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SEMILLAS PARA LA ABUNDANCIA PDF Imprimir E-mail
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Escrito por SHARON M. KOENIG   

Tomado del libro Los Ciclos del Alma

Tu Dios quiere  que prosperes  en todas tus áreas. [Amado, ruego que seas prosperado en todo, así como prospera tu alma, y que tengas buena salud]. Juan 3: 2

La abundancia es tu habilidad de disfrutar lo que tienes independientemente de la cantidad que  poseas, mientras que la  prosperidad es el aumento de los frutos, sean espirituales, emocionales o físicos. La pobreza y la riqueza no sólo se refieren a lo material. Igualmente puedes experimentar la pobreza y la riqueza en distintas áreas  de  tu vida:  en  la espiritualidad,  en  la salud, en la familia,  en el amor o  en  la capacidad  de dar servicio.


Tu progreso es el resultado exacto de las semillas sembradas en diferentes   áreas de tu vida. No existe error en el universo. Las semillas comienzan por el pensamiento y terminan por las  acciones, que deben ser congruentes con una persona abundante. Aquí encontrarás una guía de hermosas semillas que aplicadas sin duda te proporcionarán abundancia y prosperidad en todas tus áreas.

•    Primera Semilla. Obsérvate. Identifica los mitos y las creencias y cambia tu conciencia. Modifica las creencias: ¨No soy suficiente, no merezco y no valgo¨, que son creencias de escasez, tengas mucho o poco. Siembra hoy el nuevo pensamiento: ¨Merezco, soy suficiente y valgo¨, y esto cambiará tu experiencia respecto a tu abundancia.

•    Segunda Semilla.
Responsabilízate de tus errores del pasado. Salda las cuentas en todas tus áreas. Perdónate a ti mismo, tanto por tus malas decisiones, como por cualquier exceso. Perdona a los demás si te han quitado, si te han engañado. Al perdonar, dejas ir los pensamientos negativos que ocupan el espacio de los pensamientos creativos que te llevarán a prosperar en todas tus áreas.

•    Tercera Semilla. Agradece. Escribe una lista de los regalos que tu Dios te ha dado ya. Mira de cerca. Están por todas partes el sol, el oxígeno, tus hijos, tu salud, tus dones. Agradece lo que tienes para recibir lo que viene.

•    Cuarta Semilla. Entrega a Dios tus finanzas y posesiones. Esta es un área que comúnmente nos resistimos a entregar a Dios, sin embargo es El quien nos da la abundancia. Repite: ¨Haz tu voluntad con mis finanzas, utiliza mis bienes para Tu más alto bien¨. Después de esta petición debes vivir sin preocupaciones con respecto  a tu  dinero.

•    Quinta Semilla. Utiliza tus dones para ayudar a la humanidad.  Mi maestro Alexander Everett decía, ¨Si quieres un millón, primero debes dar  un millón en servicio¨.

•    Sexta Semilla. Date a ti mismo, pero no olvides dar un diezmo o una porción de tus ganancias a una causa que consideres importante.

•    Séptima Semilla. Actúa. Comienza desde donde estés,  organízate,  paga las cuentas, ahorra, invierte, limpia deudas y cobra a los deudores.  Comienza a manejar responsablemente lo que tienes, sin importar la cantidad, pues quien no puede administrar correctamente cien euros tampoco puede manejar cien mil y menos un millón. Visualiza un plan y actúa de manera coherente con tu nueva actitud de abundancia.

Practica la generosidad, la cual no es  sólo compartir lo material, sino dar lo mejor de ti en cada momento. No  sólo estás invirtiendo en dinero, también inviertes  por medio de tu ayuda, tu sonrisa, tu amistad. Observa cuán dispuesto estás a dar un cumplido, a dar las gracias, a ser amable, a reconocer una labor bien hecha, a ponerte de pie y aplaudir en un teatro, a quedarte unas horas extras en el trabajo, sin esperar recompensa, a dejar una nota con un pensamiento bonito, a cumplir tu palabra, a compartir un pastel con tu vecino, a dar una propina generosa a un camarero.

Sé generoso contigo mismo, valórate, regálate tiempo, descanso, vacaciones o date un gusto. Valórate y valora a los demás por su ser interior y no por sus pertenencias. Si te sientes atado por tus negocios, simplifica un poco. Valora lo simple de la vida. Una sencilla merienda en un parque puede satisfacer más que el manjar del más jugoso restaurante. Valora a quienes están a tu lado, una amistad, tu compañero, un ser querido, tu pareja y la vida misma, las cuales pueden desaparecer en un segundo. Dar un fuerte abrazo, decir gracias, sonreír, dar una flor y compartir un atardecer no tiene precio. Disfruta de estos regalos, reparte tus dones y el universo te corresponderá en la misma medida.

 

 

 



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