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UN JOVEN CON UN PROPÓSITO EQUIVOCADO PDF Imprimir E-mail
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Escrito por SHARON M. KOENIG   

Tomado del libro Los Ciclos del Alma

Hace años conocí a un joven en un avión y comenzamos una conversación. El muchacho, muy bien vestido y con vistosas prendas, parecía tener mucho dinero. Sin embargo, por alguna razón desconocida no se le veía completamente feliz, estaba muy nervioso. Al conversar con él, tuve la intuición que se trataba de un narcotraficante, ya que, entre otras cosas, me comentó que admiraba a los narcotraficantes de su barrio porque “hacían más por los demás que los mismos políticos”; pero su tono cambió radicalmente cuando me mostró la foto de su hijo pequeño y me confirmó que era lo más importante para él. En este instante de nuestra charla su expresión se entristeció. En su interior sabía que nunca iba a ser capaz de decirle a su hijo a qué se dedicaba.


Ese joven sabía que su trabajo tenía consecuencias nefastas en la vida de miles de jóvenes y de sus familias. También sabía que siguiendo la ley de causa y efecto en algún momento tendría que derramar sus propias lágrimas por cada muerte que había causado. Sin duda, las lecciones le serían mostradas de diferentes formas hasta que se diera cuenta, sin quedarle la más mínima duda de su corazón, que nadie puede enriquecerse a costa de la infelicidad de otros. Durante dos horas hablamos de diferentes temas, intenté concentrarme en sus dones y hacerle ver que él también tenía cualidades, pues si las tenía para hacer negocios con drogas, asimismo las podría tener para hacer negocios con cualquier otro producto positivo para la humanidad. Cuando me despedí, invoqué a todos los ángeles para que le guiaran y protegieran a su familia y tuve la sensación de que aquella conversación había cambiado su vida para siempre.

LA LEY DE LA COMPENSACION. En la actualidad cientos de miles de personas están perdiendo sus trabajos y sus negocios, lo cual no es otra cosa que el producto de la ley de compensación, expresándose en su máximo esplendor, pues según esta ley del universo no se permite desperdicio, ya que todo se utiliza, todo se recicla, todo se transmuta para utilizarse de nuevo en otra forma. Si estás en el trabajo equivocado, donde tu propósito, tu talento y tus energías no están siendo aprovechados al máximo y para el bien común, este ciclo terminará para darte la posibilidad de avanzar hacia tu lugar ideal, pues El Plan te necesita. Tu talento y tu propósito son importantes. Busca en tu interior y verás cómo el cambio es, en realidad, una bendición.

La crisis actual no es otra cosa que los intentos de la balanza para equilibrar el mundo. No se puede retirar dinero indefinidamente de la cuenta del banco, dado que en algún momento ya no habrá. Tampoco se puede abusar de la abundancia de la tierra sin causar su esterilidad; tampoco puedes desperdiciar tu energía sin reponerla, pues al final tu falta de energía creará la enfermedad. Lo mismo ocurre con nuestro espíritu. Si no lo nutrimos por medio de buenos pensamientos, oraciones, meditación, naturaleza y servicio, de forma irremediable caerá en una bancarrota espiritual.

Si eres de los que han perdido algo en este momento, quédate tranquilo, no te afanes y sólo obsérvate, pues a pesar de la aparente quietud el péndulo continúa moviéndose. Si estás con Dios estarás siempre protegido y recuerda que quien ha sufrido tarde o temprano recibirá una alegría; quien ha perdido un negocio ganará tiempo con sus nietos; quien ha perdido a un ser querido recibirá la noticia de un nacimiento. Pues aunque la vida es un eterno cambio, lo que sí es completamente cierto es que nunca perdemos algo sin ser debidamente compensados a través de la ley de la compensación: “Toda acción tiene una reacción de la misma intensidad en sentido contrario” Isaac Newton.

El universo funciona entrelazando su energía siempre trabajando para el bien mayor. La materia prima del universo no es de propiedad exclusiva. Imagina qué pasaría si una célula de tu cuerpo decidiera trabajar sólo para sí misma, sin tomar en cuenta el resto del cuerpo. Esta, por su egoísmo, no compartiría su energía, ni su misión, por lo que se convertiría rápidamente en una célula destructiva, o cancerosa, que muy pronto terminaría enfermando al propio medio que la mantiene viva.

Lo mismo ocurre con las personas cuando solamente piensan en su beneficio. Al robarle al gobierno te robas a ti mismo, al destruir el planeta, destruyes tu propia casa, y al no pagarle el sueldo justo a un empleado, te dañas a ti mismo, pues al no respetar los derechos de los otros, o al comprar un producto robado, o por medio de un comercio injusto, te estafas a ti mismo. De la misma manera, al no utilizar tu propio talento también le quitas al mundo y a los demás la oportunidad de disfrutar de tu don. Pues eres como esa célula, aparentemente pequeña e insignificante, pero única en su misión. Recuerda que el Todo no podría ser el Todo si no existieras tú y si no compartieras tu misión con los demás.

 

Es un error pensar que el hecho de encontrar el propósito siempre traerá fama, reconocimiento y éxito material, aunque a algunos sí les toca brindar su talento a gran escala. No hay nada malo en eso, tienes derecho a toda recompensa, pero ése no debe ser el fin principal. No obstante, si ésa es tu única intención, no importan los éxitos que alcances en la vida, sentirás un vacío y una constante insatisfacción.

Sin excepción, el verdadero y más alto propósito es tu despertar a través de la conexión con el verdadero plan que Dios tiene para ti. Elevar tu conciencia para lograr esa conexión con Su plan, será la única forma y el único medio por el cual puedes encontrarte a ti mismo. Antes de tener, primero hay que experimentar el ser, para luego hacer con la intención adecuada y al final obtener los frutos que corresponden.

El verdadero propósito es diferente, cuando lo encuentres, lo compartirás con otros como un servicio, un placer, pero cuando lo pierdes sentirás un profundo vacío y una constante insatisfacción. La intención y la acción de ayudar a los demás por medio de tu regalo hacen que tu vida fluya, esté colmada de verdadero éxito y sea plena.

El mundo te necesita ahora más que nunca. No pierdas tiempo mirando la televisión o navegando en Internet, o quejándote del gobierno o de ese trabajo que no te gusta. Haz algo, arregla ese no sé qué que continuamente te incomoda y te persigue. El silencio, la meditación, pasar tiempo a solas, la naturaleza, el observarte a ti mismo y el reflexionar te darán una pista de cómo y de qué forma utilizarás tu talento para ayudar a los demás. Lo más importante es preguntarle frecuentemente a Dios cómo puedes servir y ser útil a los demás. El mundo está bendecido por los regalos y los dones de seres que nunca serán conocidos, algunos con muchas o pocas riquezas materiales, pero todos tienen en común que han logrado su misión en el anonimato.

Realmente no es importante el cargo que tengas: camarero, presidente o doctor. Lo importante es que expreses tu don con amor, que disfrutes de lo que hagas, que saborees cada momento y que nunca lo hagas por deber, ni para tu único beneficio o por reconocimiento.

En la vida práctica: Cómo vivir tu propósito

Existen algunas preguntas que ejercen de guía hacia tu propósito:

•    ¿Qué haces mejor que muchos otros y sin gran esfuerzo?
•    ¿Para qué te buscan los demás?
•    ¿En qué eres experto aunque no sea tu trabajo principal?
•    ¿En qué eres extremadamente organizado?
•    ¿Qué te gustaba hacer de niño?
•    ¿Qué actividad puedes hacer durante horas sin que te des cuenta de que pasa el tiempo? ¿Qué trabajo harías aunque no te pagaran un sueldo?
•    ¿Qué experiencia de adulto o de niño marcó tu vida?
•    Si tuvieras todo el dinero y el tiempo del mundo, ¿qué harías?
•    Si tuvieras la oportunidad de tener otra vida y estar solo en un lugar donde nadie te conozca, ¿qué harías?
•    Si te quedaran sólo cinco años para vivir, ¿qué harías en ese tiempo?

Tu propósito es un pacto que has hecho en el cielo, la razón que da sentido a tu vida, la excusa perfecta para llegar a amar (ser), perdonar y servir (hacer) que te llevará a dar y recibir amor, agradecer y disfrutar plenamente todos tus ciclos, sean placenteros o no (el verdadero tener).
 
 

 

 



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