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PATERNIDAD CON CLARIDAD PDF Imprimir E-mail
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Escrito por PHIL MCGRAW   

Tomado del libro La Familia Es Primero

“Si no habla con su hijo de las cosas pequeñas, ellos no le hablarán de las cosas grandes” Jay McGraw

USTED RECIBE LO QUE DA. Es importante que reconozca la regla de la reciprocidad. Si usted es respetuoso, genuino, abierto y honesto con su hijo, es factible que él lo trate de la misma manera. Usted recibe lo que da. Sé que a veces eso es muy difícil de lograr. A veces nuestros hijos dicen cosas o toman posturas tan sorprendentes que enloquecemos. No caiga en la trampa. Caer sólo cierra la comunicación y hace que los vecinos llamen a la policía. Siempre me sorprende más cuando ese mismo padre me mira de frente y dice: “Mi hijo es tan irrespetuoso, grita, despotrica y avienta cosas”. Bueno, ¿Y qué esperaba? Usted recibe lo que da.


Recuerde, su meta es comunicarse, no dominar. Hacerles entender el punto es más importante que reafirmar su control sobre ellos. Piense de esta forma: si domina y dicta, puede tener completo y perfecto control de su hijo, siempre y cuando esté parado justo a su lado. ¿Pero qué va a pasar al día siguiente, cuando su hijo esté en los juegos y usted en su casa u oficina? ¿O qué tal la siguiente noche o fin de semana que sus adolescentes hayan salido solos y usted no esté ahí en todo su autoritario y dominante esplendor dictatorial? ¿No cree que tendría una mejor oportunidad de influir en sus hijos a largo plazo si logra persuadirlos de ver las cosas a su manera, en vez de hacerlos estar de acuerdo en el momento, para que usted por fin se calle? Lo cierto es que, si no son persuadidos e interiorizan sus valores y creencias, su influencia paternal y control se limita a las veces en que los tenga muy bien controlados. Tal vez no le guste la idea de hacerles entender su punto de vista, pero, le guste o no, es su única oportunidad real de verdaderamente tener un impacto en su comportamiento cuando no esté cerca. Y en caso de que no lo haya notado, entre más crecen, menos tiempo tiene para estar cerca de ellos y sus decisiones se vuelven más importantes.

Ese punto se presentó recientemente en una casa cuando un adolescente salió a beber después de una serie de grandes enfrentamientos con su madre, quién se había alterado al ver advertencias tempranas de que él y sus amigos estaban comprando alcohol. No hubo persuasión de parte de la madre, sólo graves amenazas de cómo convertiría su vida en un infierno si alguna vez se enteraba de que estaba pensando en tomar. Desafortunadamente, sí salió a beber… seguro que –al menos en parte- fue porque no se le dio una razón lógica para no hacerlo. Su madre nunca le dijo por qué era una mala idea; nunca le habló de las posibles desventajas de beber, sólo le advirtió que su vida sería un infierno si lo había. Una vez que tomó la decisión y se puso a bastante borracho, tenía terror de hablar a su casa y pedir que fueran por él, porque su madre había sido muy vehemente en su petición de que nunca dejara que una gota tocara sus labios y muy explícita acerca de la ira que recibiría. En lugar de eso, trató de manejar a su casa para esconder la falta y escapar de la responsabilidad. Al manejar en estado de ebriedad, causó un terrible accidente.

Trágicamente, él murió y, además, una mujer y su bebé de diez meses resultaron severamente quemados. Sólo después de ese terrible resultado, la madre consideró que si hubiera sido menos rígida y controladora y mejor hubiera tratado de persuadir a su hijo, de ponerse en su posición, hubiera tenido menos ganas de manejar en estado de ebriedad. Tal vez había estado más dispuesto a comunicarle su necesidad de ayuda. ¿Tuvo ella la culpa? Por supuesto que no. Su hijo tomó la decisión y causó el trágico resultado. ¿Pero pudo haber evitado el problema y convertirse en parte de la solución? ¿Si la comunicación hubiera sido menos dictatorial y más colaboradora y persuasiva el resultado hubiera sido diferente? Creo que nunca sabremos, pero puedo decirles que mejoraré las probabilidades de mi familia tratando de persuadir a mis hijos de manera que puedan interiorizar en vez de dictar en forma de actuar que no puedo obligarlos a cumplir.

Tener una autoridad desenfrenada y ampliamente desatendida sobre sus hijos es una gran responsabilidad, y la forma de manejar ese poder y comunicar su postura es crítica. Lo que a veces pasa, incluso con padres bien intencionados, es que cuando los niños ya tienen edad para caminar, ya escucharon una terrible cantidad de refuerzo negativo en frases como: “Eres un niño malo! ¡No, no, no! ¡No le avientes los juguetes a tu hermana!” Hay muchos menos comentarios acerca de su buen comportamiento. Los niños rara vez pueden llenar los espacios deduciendo cuál sería el comportamiento alternativo adecuado. Peor aún, demasiados padres todavía dan nalgadas y cachetadas a sus hijos, ignorando que los estudios demuestran que el castigo corporal ayuda poco al aprendizaje constructivo a largo plazo. Por el contrario, causa sentimientos de vergüenza, resentimiento, amargura y desconexión confusa. Piense desde el punto de vista del niño. Los niños creen que el deber de usted es amarlos, protegerlos y ser su refugio en lo que, de otra forma, puede ser un mundo inmensamente intimidante. Y, de repente, los está atacando y les causa dolor físico. Ellos no lo entienden, y francamente yo tampoco. ¿Infligir ese dolor inhibirá el comportamiento no deseado? A corto plazo. Pero el mensaje digno de interiorizar es insignificante, si es que lo hay. Lo que necesita comunicar, si es que su hijo se está comportando de manera inaceptable, es mucho más complejo de lo que puede trasmitir una nalgada.

Una gran cantidad de padres que creen en dar nalgadas dicen que nunca lo hacen sin darle una explicación al niño de por qué está siendo castigado. Perdón, pero ésa no es justificación para mí. Pregúntese qué tan dispuesto estaría a escuchar a alguien que le acaba de jalar el brazo y de dar varios golpes. El castigo corporal no es necesario ni la manera más eficaz de modificar la conducta de un niño. Incluso, si piensa que está bien dar nalgadas y que funciona, no puede negar que hay maneras más eficaces para conseguir los mismos resultados sin los efectos secundarios. Dar nalgadas es como cavar un gran hoyo con una cuchara sopera. Se puede hacer, pero una buena pala, resistente, filosa y con un mango largo, haría el trabajo más rápido y mejor, porque es una herramienta superior para el trabajo que hay que hacer.

Me sorprende y preocupa el número de padres que todavía usan métodos físicos para mantener a sus hijos disciplinados, pero me impactó ver que la información de mi Encuesta Nacional de Paternidad indicaba que el 44% de los encuestados admitieron que el único medio que tenían para motivar a sus hijos era gritarles.

No necesitamos adivinar que los gritos no eran parte de un evento para celebrar los éxitos de sus hijos. Hay demasiados padres que no tienen la menor idea de cómo comunicarse con sus hijos en una forma que alimente sus talentos, su confianza en sí mismos y su dignidad. A menudo he hecho que los padres, incluso aquellos que no gritan, hagan un ejercicio de verificación personal usando una hoja para registrar cuantos comentarios positivos y negativos les comunican a sus hijos durante el transcurso del día. A veces, por el bien de la objetividad, hago que un padre o un miembro de la familia simplemente ponga un signo de más (+) cada vez que una comunicación positiva sucede, y un signo de menos (-) cada vez que una comunicación negativa o crítica ocurre. Incluso con un padre amoroso y comprensivo, el desequilibrio entre comunicaciones positivas y negativas es asombroso. No es raro que un padre con un hijo de cuatro años o más tenga un registro de cero comunicaciones positivas y más de cien comunicaciones negativas por día. Una vez conté más de doscientas comunicaciones negativas de un padre en menos de dos horas en el supermercado, y eso en un día en que el padre estaba de buen humor. Su meta es tener el doble de intercambios positivos que negativos con su hijo cada día. Duplique sus comentarios agradables y maximizará la oportunidad de que su hijo se convierta en un adulto seguro, confiado y exitoso. Si usted es como la mayoría de los padres, seguro piensa que personalmente no es así de negativo. Si es así, le sugiero que pruebe este ejercicio de registro de comentarios positivos y negativos, y sin alterar su comportamiento típico, permita que uno de sus hijos mayores o su pareja lleve el registro y la cuenta. A veces es difícil encontrar a su hijo haciendo algo bueno para recompensarlo con una comunicación positiva, pero esos comportamientos está allí si se toma la molestia de verlos.

 

 



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