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LA BALSA QUE LLEVAMOS A CUESTAS PDF Imprimir E-mail
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Escrito por WALTER RISO   

Tomado del libro Desapegarse sin Anestesia

“Con toda seguridad donde encontrarás una mano que te ayude será en el extremo de tu propio brazo” Napoleón Bonaparte

Una persona se siente insegura si cree que no es capaz de alcanzar exitosamente determinados objetivos y/o se bloquea en situaciones vitales. Cuanto mayor sea tu inseguridad, más propenso estarás a buscar ayudas externas y apegarte a ellas. Obviamente, en determinadas circunstancias, uno puede depender de alguien para sobrevivir: el piloto del avión en el que estamos montados, el médico, el proveedor de comida, el bombero en un incendio, en fin, dependencias racionales que nos permiten subsistir en el mundo y de las cuales no podemos prescindir.


El problema se manifiesta cuando nos apegamos a una fuente de seguridad ficticia tratando de suplir incapacidades que podríamos superar si tuviéramos más confianza en nosotros mismos o si nos animáramos a desarrollar ciertas habilidades o competencias. Estas “estrategias compensatorias” (muletillas psicológicas) generalmente logran mantenernos a flote, pero no nos ayudan a resolver los déficits de fondo. Simplemente nos apegamos a ellas y las endiosamos. Una parábola de Buda ilustra lo anterior:

Un viajero llegó a la orilla de un río muy grande. El lado donde estaba era peligroso, había animales salvajes y el agua se salía de cauce, mientras que del otro lado del río todo lucía tranquilo y en calma. Como no había ningún puente para cruzar y no sabía nadar, decidió hacer una balsa. Juntó ramas de árbol, hierbas, hojas y logró construirla. Una vez que la terminó, se transportó felizmente hasta la orilla segura. Entonces pensó: “Esta balsa me ha sido de gran ayuda, ya que he podido sortear los peligros y llegar a destino sano y salvo, debería llevarla conmigo a todas partes”. Y se alejó con la balsa a cuestas.

¿Cuántos de nosotros hemos actuado así en la vida? Nos apegamos a la balsa que alguna vez nos fue útil y la cargamos por las dudas, porque pensamos: “Nunca estamos libres de una posible inundación”. Sin embargo, una cosa es ser previsor y otro dependiente. Durante años hemos ido incorporando a la mente infinidad de cosas inútiles para enfrentar imponderables que nunca llegan. Almacenamos cosas que supuestamente subsanarán nuestras incompetencias en lugar de resolverlas. La solución es aprender a nadar de una vez por todas y tirar el salvavidas que todavía llevamos puesto.
 

 



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