIO?

Este se conoce solo cuando se vive, así sea que se acepte solo algo de su ausencia, pues es imposible de abarcar, como la inmensidad, dado que el silencio no tiene altura, carece de abismos, no relojes, se rige por tiempo, siempre esta y nunca se va. No tiene fronteras, es extenso, nunca se termina de recorrer y con cada paso que damos en él, más distante se hace su horizonte. Se entra en él, pero nunca se posee. Tiene todos los colores, pero no lo rige ninguno. Es el punto medio de toda  distancia y el centro de todo recorrido. Es sutil, No niega, y sin embargo todo lo afirma; da todo y nunca miente.

¿QUE TIENE EL SILENCIO?

Tiene el agua fresca llamada existencia. Tiene la sutil caricia, la cima del triunfo y la compasión bondadosa. Tiene la fuerza de la templanza. Su secreto es la sombra, su sonido es el verbo y su estancia infinita.

De todo guarda, porque de todo tiene. Se hace barca del peregrino, el aliento que motiva y el ideal mismo de los sueños. Desconoce la orfandad y llama poder al intento. Su apellido es la virtud y su esencia la libertad.

¿QUE SE ENCUENTRA AL ESTAR EN EL SILENCIO?

El lecho donde se encuentra el descanso. Allí está el faro que ilumina en la oscuridad que tengamos en la vida. Por eso, nos libera y desintoxica.
De su agua beben todas las conciencias, de su fuego se nutre la luz en todas sus manifestaciones.

Ante el justo se presenta y del inconcreto huye. Al inocente le regala su magia, al prudente su triunfo, al humilde su trono y al triste la esperanza. Sostiene al enfermo, fortalece al débil y conforta al tímido. Es entonces el  árbol que todo entrega, la sombra que refresca y, si es necesario, es el mismo que calienta.

Al dormido lo despierta y al despierto lo activa. Decapita a la indiferencia, detiene  a lo precipitado, danza con el movimiento y se aleja con la quietud. Con  el amor se ilusiona y con la traición desaparece. Pacta con el propósito y al miedo destierra. De la verdad se hace espejo y de la mentira tumba. Nadie puede engañarlo, porque al mercader apresa. De su esencia todo presta, al correcto premia, y al fatuo inquieta.

CALLAR

No es lo mismo el silencio que callar. Algunos sabios llaman “callado tiempo” a ese acto de callar, impuesto por otros o uno mismo, motivado por el miedo, la debilidad o la  incapacidad y que produce alta toxicidad interior, con sus respectivos malestares y sufrimiento.

Hay ocasiones en las que sí es correcto callar, reconociendo la sabiduría popular de que uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice. Es apropiado cuando guardamos secretos que  nos corresponden respetar, o cuando evitamos un conflicto innecesario al no entrar en discusión sin sentido con otra persona. También lo es si nuestro lenguaje va a  ofender, o busca lesionar o engañar a alguno. Muchas veces es prudente y sabio callar si no se tiene nada valioso que decir.

Sin embargo, cuando estamos obligados a callar por la imposición, entramos en la toxicidad que nos da el “callado tiempo” Así como entrar  en el silencio verdadero es una estrategia desintoxicadora muy profunda de la mente, la emoción y la energía, en este caso, se logra la liberación de lo que nos atormenta; y si no se puede hacer mediante la palabra hablada, se puede mediante la escritura, o como muchos artistas lo han realizado desde siempre, mediante la obra artística que expresa todo lo que acontece en el interior y que era esclavo del callado tiempo.

Siendo el silencio la expansión  sin límites,  la misma esencia de Dios con la verdad que expresa, si algo se contrae, limita o controla, ya no es de él; es  parte esclava del callado tiempo. El silencio nada ata. Por eso, no importa lo que se calle y la maldad que un ser haga aunque no se sepa; el callado tiempo no lo podrá guardar por siempre y, algún día, el silencio le dará su libertad.

SOLEDAD

Hay que diferenciar la soledad del aislamiento, que es el abandono como consecuencia del estilo de vida moderno que millones de personas están obligadas a padecer hoy en el planeta. Por soledad, me refiero  a esa búsqueda consciente del mundo exterior, por  cortos, medianos o largos periodos.

Muchas veces se dice que la soledad es la esposa del silencio y como hacen una muy buena pareja, son inseparables. La soledad en realidad no es la esposa del silencio, es el mapa para llegar a la verdadera esposa del silencio, que es la esencia. Entonces, la soledad es el camino que conduce a la esencia, a la esencia misma del silencio.

Para mí, la soledad es la luz que suma en edad el resultado de la obra hecha en la vida, porque me gusta jugar con las palabras para buscar significados más completos. Así, la soledad seria la edad del sol.

Si se sigue el juego, la luz se puede igualar al tiempo, ya que el tiempo depende en realidad de la luz. Así podríamos decir que si se sabe cuánta luz tiene alguien, se podrá saber su verdadera edad, la de sus conciencias.

¿Quien interpreta mal la soledad?
El que no está en la mitad, en su propio centro, así ni ve la luz, ni sabe su verdadera edad. Sumando al sol con la edad, el resultado será la esencia. Si el centro, además del resultado, comprendido entre el sol y la edad es la esencia, no tengo problema con identificar la plenitud del ser. Como esencia, me reconozco y, por lo tanto, el sentir me dice dónde estoy en mi vida. Aquel que rechaza a sus padres renuncia a su título de hijo Por lo tanto, para hallar la esencia hay que ser peregrino del silencio, caminando con la luz de sus conciencias.

¿Quién le teme a la soledad?
El que no entiende el conocimiento. Toda pareja engendra algo por el mismo poder de la creatividad. ¿Qué podría engendrar el entendimiento del conocimiento? La sabiduría. Esta es el parto de la trascendencia. Entonces, le teme a la soledad aquel mismo que le teme a la sabiduría.

¿Quién le teme a la esencia y al silencio?
Quien le teme  a la luz que allí mora. La luz es la claridad y muestra de todo lo que señala o revela el conocimiento, ya que todo lo ve. La edad es lo que trae el entendimiento con comprensión y vivencia de lo conocido. Soledad es conocimiento más entendimiento pleno, lo que da la sabiduría.

Así tener edad en la vida, a nivel de cualquiera de nuestras conciencias, la naturaleza misma nos demandara la luz que debemos emitir. Si pensamos que somos focos de luz cuya función es iluminar, a medida que avanza el tiempo, nuestra luz será cada vez más necesaria en la oscuridad reinante.

En resumen, la soledad es el camino sabio que nos lleva a la esencia misma del silencio. Si mediante el ayuno purificamos al cuerpo, mediante el silencio purificamos el ser.
 

 



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