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TU ESTILO DE PATERNIDAD PDF Imprimir E-mail
Escrito por PHIL MCGRAW   

Tomado del libro La Familia es Primero

“Educar niños es en parte felicidad y en parte gerrilla” Ed Asner

A Bonnie le palpita la cabeza, señal de una migraña debilitadora. Las venas del cuello se le hinchan de gritar y llorar. Esto siempre pasa como consecuencia de una de esas peleas agrias con Tammy, su hija de 16 años. Bonnie soltó un ultimátum que encendió a Tammy como cerillo. Había vidrios rotos regados por todo el piso de la cocina, “casquillos” de la ventana que se rompió cuando Tammy azotó la puerta tras salir encolerizada de la casa. Esta batalla, como muchas otras, surgió a raíz del novio de Tammy, a quien Bonnie no aprueba. Cuando las conversaciones se dirigen en esa dirección, y en detalles de su relación, Bonnie exige que terminen. ¿Qué Tammy no puede ver que él no es bueno? ¿Qué no puede darse cuenta que él sólo quiere ver qué saca? ¿qué no puede ver que es una basura? Es la misma batalla, sólo que ahora es el séptimo u octavo round.


Sabiendo que Tammy se dirige hacia una ruptura de corazón segura, Bonnie ha tratado de evitarle un dolor innecesario. Ella no puede, ni podrá sentarse sin hacer nada y permitir que su hija experimente un choque emocional. Con Bonnie, todo se trata de eficiencia. Ella sabe la respuesta; ella la da. No mide las palabras; aborda al punto y con frecuencia, trata de forzar a su hija a que acate su forma de pensar. De manera abiertamente hostil, Tammy resiente el deseo de Bonnie de administrar todo en su vida. Tammy ve a su mama como controladora y dictadora, alguien que no se dará por vencida. Sus interacciones son confrontadoras, y ninguna está dispuesta a hacer compromisos. Desgraciadamente, su experiencia como familia es de frustración, una lucha de poderes sin fin. Aunque madre e hija están constantemente de mal humor, ambas son muy parecidas. El comportamiento de Tammy tiene una gran similitud con el de su madre.

De lo que ha leído hasta ahora, ¿la situación es tan inestable como parece? Depende de cómo se mire. ¿Bonnie está equivocada al emitir pensamientos e instrucciones claras y directas si ella cree que tiene las respuestas? La respuesta es no. ¿Tammy está equivocada al estar confiada, segura de sí misma y segura de que ella puede tomar decisiones informadas e inteligentes? Absolutamente no.

El problema real aquí no es la situación con ninguno de los individuos; el problema se basa en la diferencia de estilos. Bonnie es lo que se conoce como padre autoritario. Ella manda con mano de hierro, aunque es amorosa y cariñosa. A Tammy no le gusta el conflicto, pero se siente forzada cuando su madre trata de dominar. Ambas tienen cualidades específicas en sus personalidades y no necesariamente deberían cambiarlas. Lo que Bonnie necesita es entender es el viejo dicho “Sobre gustos, no hay nada escrito”. Se tiene que acercar a la gente de manera diferente, y su hija no es la excepción.

El hermano más chico de tammy, Bobby, es la antítesis absoluta. Él es el niño más pasivo y desmotivado que puede haber. Este niño nunca gritaría “fuego” si estuviera en llamas. Bonnie tiene la misma actitud y se acerca a él de la misma manera que con Tammy: estableciendo límites, diciendo y obligando a cumplir reglas y siendo directa y, de manera muy diferente, funciona de maravilla con Bobby. A él le gusta ser dirigido tanto como a Bonnie le gusta imponerse. Encajan bien el uno con el otro, y rara vez entran en conflicto. Es importante notar que en ambos casos, hay una diferencia en los estilos de personalidad y que el de Bonnie funciona para un hijo, pero no para el otro. Dos niños diferentes. Dos patrones de respuesta muy diferentes al de su madre.

Cada padre y cada hijo, sin excepción, tienen una forma de interactuar con el otro. Algunas veces, esas interacciones son altamente positivas y afirmativas, y otras son volátiles y contraproducentes. Su estilo –ya sea que encaje o choque con el de su hijo- influye las dinámicas de relacionarse en su familia en general.

Piense en algo conmigo por un momento: Suponga que usted ha estado tratando de que uno de sus hijos se abroche el cinturón, que comience a estudiar más y se enfoque en las calificaciones; sin embargo, nada de lo que hace para solucionar estos problemas funciona. De hecho, “las discusiones” siempre avanzan hacia la frustración, confrontaciones sin ganar, en donde ambos terminan enojados y molestos. ¿Le suena familiar? Pero de repente, usted entiende cómo cambiar el patrón. Presiona los botones correctos –y lotería- su hijo o hija que ha estado flojeando, comienza a hacer su tarea, saca mejores calificaciones y es más confiado en la escuela. Usted ha resuelto el problema, y con eso, ha motivado a sus hijos a que hagan lo que quiere o necesita que lleven a cabo. Hay una sensación de paz en su hogar, de triunfo en sus hijos y de conexión con su familia que hacía mucho tiempo que no estaba ahí. Sus vidas, su vida familiar, son diferentes de inmediato.

Tras hacer leído esto, usted puede pensar, “Phil, ¿Cuál es el secreto, cuál es la fórmula mágica” Quiero resolver estos problemas, pero no sé cómo. ¡Estoy cansado de darme topes en la cabeza con mis hijos todo el tiempo!”

La habilidad para solucionar problemas de manera efectiva en su familia no está restringida por ninguna fórmula mágica, ni es sólo accesible para unos cuantos elegidos. Es cuestión de entender algo llamado estilo de paternidad y adaptarlo para que encaje con el comportamiento de su hijo y así crear compatibilidad. Esta es una necesidad fundamental si usted quiere comenzar a trabajar hacia un cambio real en su familia.

Como expliqué anteriormente, usted es el administrador de su sistema familiar, de la misma forma como las compañías, negocios u organizaciones tiene administradores y supervisores. El trabajo de un administrador es resolver problemas, así como motivar y educar a sus mandos y sus empleados. Como padre, usted también tiene cargos –sus hijos- y usted está administrándolos como un gerente supervisa su equipo. Tal y como lo hacen los administradores, cada padre tiene una cierta manera de relacionarse y administrar a sus hijos. Cada padre tiene un modus operandi, una actitud de acercamiento; ciertos comportamientos y acciones que eligen cuando lidian con sus hijos. Esta manera de administrar, este estilo de paternidad, es particularmente importante para que usted entienda porqué puede usar su conocimiento y perspicacia para dar forma y determinar cómo le responderán sus hijos.

 

 

ESTILOS DE PATERNIDAD

Hay tres estilos, maneras o niveles principales de administrar la forma de lidiar con nuestros hijos. Aunque invariablemente hay un estilo dominante que nos define ante los ojos de nuestra familia, ningún estilo es necesariamente permanente, y puede ser alterado para ajustarse a la interacción familiar. En otras palabras, nosotros elegimos estilos diferentes en situaciones y circunstancias diferentes.

AUTORITARIO. Este padre le dice a su hijo qué hacer y qué no hacer; las reglas son claras y normalmente inflexibles. No sería sorprendente encontrar que un padre autoritario controle la mayoría de los procedimientos en la toma de decisiones de su familia. Utilizando el estilo autoritario, el padre establece metas familiares, otorga recompensas y maneja el castigo, y lo hace de manera inteligente y, con frecuencia, no lo hace de manera arbitraria. No hay ambigüedad absoluta en términos de lo que se espera, quién hace qué en la familia o cómo será disciplinado el mal comportamiento. El estilo autoritario a veces tiende a ser confrontador.

EQUITATIVO. Usted otorga a sus hijos un papel en la toma de decisiones; su familia opera como un equipo, y las decisiones son democráticas hasta cierto punto. Su familia entera está involucrada en establecer metas, tomar decisiones y, normalmente, hay una atmósfera de comunicación efectiva y espíritu de equipo. El estilo equitativo de paternidad es normalmente exitoso en los compromisos de negociación.

Un padre equitativo cree en dar opciones a los hijos. Los niños aprenden que sus opciones y pensamientos cuentan. Las reglas en la casa son simples, con consecuencias razonables si se rompen, y los niños entienden las razones que existen detrás de las reglas. Sin embargo, hay espacio para la flexibilidad. Si la hora de un niño para ir a la cama es 8:30pm, puede ser extendido si hay un programa especial en la televisión que quiere ver. Generalmente, un padre que utiliza este estilo es responsivo, atento y sensible a las necesidades de los niños. La disciplina se ve como una oportunidad para enseñar.

PERMISIVO. Generalmente, usted tiene un acercamiento más suave, interviniendo sólo cuando sus hijos se salen del camino o se meten en problemas. Mantiene a sus hijos dentro de los límites anchos, además del trabajo para hacer que todo parezca como si fuera idea de su hijo y así darles mucha propiedad.

Al adoptar este estilo, usted actúa compasivamente, con empatía y de modo motivador. Usted tiene la habilidad de aprovechar las motivaciones internas de sus hijos, tales como la necesidad de mejorarse a sí mismos, conseguir mayores logros de metas personales e incluso, la culpa. Como resultado,  usted sabe cómo presionar los botones correctos para llevar a su hijo en la dirección correcta. Muchos grandes inventores y figuras deportivas tuvieron madres permisivas que mantuvieron este patrón primario, incluyendo a Lance Armstrong, Thomas Edison y Albert Einstein.

Los tres estilos describen maneras efectivas, aunque muy diferentes, de lograr que el trabajo de la paternidad se realice. Siempre y cuando trabajen, el tren se mueve hacia adelante y la vida familiar tiene un ímpetu positivo. Administrar a sus hijos es en gran medida cuestión de estilo, de cómo llegar a donde quiere.

No hay bueno o malo, ni cierto o falso, no hay un “mejor” estilo, porque nuevamente, depende del niño que esté guiando. Cada uno de sus hijos tiene tendencias, resistencias y temperamentos que son distintivamente suyos. Debido a esta originalidad, aun los niños dentro de una misma familia tienen un estilo diferente en cómo se involucran con usted. Como Tammy en el estudio de caso abierto, algunos niños son vistos como Rebeldes: un niño que parece resistir la autoridad, quiere las cosas a su manera o es muy independiente y directo. Otros niños son Cooperativos. A ellos les gusta compartir y ayudar a otras personas; ellos son “jugadores de equipo”. Luego encontramos al niño Pasivo, como Bobby en el estudio de caso. Ellos necesitan dirección, comunicada de manera clara, uniendo los puntos. No tienen iniciativa propia por ninguna parte de la imaginación.

En resumen: cuando usted conoce los estilos de sus hijos, podrá descifrar qué los hace comportarse de cierta manera. Usted tiene que conocer a sus hijos para moverlos.
 



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