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TUS CREENCIAS… ¿TE LIMITAN O TE IMPULSAN? PDF Imprimir E-mail
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Escrito por O’CONNOR & SEYMOUR   

Extraído del Libro Introducción a la PNL
 

Nuestras creencias ejercen una gran influencia en nuestra conducta; nos motivan y dan forma a lo que hacemos. Es difícil aprender algo sin creer que será agradable y que redundará en nuestro provecho. ¿Qué son las creencias? ¿Cómo se forman y cómo las mantenemos?

Las creencias son nuestros principios rectores, los mapas internos que empleamos para dar sentido al mundo; nos dan estabilidad y continuidad. Compartir creencias da una sensación de intimidad y comunidad más profunda que el trabajo compartido.

Todos compartimos algunos principios básicos que el mundo físico confirma cada día. Creemos en las leyes de la naturaleza; no saltamos desde el techo de los edificios, ni probamos cada día que el fuego quema. También tenemos muchas creencias sobre nosotros mismos y la clase de mundo en que vivimos, pero no están tan claramente definidas. Las personas no son tan estables e inmutables como la fuerza de gravedad.

Las creencias vienen de muchas fuentes –educación, creación de modelos a partir de otros significantes, traumas del pasado, experiencias repetitivas…-. Construimos creencias generalizando a partir de nuestras experiencias en el mundo y con los demás. ¿Cómo sabemos a partir de qué experiencias debemos generalizar? Algunas creencias nos vienen ya hechas de nuestra cultura y del medio en que nacemos. Las expectativas de la gente que nos rodea durante la infancia nos infunden creencias, gota a gota. Grandes expectativas (siempre que sean realistas) producen competencia, aptitud; bajas expectativas producen incompetencia, ineptitud. Creemos lo que nos han dicho sobre nosotros mismos cuando somos jóvenes porque no tenemos recursos para comprobarlo, y estas creencias pueden seguir sin que nuestros logros posteriores las modifiquen.

Cuando creemos algo, actuamos como si fuera verdad; y esto lo hace difícil de reprobar porque las creencias actúan como filtros perceptivos singularmente potentes. Los hechos se interpretan en forma de creencias, y las excepciones confirman la regla. Lo que hacemos mantiene y refuerza nuestras creencias; las creencias no son simplemente mapas de lo que pasó, sino planes o estrategias para acciones futuras.

Se han hecho pruebas con grupos de niños, divididos en dos grupos, cada uno con el mismo coeficiente intelectual (CI); se dijo a los maestros que un grupo tenía un CI más alto y que, por tanto, se esperaba que lo hiciera mejor que el otro. Si bien la única diferencia entre los grupos eran las expectativas de los maestros (una creencia), el grupo etiquetado con un <alto CI> obtuvo resultados mucho mejores que el otro grupo, según se comprobó. Este tipo de profecía de necesario cumplimiento se conoce, a veces, como el efecto Pigmalión.

Una parecida profecía de necesario cumplimiento es la del efecto placebo, muy conocido en medicina, según el cual los pacientes mejoran si creen que les están dando un medicamento efectivo, aunque sólo les estén dando placebos, es decir, sustancias inertes sin efectos médicos probados. La creencia efectúa la curación. Los medicamentos no siempre son necesarios, pero la creencia en la curación siempre lo es. Hay estudios que demuestran de manera fehaciente que alrededor de un 30 por ciento de los pacientes responden a placebos.

En un estudio, un médico puso una inyección de agua destilada a cierto número de pacientes con úlceras pépticas sangrantes, diciéndoles que era un medicamento maravilloso que les curaría. El 70 por ciento de los pacientes mostró excelente resultados, que duraron más de un año.

Las creencias positivas son permisos que estimulan nuestras capacidades. Las creencias crean resultados. Hay un dicho que reza: <Tanto si crees que puedes hacer algo como si no crees que puedes hacerlo, tienes razón>. (Henry Ford).

Las creencias limitativas por lo general giran alrededor del <no puedo…>. Vea esta frase como la simple enunciación de un hecho que es válida sólo para el momento presente. Por ejemplo, decir <no puedo hacer juegos de manos> significa que puedo (no hacer juego de manos). Es muy fácil no hacer juegos de manos; todo el mundo puede no hacerlo. Creer que <no puedo> es una descripción de sus capacidades ahora y en el futuro, y en vez de ser una descripción de su comportamiento ahora, programará su cerebro hacia el fracaso y le impedirá encontrar sus verdaderas capacidades. Las creencias negativas no tienen base experimental.

Una buena metáfora para el efecto de las creencias limitativas es la forma cómo funciona el ojo de una rana: una rana verá casi todo lo que quede en su entorno inmediato, pero sólo interpretará como alimento las cosas que se muevan y tenga una forma y configuración determinada. Es ésta una manera muy eficaz de proveer a la rana de alimentos como pueden ser las moscas. Sin embargo, como sólo objetos negros en movimiento son reconocidos como alimentos, una rana se morirá de hambre encerrada en una caja llena de moscas muertas. Del mismo modo, filtros perceptivos muy estrechos y muy eficaces pueden privarnos de buenas experiencias, aunque estemos rodeados de posibilidades excitantes, por el simple hecho de que no son reconocidas como tales.

La mejor manera de saber de lo que es capaz es pretender que uno puede hacerlo; actúe <como si> pudiera. Lo que usted no pueda hacer, no lo hará. Si es realmente imposible, no se preocupe, ya se dará cuenta de ello. (Y asegúrese de que haya desplegado las medidas de seguridad apropiadas en caso necesario.) Siempre que usted crea que algo es imposible, nunca descubrirá si es o no posible.

No hemos nacido con creencias como si fuesen el color de los ojos; las creencias cambian y se desarrollan. Pensamos sobre nosotros mismos de forma distinta, nos casamos, nos divorciamos, cambiamos de amistades y actuamos de manera distintas porque nuestras creencias cambian.

Las creencias pueden ser una cuestión de elección. Puede usted deshacerse de creencias que le limitan y construirse otras que le hagan la vida más divertida y afortunada. Las creencias positivas le permiten descubrir lo que puede ser verdad y de lo que es usted capaz. Son salvoconductos para explorar y jugar en el mundo de la posibilidad. ¿Qué creencias vale la pena tener de manera que le permitan alcanzar y le apoyen en sus objetivos? Piense en algunas de las creencias que usted tiene de sí mismo. ¿Son útiles? ¿Son salvoconductos o barreras? Todos tenemos creencias básicas sobre el amor y lo que es importante en la vida. Tenemos muchas otras sobre nuestras posibilidades y felicidad que nos hemos creado, y pueden variar. Una parte esencial para conseguir tener éxito es tener creencias que le permitan alcanzarlo. Creencias poderosas no le garantizarán tener éxito siempre, pero le mantendrán lleno de recursos y le harán capaz de obtener el éxito al final.

En la universidad de Stanford se han realizado diversos estudios sobre las <Expectativas de eficiencia personal>, o cómo cambia la conducta para adecuarse a una creencia. El estudio trataba de cómo la gente pensaba que estaba haciendo algo, comparándolo con lo que realmente sucedía. Se realizaron diversos tipos de tareas, desde matemáticas hasta manejo de serpientes.

Al principio, las creencias y las actuaciones concordaban, la gente actuaba como pensaba que debía. Luego, los investigadores  comenzaron a cambiar las creencias que tenían estas personas en sí mismas fijando metas, explicando ejemplos y dándoles una formación experta. Las expectativas subieron, pero las actuaciones cayeron porque estaban probando técnicas nuevas. Se llegó a un punto de máxima diferencia entre lo que creían que podían hacer y lo que en realidad estaban consiguiendo. Si los sujetos se afanaban en la tarea, su actuación alcanzaba las expectativas que se había formado; si se desalentaban, caían a su nivel inicial.

Piense un momento en tres creencias que le han creado limitaciones. A continuación, escríbalas.

Ahora mírese mentalmente en un enorme y horrible espejo. Imagínese cómo será su vida dentro de cinco años si continúa actuando como si estas tres creencias limitadoras fuesen ciertas. ¿Cómo será su vida dentro de diez años? ¿Dentro de veinte?

Tómese un momento para despejar la mente. Levántese, camine unos pasos o haga algunas inspiraciones profundas. Después, piense en tres nuevas creencias que podrían darle más poder, que podrían realmente mejorar la calidad de su vida. Puede dedicar algunos segundos a ponerlas por escrito.

Ahora imagínese que se contempla en un espejo grande y simpático. Imagínese que usted actúa como si estas tres nuevas creencias fuesen ciertas. ¿Cómo será su vida dentro de cinco años? ¿Dentro de diez años? ¿Dentro de veinte?

Cambiar las creencias permite variar la conducta, y ésta cambia más rápidamente si a usted le dan las capacidades o estrategias para realizar una tarea. También se puede cambiar una creencia de otra persona cambiando su conducta, si bien esta técnica no es tan fiable. Algunas personas no se convencen nunca mediante la repetición de experiencias; simplemente ven una serie de coincidencias desconectadas.

Las creencias son una parte importante de nuestra personalidad, aunque están expresadas en términos extremadamente simples: si hiciera esto… entonces pasaría lo otro. Puedo… no puedo… Que traducen en: Debo… debería… no debo… Las palabras se convierten en algo que obliga. ¿Cómo ganan estas palabras su fuerza sobre nosotros? El lenguaje es una parte esencial en el proceso que empleamos para entender el mundo y expresar nuestras creencias.
 



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