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LA LEY DE LA INTENCIÓN PDF Imprimir E-mail
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Escrito por MARIA ELVIRA POMBO   

Tomado del Libro De La Mano de los Ángeles

La ley de la intención dice: “La intención define el resultado. Una misma acción con dos intenciones distintas tiene dos resultados diferentes”.

Esta ley nos enseña que no es lo que hacemos, sino más bien la razón o el sentimiento que nos lleva a actuar o a tomar una decisión lo que define el resultado que tendremos. Para entender mejor esta ley, debemos tener claro que la energía del universo se divide en dos: amor y miedo. Amor es todo lo que nos produce bienestar y tranquilidad. La felicidad, la armonía, la generosidad son todas manifestaciones de la energía del amor. El afán, los celos, el estrés, la rabia, la preocupación, la tristeza, son parte del miedo. Cuando actuamos tenemos la opción de hacerlo desde el amor o desde un sentimiento de miedo.


Cuando actuamos desde el amor, el resultado es un bienestar; si actuamos desde un miedo, el resultado es un aprendizaje. Los aprendizajes suelen ser dolorosos y difíciles. Por lo tanto, es importante generar conciencia acerca de las emociones que acompañan nuestras acciones, las cuales definen la intención.

Puesto de una forma sencilla, por ejemplo, al mandar una hoja de vida puedo hacerlo desde el miedo pensando que está muy difícil la situación, que tengo poca experiencia o que hay personas mejores. La alternativa desde el amor es pensar que hay un trabajo maravilloso esperándome y que tengo todas las habilidades personales y profesionales para hacerlo bien y disfrutarlo. El resultado del primer ejemplo, será que no consiga trabajo y debo aprender a creer en mí. En el caso de la intención del amor, si lo encontraré.

Para trabajar la Ley de la Intención y todas las demás Leyes Universales es muy importante definir y aprender a identificar el EGO. El EGO es esa voz interior que nos hace sentir inseguros, creer que no merecemos algo, o que somos menos o mejores que los demás. Cada vez que sentimos o pensamos en algo que nos genera rabia, inseguridad, celos, estrés, tristeza o cualquier miedo, es el EGO. Los miedos se manifiestan a través de él. Los ángeles me han enseñado que el EGO es un maestro  ya que es el encargado de enfrentarnos a nuestros miedos para que los liberemos. Está encargado de mostrarlos y recordarlos hasta que los soltemos.

Algunas culturas ven el EGO como algo malo. Sin embargo, he aprendido a no verlo así, pues nos ayuda a crecer espiritualmente a través de enfrentarnos con los bloqueos o miedos que impiden el desarrollo de nuestra misión. Siendo así, el EGO se convierte en un aliado para el crecimiento espiritual, siempre y cuando lo identifiquemos y no actuemos desde él. Podemos, más bien utilizarlo para trabajar un miedo y liberarlo. La verdadera libertad viene de enfrentar y liberar los miedos. Por eso se dice que los grandes maestros han trascendido el EGO. Es decir no actúan desde él.

El EGO se siente en la boca del estómago y nos genera ansiedad. La Ley de la Intención nos enseña que si actuamos desde el EGO, tendremos un aprendizaje que suele ser doloroso. Pidan el apoyo de sus ángeles y, sobre todo, del Arcángel Miguel, para identificarlo y liberarlo y así sentir la tranquilidad de actuar. Mientras sientan cualquier emoción que venga del miedo es mejor no tomar decisiones. Regálense el tiempo para identificar el miedo y dejar de sentirlo, así sus acciones y decisiones los llevarán a un bienestar.

No importa el origen del miedo, puede darse por algo que pensamos o por una interacción con otra persona. Lo importante es no culpar a los demás, sino más bien mirar en nuestro interior para crecer espiritualmente. A continuación les doy unos ejemplos para que aprendan a identificarlo en ustedes mismos y en los demás. Los miedos se pueden manifestar de formas diferentes, dependiendo de la persona y de lo que está viviendo. Lo importante es que cada uno haga el proceso para identificar el propio.

•    MENTIR: miedo a que alguien se ponga bravo o a no obtener lo que uno quiere.
•    EL AFÁN: miedo a llegar tarde.
•    IMPACIENCIA: miedo a que las cosas no salgan como yo quiero, en el momento que quiero.
•    TIMIDEZ: miedo a ser juzgado por los demás.
•    CRITICAR: miedo a no ser suficientemente bueno en algo. Necesidad de sentirse mejor que los demás por baja autoestima.
•    ENVIDIA: miedo a no poder lograr lo que quiero.
•    RABIA: este miedo depende de la situación, pero en general es una forma de miedo a que los demás no hagan lo que yo quiero. También puede ser miedo a no ser respetado, a no ser entendido o a ser juzgado.
•    TRISTEZA: miedo a perder, es manifestación del apego. El cual se presenta cuando las situaciones no cumplen nuestras expectativas, es decir, pasa algo distinto a lo que esperábamos.
•    NECESIDAD DE TENER LA RAZÓN: miedo a no ser aprobado o a no ser valorado que genera la necesidad de sentirse superior a otros.
•    CELOS: miedo a ser inferior y por eso perder algo o a alguien.

La forma moderna para decir que tenemos miedo es “estrés”. Cuando una persona está estresada, lo que verdaderamente está diciendo es: “Tengo mucho miedo”. Así como identificamos nuestros miedos, también podemos descubrir los de los demás. Al hacerlo, evitamos discusiones poco productivas y podemos encontrar soluciones más rápido. Cuando una persona grita, ofende o critica, debemos entender que tiene mucho miedo y es muy importante no engancharnos con su EGO. Para esto podemos hacer dos cosas: una, esperar o dejar la conversación para más tarde cuando se calme, o identificar el miedo que tiene la persona y continuar la conversación. La forma de encontrar el miedo de otro es preguntarle: “Qué te daría tranquilidad?” y después agregar “Por qué?”. Por ejemplo, en una reunión de copropiedad se hizo la propuesta de remodelar la portería del edificio. Todos estaban de acuerdo excepto una de las asistentes, sin la cual no se podía aprobar el proyecto. Ella insistía que no era necesario y que nadie podía garantizar que la obra tuviera un buen resultado. La discusión empezó y no se veía salida. Muchos de los asistentes empezaron a criticar y atacar a la vecina. Me dediqué a oírla y a identificar su miedo. En un momento dado, le pregunté: “Independientemente de lo que te genera desconfianza, te gustaría estrenar una portería moderna?”. Ella contestó que sí pero que no valía la pena la inversión. A su respuesta le pregunté nuevamente: “Qué te preocupa? ¿Qué te daría la tranquilidad necesaria para aprobar el proyecto?”. Ella contestó que hacía dos meses había entregado un dinero para separar un lote y construir una casa y le habían robado el dinero. La junta aceptó su propuesta de tener un interventor y la portería se hizo. Si nos hubiéramos quedado en la crítica y la confrontación, nunca se habría logrado.

Los ángeles también me han enseñado que la intención se siente. Es decir, así nuestras palabras y decisiones digan una cosa, si tenemos miedo o no estamos siendo sinceros, los demás lo perciben y se sienten agredidos o desconfiados. El miedo agrede energéticamente, así tratemos de disimular. Por eso, muchas veces las personas reaccionan de formas inesperadas o agresivas, cuando creemos o sentimos que hemos actuado “bien”. Si vamos a hablar o compartir con alguien y sentimos miedo, es mejor posponer la reunión o ser sinceros con lo que se siente, pues los demás lo perciben y el resultado se verá influenciado por esta emoción. De igual forma, la intención de tranquilidad la sienten los demás, así digamos cosas que no les gusten o los sorprendan, si la intención está en equilibrio, la persona la percibirá y reaccionará con más calma.

Es importante aclarar que hay dos tipos de miedo: el generado por el EGO y el miedo a perder la vida o a un daño físico. Ahora solo hablaremos del miedo generado por el EGO. El miedo que permite a supervivencia, debe ser seguido pues es un instinto que nos protege.
Los invito a abrirse con emoción a enfrentar sus miedos, ¡es un proceso maravillosamente liberador! Como dijo Diana, una participante de uno de mis cursos, “Yo sigo aquí recibiendo mis miedos con los brazos abiertos y con mucho amor porque entiendo que traen un obsequio especial para mí: libertad. Que Dios me habla a través de mis miedos tanto como de mis alegrías, la única diferencia es que el empaque es distinto aunque en el fondo trae para mí su Amor Infinito!”.

La Ley de la Intención nos demuestra que el poder para generar bienestar está en nosotros mismos y en las decisiones que tomamos diariamente. Escoger actuar desde el amor es la definición espiritual de “hacer las cosas bien”.
 

 

 



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