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ADICCION A LA COMIDA PDF Imprimir E-mail
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Escrito por DEEPAK CHOPRA   

Tomado del libro Vencer las Adicciones

Los recién nacidos lloran. No saben por qué lloran, pero sí saben que hay algo que está mal, algo les molesta. La madre de un recién nacido sabe que el niño tiene hambre, y que eso es fácil de solucionar. En cuanto los labios del niño se cierran sobre el pezón, y la leche comienza a fluir, ese algo que estaba mal empieza a desaparecer. Donde antes había dolor, ahora hay placer. Esta vez, el niño tampoco entiende el mecanismo en acción. Sólo sabe que comer le hace sentirse mejor, y esta relación es inolvidable para cualquier ser humano.


La naturaleza dispuso que la incomodidad producida por el hambre disminuya con el alimento. Pero, ¿qué pasa con la provocada por las presiones del trabajo? ¿O por la soledad, o la rabia? ¿Qué sucede con el dolor emocional que provoca el grave exceso de peso…? ¿Ese dolor puede ser aliviado por medio de alimentos? Por supuesto que la respuesta a corto plazo es afirmativa, del mismo modo que también pueden resolverse esos problemas, en forma momentánea, con un trago de alcohol o una inyección de heroína. Pero estos paliativos son, en realidad, regresiones a un estado de dependencia infantil, intentos de recuperar la sensación que experimenta un recién nacido que llora y que, de repente, de manera milagrosa, se siente mejor. Por desgracia, en este aspecto no podemos <volver al hogar>. Con respecto a la adicción a la comida, podemos extraer la siguiente lección: de adulto, no trate de resolver los problemas como lo hacía cuando era niño.

Si se siente desdichado en el trabajo, es preferible que hable con su superior. Si no está satisfecho con una relación, exprese lo que siente. Y si, en realidad, tiene hambre, sin tener en cuenta si está con sobrepeso o no, coma sin dudarlo. Pero si no tiene hambre, no coma.

¡Si no tiene hambre, no coma! Quisiera subrayar este punto, porque es la clave para superar la adicción a la comida. ¿Hará falta destacar los placeres de la comida? Por cierto,  hay personas, como Albert Einstein, que tienen muchas cosas en qué pensar, pero la mayoría de nosotros obtenemos gran felicidad del hecho de comer. Con todo, cuando comer se convierte en la fuente principal de felicidad, o incluso en la única, estamos ante la presencia de problemas. Como sucede con otros comportamientos adictivos, el desafío de superar la adicción a la comida se basa en encontrar placeres positivos, reales. No sólo es cuestión de comer menos sino también de hacer algo agradable en lugar de comer. Recuerde: ¡Si no tiene hambre, no coma! Esto no será necesariamente fácil, al menos al principio, y le exigirá cierta concentración. Pero si aprende a escuchar a su cuerpo y a entender sus mensajes, podrá convertir esta sencilla oración en un principio que le cambiará la vida.

Si ha estado luchando contra la adicción a la comida durante un tiempo, tal vez haya olvidado, en sentido literal, cómo distinguir la genuina hambre de alimentos de esos otros antojos <disfrazados>. El hambre verdadera es una señal que proviene del interior del cuerpo, que dice que el organismo está preparado para ingerir y metabolizar alimento. Hay muchas otras necesidades, insatisfacciones o ansias que pueden impulsarlo a llevarse a la boca alimentos que se almacenarán en forma de grasa. Para aprender a distinguir el hambre verdadera, tendrá que ser consciente. Deberá aprender a convertir actos de comer automáticos, reflejos, en otros conscientes, reflexivos, y hay una técnica asombrosamente simple para ayudarle en esto. Si se atiene a ella las dos semanas que siguen, no sólo comerá con más sabiduría sino que también podrá prestar atención a su cuerpo de un modo esencial en lo que se refiere al enfoque ayurvédico de la salud humana.

Antes de empezar a comer, ya sea la colación de media mañana o una cena formal, ponga su mano sobre el estómago y evalúe su nivel de hambre. ¿Le dice su estómago que,  realmente tiene hambre, o el deseo de comer proviene de otro lado? ¿Qué es lo que en verdad siente? ¿Qué es lo que en realidad quiere?

Cuando empiece a comer, de vez en cuando ponga otra vez su mano sobre el estómago, para confirmar el nivel de satisfacción. Coma hasta llegar a la saciedad cómoda, pero no siga comiendo hasta que ya no pueda tragar otro bocado. El estómago no es como el depósito de combustible de un coche que hay que llenarlo cada vez que uno se detiene en la gasolinera. El Ayurveda enseña que el sistema digestivo humano es como el fuego: demasiado combustible puede apagarlo. Es preferible no comer más que hasta tres cuartos de su capacidad y, con la práctica, aprenderá a identificar ese punto de precisión. Pruebe ponerse la mano sobre el estómago varias veces por día, para averiguar su nivel de hambre. Hasta podría llevar un registro escrito, anotando cómo se siente a diversas horas, y cómo se refleja en esto su comportamiento alimenticio.

La conciencia, la intuición, la atención y el aprendizaje que permite concentrarse en la inteligencia interna expresa en usted, serán los principios que lo guiarán hacia una alimentación saludable. Nadie podrá decirle cuánto <debería> pesar, o cuánto <debería> comer. En verdad, es usted el que lo sabe. Lo único que necesita es tomar conciencia de la sabiduría interna de su cuerpo.
 

 

 



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