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LEEMOS LA MENTE DE LOS DEMÁS PDF Imprimir E-mail
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Escrito por O'CONNOR & SEYMOURE   

Tomado de Introducción a la PNL

La mente de una persona lee cuando presume saber, sin evidencia directa, lo que otra persona está pensando o sintiendo; lo hacemos a menudo. Muchas veces es una respuesta intuitiva a ciertas claves no verbales de las que nos hemos dado cuenta inconscientemente. A menudo son puras alucinaciones, o lo que nosotros mismos pensaríamos o sentiríamos en esa situación: proyectamos nuestros pensamientos y sentimientos inconscientes, y los experimentamos como si vinieran de la otra persona. «El ladrón cree a todos de su condición.» La gente que lee la mente cree, por regla general, que siempre tienen razón, pero ello no garantiza que la tengan. ¿Por qué adivinar cuando se puede preguntar?

 

Hay dos grandes maneras de leer la mente. En la primera, una persona supone saber lo que piensa otra. Ejemplos:

«Jorge es infeliz.»
«Sabía que no le iba a gustar el regalo que le hice.»
«Sé qué es lo que le motiva.»
«Estaba enfadado, pero no lo iba a admitir.»

Tiene que haber una buena evidencia de base sensorial para atribuir pensamientos, sentimientos y opiniones a los demás. Usted puede decir: «Jorge está deprimido», pero puede que sea más útil decir: «Jorge está mirando abajo a la derecha, los músculos de su cara están flojos y su respiración es superficial. Las comisuras de su boca están caídas y tiene los hombres caídos».

El segundo tipo de lectura de pensamiento es un espejo del primero y da a las otras personas el poder de leer nuestra mente, lo que podrá, entonces, ser usado para culparles de que  no nos entiendan cuando creemos que deberían hacerlo. Por ejemplo:

«Si me apreciaras, deberías haber sabido lo que yo quería.» «¿No puedes ver cómo me siento?»
«Estoy triste porque no tuviste en consideración mis sentimientos.»
«Ya deberías saber que esto me gusta.»

Una persona que use estos modelos no comunicará claramente a los demás lo que quiere; son los otros quienes se supone han de saberlo, lo que puede llevar a disputas muy serias.

La forma de cuestionar la lectura de la mente es preguntar cómo saben específicamente lo que está pensando; o, si se tratara de una lectura proyectada de la mente, cómo se suponía específicamente que usted iba a saber cómo se sentían los otros.

Cuando intente aclarar la lectura de la mente preguntando: «¿Cómo lo sabes?», la respuesta será, por regla general, alguna creencia o generalización. Por ejemplo:

—Jorge ya no se preocupa de mí en lo más mínimo.
- ¿Cómo sabes que Jorge ya no se preocupa de ti en lo más mínimo?
—Porque no hace nunca lo que di

De forma que en el modelo del mundo del hablante, «hacer lo que digo» equivale a «preocuparse por mí». Es ésta, como mínimo, una presuposición cuestionable; es una equivalencia compleja que invita a las preguntas: «¿Cómo exactamente preocuparse de uno significa hacer lo que ese uno diga? Si a usted le preocupa alguien, ¿usted hace siempre lo que le diga esa persona?».

La lectura de la mente se cuestiona preguntando: «¿Cómo sabes exactamente que...?».

 


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