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ES GRATIS LA FELICIDAD? PDF Imprimir E-mail
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Escrito por CLEMENCIA SARQUIS   

Tomado del libro Felicidad o Espejismo?

Curiosamente, en irlandés, la raíz de la palabra feliz significa azar. No pienses, en forma errónea, que la felicidad se alcanza mediante un golpe de suerte

Si aceptáramos que la felicidad nos llega por un golpe de suerte, podríamos afirmar que no se requiere ningún esfuerzo ni acto voluntario para alcanzarla; que viene dada, sin darnos cuenta de que, en realidad, es una opción personal.

Es fundamental para ir por el buen camino, comenzar por darnos permiso para ser felices y orientarnos en una dirección correcta. En mi experiencia personal he visto construir vidas felices y también lo contrario; es decir, he visto vivir la vida haciendo aquello que más disgusta y hacer sufrir, y participando de conductas que dañan.

Al intentar responder a la pregunta ¿es gratis la felicidad?, surge como respuesta que ella no cuesta dinero ni éxitos ni brillantez ni logros espectaculares, sino que se alcanza con la disposición para serlo y la capacidad de apreciar lo que se siente y no lo que falta. Más bien, está determinada, en gran medida, por el estado interior de la persona, por la significación, representación e interpretación que se le asigne a los hechos más que por los acontecimientos mismos. Saber aquello que buscamos en la vida nos permite utilizar las estrategias correctas para alcanzar las metas que nos hemos propuesto. Conocer lo que realmente nos hace felices y no el espejismo de ello facilita el camino.

Al observar a las personas felices y a quienes no lo son, he visto con sorpresa que aquellos que se dicen felices no viven de éxito en éxito. Tampoco los infelices viven de fracaso en fracaso; lo que realmente los diferencia es el modo de apreciar los hechos. Los felices disfrutan del entorno que les rodea, amplía su conciencia frente a lo que experimentan, no buscan sólo los grandes logros para disfrutar, sino que se alimentan de los pequeños momentos y regalos que nos proporciona la vida. No se reducen a pensar sólo en lo negativo que han vivido, por el contrario, buscan transformar los hechos, mirando sus aspectos positivos, y prestan atención a todo lo que les sucede y a lo que es necesario agradecer. Toman conciencia de la belleza de la naturaleza, del don de la vida, de los talentos que poseen, de lo que pueden alcanzar y de lo que tienen. Al otro lado del camino, los poco felices, desean y añoran lo que no tienen o lo que tienen los otros; están cegados a su entorno y a quienes viven en él, actitud que podría constituir una importante fuente de felicidad; por el contrario, en su ensimismamiento miope se hace cada vez más difícil la tarea.

 

Las premisas de la era industrial que proponían encarar la felicidad como el objetivo de la vida, junto con la invitación a disfrutar de ella y con los deseos individuales, se pensó que conducirían a la armonía, la paz y la opulencia; sin embargo, en efecto condujeron a la autosuficiencia, la egomanía, la egolatría y a la avaricia. Desgraciadamente para muchos, la expresión moderna de la felicidad es el poder, el dinero, el placer sensual y una comprensión errada del amor.

En la actualidad, a la gente se le promete felicidad con nueve métodos: ayudas bioquímicas como la píldora de la felicidad o a través de tratamientos quirúrgicos de todo tipo, a fin de cambiar la apariencia que nos tiene insatisfechos.

En tanto el hombre dependió alguna vez de la buena voluntad de los dioses, o en el cristianismo dependió de la salvación de Dios, los individualistas de nuestro tiempo dependen de su autoestima, la que aumentaría con el incremento del éxito externo o disminuiría con la baja de él. Todo lo anterior refleja nuestra propia realidad. Pareciera que vivimos viendo estos espejismos, enfrentados a la vana e ilusoria consecución de ellos. Tanto la belleza artificial, la felicidad automática, la egomanía, las píldoras y la autosuficiencia aparecen como los oasis que buscamos en este fatigoso desierto, esperando encontrar el “agua viva” que nos refresque. En realidad, estos son los verdaderos espejismos de la felicidad que perseguidos una y otra vez, alcanzados o no, se desvanecen.

La doctora Caroline Myss señala al respecto: “Nadie nace con la capacidad de amarse a sí mismo. Tenemos que trabajar en esto si queremos lograrlo; si no cuidamos de nosotros mismos no sólo nos envenenamos en un nivel emocional, sino que introducimos todas estas toxinas en nuestra salud y relaciones”.

Exigimos más que aquello que nos piden, ponernos exigencias más allá de nuestras capacidades, claramente nos genera incertidumbre e infelicidad.

“Un hombre dormía en su cabaña cuando de repente una iluminó la pieza y entonces apareció Dios. El Señor le dijo que tenía un trabajo para él y le enseñó una gran roca frente a la cabaña. Le explicó que debía golpear la roca todos los días con todas sus fuerzas. Durante mucho tiempo el hombre hizo lo que le pidieron sin lograr mover la roca de su lugar. Al sentirse frustrado y agotado de realizar esa tarea, comenzó a tener pensamientos negativos y a decirse que con qué finalidad lo hacía, que era mejor no esforzarse o, simplemente, dedicarse a otras tareas. Antes de poner en práctica esas nuevas ideas, decidió elevar una oración a Dios: ¡Señor, he trabajado fuerte todo este tiempo y no he logrado mover la piedra ni un milímetro. No se por qué he fracasado!

El Señor le respondió: “querido amigo, cuando te pedí que me sirvieras y tú aceptaste, te dije que empujaras la roca, pero nunca te pedí que la movieras”.

Cuando todo parezca ir mal… sólo EMPUJA. Cuando estés agotado por el trabajo… sólo EMPUJA. Cuando la gente no se comporte de la manera que te parece… sólo EMPUJA. Cuando no tengas más dinero para pagar tus cuentas… sólo EMPUJA. Cuando te sientas agotado y sin fuerzas… sólo EMPUJA. Cuando la gente simplemente no te comprenda… sólo EMPUJA.

La felicidad no cuesta dinero ni es gratis. Depende del esfuerzo adecuado que despleguemos. Muchas veces nosotros nos hacemos más difícil la tarea. En este caso no era necesario mover, bastaba simplemente con empujar.
 

 



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