Suscribete a nuestro Boletín y recibe todas las novedades de nuestra página web.







Banner


Últimos comentarios

Online
Tenemos 467 invitados conectado(s)

Acceso a Universo VIVA


Banner

INVENTA TU BELLEZA PDF Imprimir E-mail
Usar puntuación: / 4
MaloBueno 
Escrito por WALTER RISO   

Tomado del libro Enamórate de Ti

“Uno de los trucos de la vida consiste, más que en tener buenas cartas, en jugar bien las que uno tiene”. Josh Billings

Cualquier persona relativamente instruida aceptará el hecho de que no existe un criterio universal y absoluto de lo que “debe” ser hermoso. Recuerdo que mi abuela siempre hablaba de su madre como la mujer más bella y atractiva del mundo, siguiendo unos cánones que habrían hecho indignarse a más de un médico esteticista: “Qué hermosura de mujer era mi madre! –decía-. Gordita, blanca como la leche, con unos grandes cachetes rosados y unos labios rojos como fresas”. Cuando ella comentaba esto, los nietos nos destornillábamos de la risa y los más grandecitos hacíamos muecas de desagrado. Hoy en día esas bellezas “antiguas” no caben en nuestras estructuras mentales. No es tan fácil para la posmodernidad “procesar” el atractivo de las divas del cine mudo, las Miss Universo de hace cincuenta años o los cuerpos “esculturales” de los años sesenta.

El relativismo en esto también es evidente en otros aspectos. Solo por poner un ejemplo: los indios lesús de Guatemala gustan de mujeres grandes y fuertes, porque pueden cargar leña y hacer tareas pesadas: ahí radica su sex appeal. La premisa es clara: la belleza es algo relativo a la época y al lugar, así existan ciertas variables biológicas en juego. Se nos inculca y enseña qué cosa debe ser considerada “bella” u “horrorosa”, pero de ninguna manera es una verdad absoluta. En los tiempos de mi bisabuela, el criterio de belleza giraba alrededor de la buena alimentación, hoy en día son los signos de desnutrición que desfilan por las pasarelas los que generan admiración y envidia.

La premisa más saludable es como sigue: Puedes decidir tu propio concepto de lo bello. No es fácil, pero vale la pena intentarlo. Así como para vestirte bien no debes seguir dócilmente la moda y uniformarte, para gustarte a ti mismo o a ti misma no tienes que utilizar conceptos externos. No tienes por qué parecerte a nadie en especial ni hay razones teóricas y científicas que justifiquen la superioridad de una forma de belleza más que la de otra.

Los requisitos sobre tus preferencias estéticas son básicamente una mezcla compleja entre variables cognitivas y afectivas; quizás más de estas últimas, y por eso muchas veces conocemos a una persona que “nos gusta”, que nos “mueve la química”, y no podemos explicar exactamente qué nos atrae. He conocido gente racista enamorada de alguien de piel oscura, comunistas enamorados de burguesas, anarquistas de policías y maquilladores de mujeres con un cutis que no tiene arreglo. La contradicción estética-atracción queda en manos de algún mecanismo de la naturaleza aún desconocido, que nos empuja hacia alguien que no concuerda con nuestras exigencias de lo hermoso, pero que nos atrae pese a todo. Si la convención social hubiese sido más benigna en sus normas estéticas, no existirían los concursos de belleza y se arruinarían todas las empresas que giran alrededor del culto al cuerpo.

Lo importante, entonces, no es ser bello o bella, sino gustarse a uno mismo. Para lograrlo no es conveniente utilizar pautas ya establecidas, sino inventarlas. “La belleza es una actitud: si te sientes lindo o linda, lo eres, y eso transmitirás a los demás, pero si aceptas pasivamente el modelo de belleza que te imponen desde fuera, terminarás pensando que eres horrible”. Ya debes de haber vivido alguna vez la nada placentera sensación de estar metido o metida en una llanta después de ver un comercial donde desfilan modelos que se han operado hasta las costillas. ¿Qué hacer? Lo saludable es destacar las cosas que realmente te gustan a ti de ti, aunque no coincida con la “onda” general. Una de mis pacientes convertía el supuesto placer de comprar ropa en un verdadero suplicio. “Doctor –decía-, me angustio porque no sé qué debo comprar”. Yo le contestaba: “Lo que te guste”, a lo cual ella respondía: ¿Y cómo sé que mi gusto es el correcto? Me costó mucho hacerle entender que en cuestión de gustos no hay errores o “no hay disgustos”, como dice el refrán.

Insisto: tu cuerpo y el modo en el que lo cubras deben agradarte primero a ti. “Decórate” a tu amaño y buen parecer, es decir: como se te dé la gana. De no ser así, tu poder de decisión quedará a merced de lo que “se usa” o “no se usa”. Por ejemplo, sentirse bien vestido es algo agradable (a veces he pensado que la mayor felicidad que comparten los invitados a una fiesta de matrimonio, familiares incluidos, no es la alegría del que se casa, sino el sentirse elegantes), pero estar pendiente obsesivamente de “cómo me veo” puede resultar una tarea agotadora y desgastante.
 

 



Añadir esta página a tus sitios web favoritos Social Bookmarking
 
 
Cargando...



Banner