Suscribete a nuestro Boletín y recibe todas las novedades de nuestra página web.







Banner


Últimos comentarios

Online
Tenemos 329 invitados conectado(s)

Acceso a Universo VIVA


Banner

ARQUETIPO DE LA VICTIMA PDF Imprimir E-mail
Usar puntuación: / 0
MaloBueno 
Escrito por PILAR JARAMILLO   

Tomado del libro Vivir Sin Miedo

Cuando empezamos a observar afuera, inclusive observando el cuerpo como si el cuerpo estuviera a distancia, como si el cuerpo no fuera uno mismo, como si el dolor no fuera uno mismo, o si la tristeza no fuera uno mismo, comienza a suceder la “desidentificación”. Observándonos, como si fuera un sueño de día, tomando nuevamente distancia, vamos observando lo que sucede en el cuerpo, no desde la incomodidad física, no desde el dolor físico, no permitiendo que ésta energía te atrape, sino que sirva de hilo conductor que nos lleve a los pensamientos para observar la conexión entre lo que se piensa y lo que se está manifestando. Viendo todo como si en realidad se tratara de un sueño, como si fueras consciente de que también sueñas estando despierto. Igual que los sueños, cuando dormimos, también nos envían mensajes del inconsciente. El sueño de día, el dolor físico del cuerpo nos envía también mensajes que tenemos que desentrañar.


Y como en una película, comienzan a correr las imágenes-pensamientos en la mente con los ojos cerrados y en ese instante nos damos cuenta que estamos viendo imágenes a color de diferentes formas y en diferentes situaciones. Cabe la pregunta si es que en realidad los ojos del cuerpo pueden ver. Si tenemos los ojos cerrados entonces… ¿quién está viendo? Y sin embargo, las imágenes son perfectas y claras donde puedes observar cómo te comunicas con los demás y como es aquella figura del Arquetipo de la Victima tan arraigado en ti, que responde a las situaciones y comunicaciones con otras víctimas.

Entonces ¿desde dónde percibo y cómo me percibo a mí mismo y a los otros cuerpos? ¿Cómo los veo si los ojos del cuerpo –como ya demostramos no ven-, sino los ojos de la mente los que lo hacen? ¿Cómo ven los ojos de la mente lo que sucede allí aparentemente afuera, en el exterior? ¿Y lo que sucede en la misma mente aparentemente conmigo mismo?

Y es así como comienza a revelarse a través de imágenes, que la comunicación se hace desde este Arquetipo, como si fuera una segunda piel o una segunda identidad que habla por mi todo el tiempo; que se dirige al resto pidiendo que se fijen en nosotros; contándoles a los demás ésta o aquella enfermedad, y así se llama la atención hacia sí mismo. Surge entonces el ver profundo desde donde converso con los demás desde esa figura que necesita distorsionar y experimentar ser la víctima, desde esa elección inconsciente que elige la enfermedad y las diferentes experiencias.

Suena muy duro pensar que elegimos la enfermedad, pero si por un segundo no dudáramos de que la elegimos, y ¿podríamos preguntar cuál es el propósito de esta enfermedad? ¿Para qué la necesito? ¿Qué me hace sentir? Cuando estamos cerca de un familiar enfermo… ¿no te das cuenta que ese enfermo manipula a través de su enfermedad? ¿No es cierto que permanentemente esté pidiendo atención? La enfermedad es aislamiento, se siente una profunda sensación de soledad, de rabia, de tristeza y miedo a la muerte. Pero nos enseña, a través del dolor, que hay otra manera en que la podemos observar, y sin darnos cuenta la utilizamos para despertar.

¿Desde dónde elijo mi enfermedad? Miren que la palabra mi la hace personal y lo mío nadie me lo quita, entonces se vuelve a replantear la pregunta ¿desde dónde elijo la enfermedad? ¿Sin el ? ¿Será que la enfermedad no es personal? Si no es personal, y todo el mundo tiene una u otra clase de enfermedad o molestia física, entonces es colectiva. ¿Y entonces nosotros desde donde la elegimos? Al parecer es necesaria la enfermedad para reforzar aquella identidad profundamente mental del arquetipo de la víctima.

Ahora bien, analicemos el comportamiento y la forma de la comunicación de lo que llamamos el arquetipo de la víctima en esta experiencia. Car Gustav Jung ya estudió profundamente el arquetipo de la víctima y existen muchos tratados y escritos al respecto que el lector puede buscar por su cuenta e investigar lo científico de todas las conclusiones de Jung.

La enfermedad que conlleva dolor físico, incomodidad, no permite que fluya la energía de forma natural, se estanca. Cuando ésta es muy fuerte hay una tremenda identificación con la víctima. Cuando nos enfermamos necesitamos atención. La comunicación obviamente es desde la queja y en casos extremos el enfermo “aprisiona” a quien lo está cuidando.

Hay enfermos que manipulan a través del papel de víctima y hay otros enfermos que ven la “oportunidad” de observar que les “está diciendo” esta enfermedad. No por qué pues de allí se alimenta nuevamente la víctima sino el ¿PARA QUE? ¿Para qué se está teniendo esta enfermedad? Y entonces mientras se trascienda la idea de que es NECESARIO el dolor o la enfermedad para trascender o despertar, la podemos utilizar como guía si la observamos y observas los pensamientos que la han producido.

Cuando alguien se enferma está en un estado de malestar. Cuando en las relaciones o en la comunicación desde la víctima se tienen con los otros pensamientos y emociones de “malestar”, de forma frecuente este hábito al repetirse continuamente, se convierte en una constante corriente de malestar, de no sentirse bien, llegando en algunos casos a la enfermedad en sí. La persona no se da cuenta y es por eso que continúa en esa vibración.

Miraremos ahora como podemos parar un poco esa re-alimentación hacia la víctima observando estos ingredientes que se utilizan a diario en los cuales se recrea esa sensación de mal-estar y victimización. Entonces la pregunta es: ¿Cuáles son esos ingredientes?... ¿Cuáles son esos ingredientes que utilizamos a diario, repetidamente, y a veces ni nos percatamos que lo estamos haciendo?

La queja es el primer ingrediente, igual que podría ser el agua para preparar una rica y suculenta sopa. Así que podemos coger un poco de queja, o más bien, bastante queja y la utilizamos para comunicarnos con el amigo, el marido, la esposa, o cualquiera en nuestro universo. Utilizando la queja, necesitamos la voz para trasmitir la queja, así que la voz es el segundo ingrediente. El tercer ingrediente es buscar a quien le vamos a depositar la queja, así que de forma inconsciente, tratamos de encontrar a ese que nos escuche la queja. Cuando la queja es escuchada, entonces ese otro, que también está cocinando… ¡Nos traspasa a nosotros su propia queja, con su propia voz! Y así haciendo un delicioso plato, a punto de queja para comer más tarde.

Si al utilizar la voz y quejarnos, no encontramos quien nos escuche, entonces utilizamos el cuarto ingrediente que es la rabia. Al no encontrar como poder comunicarnos desde la queja, buscamos algo más fuerte que pueda ser oído, que pueda ser escuchado, donde nos puedan poner atención. Si la queja es en voz baja, si al contarle a otro desde la queja el dolor que produce la enfermedad y la incomodidad que nos depara la misma, y ese otro no me determina, no se afecta por mi queja…entonces le añadimos el siguiente ingrediente que es la rabia. Con ese ingrediente fuerte, la rabia, como una gran pimienta le vamos dando sabor un sabor, agreste y excitante para poder apreciar el platillo que se está cocinando. Despliego la rabia con fuerza, para hacerme notar, para hacer que me miren, “que mi arquetipo de la víctima es mejor que el tuyo, para que me miren como soy superior desde ese arquetipo de la víctima”.

Así que al agregarle la rabia, inmediatamente ésta viene con otro poderoso ingrediente que es la culpa y trae un disparador automático, más rápido que cualquier misil ya que dispara hacia fuera. Es rápido, certero, mortal. Al disparar hacia el otro arquetipo de la víctima o victimario con el cual nos estamos comunicando se cocina la receta y se refuerza para así poder sentarse a manteles y degustar el delicioso platillo. Pero lo maravilloso es que al comunicarnos desde aquí, el otro hace exactamente lo mismo. Y al no darnos cuenta, seguimos en ese círculo vicioso buscando paz por fuera, pero lo que encontramos es incomodidades, inconformismos, desilusiones y dolores grandes o pequeños.

Entonces surge la pregunta profunda: ¿existirá otra manera de comunicarse? ¿Existirá otra figura que trascienda la percepción del cuerpo para comunicarse? El cuerpo en sí es el hogar perfecto de la víctima. Entonces, es a través de su utilización, donde nos comunicamos con los cuerpos. Y así desde el micro, se convierte en el macro, y se manifiesta el arquetipo colectivo de víctima y victimario y podemos ver la gran receta de destrucción. ¿La podemos ver? Destrucción mínima comenzando por el mismo cuerpo ya sea física, mental o emocional. Nos comunicamos desde el cuerpo del dolor, que se traslada a la parte emocional, a la parte física y a la mental. Pero es el mismo común denominador: el dolor… el dolor como un arma y nosotros lo vemos como una simple y llana herramienta para comunicarse.

La víctima usa también el ingrediente del dolor. Así que después de haberle añadido el ingrediente de la rabia, hay que añadirle el ingrediente del dolor para que la receta quede con el debido sabor. Sin el dolor, quedaría insípida la receta, pues es allí donde se deleita la víctima. Es donde se sirve un vino de buena uva y se sienta a manteles a saborear despacio su comida predilecta. Estamos eligiendo el dolor para comunicarnos colectivamente entre todos los seres humanos sin distinción de razas, credos, condicionamientos, edades, bellezas, ni prototipos sociales.

Seguimos buscando la receta de la felicidad y es como tratar de hacer un maravilloso arroz, pero con la falta del ingrediente principal. Cual podría ser el ingrediente principal si ya al ver que la comunicación es desde el arquetipo de la víctima y todas sus diferentes formas y manifestaciones donde vivimos y experimentamos la no felicidad, la no paz, la no armonía, la no confianza, la no tranquilidad. ¿Cuál podría ser ese ingrediente? ¿A quién le preguntamos? Le preguntarías tú a ese compañero que has tenido durante tu vida con el que has cocinado tus recetas de vida; con el que has saboreado los dolores y tristezas; con el que te sientas a manteles, con el que te quejas; con el que tienes rabia, con el que tienes dolor; con el que te identificas y no quieres desprenderte… con el que estás apegado. ¿Apegado a la víctima? ¿Cómo suena esto? ¿Apegado al dolor? Es como estar apegado a la comida condicionada de tu infancia, a sus sabores, a sus olores, a sus aromas, a lo que esto nos representa o simboliza. Nos simboliza la niñez, la protección, el amor de los padres, la aparente confianza, la protección del nido. La comida de mi raza, la identificación con lo mío. Con la seguridad. Con la receta de la víctima aprendida también a través de los sabores, de los olores, de los colores, de las formas, de las figuras de la infancia, del condicionamiento.

Así como aprendemos a cocinar y convertirnos en artistas, en expertos culinarios utilizando el tacto, el sabor, el color, el arte, las flores, el vino, los manteles, los cubiertos, los vasos, las copas, las utilizamos y aprendemos a cocinar nuestra vida de víctima para sentarnos a la mesa exactamente con las mismas herramientas a través de los sentidos. Pero falta el ingrediente final, al igual que en la cocina, ¿Dónde coloco esta deliciosa receta? ¿En qué recipiente, cual utilizo? El cocinero experto coloca su hermosa receta en un plato maravillosamente decorado desde la fabricación del mismo en su textura, color, diseño, hasta en sus formas, texturas, arreglos y aromas.

¿Entonces donde coloca el Arquetipo de la víctima su receta? ¿Dónde? Preguntamos y la respuesta es: en el recipiente del cuerpo, en un plato maravilloso, hermoso, de colores y formas voluptuosamente armoniosas. Desde su color y belleza allí comemos. Al darnos cuenta como es colectivo este sistema de pensamiento podemos preguntarnos, y si ya sabemos desde donde nos comunicamos con nosotros y con nuestro entorno, entonces podemos pasar al siguiente estado de comunicación, al siguiente nivel de comunicación: ¿habrá acaso otra manera diferente de comunicarnos?. “Tiene que haber otro camino”.
 

 



Añadir esta página a tus sitios web favoritos Social Bookmarking
 
 
Cargando...



Banner