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LA "NECESIDAD" TE ESCLAVIZA, LA "PREFERENCIA" TE LIBERA PDF Imprimir E-mail
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Escrito por WALTER RISO   

Tomado del libro Desapegarse sin Anestesia

En el Udana (un antiguo texto budista) encontramos estas palabras que se le atribuyen a Buda: “De qué sirve un pozo si hay agua por todas partes? ¿Qué queda por buscar si se cortó la raíz del deseo?”.

Si no tengo sed (necesidad), ¿para qué un pozo de agua? Si no hubiera deseo, no habría nada que buscar, nada que resolver, nada que saciar. Y si no tengo apego, no habrá nada que cortar, nada que mantener.

 

Por ejemplo, si necesitas estar a la moda para pavonearte y que los demás te admiren, buscarás con desespero las últimas tendencias. Dirás: “No puedo descuidarme y quedarme atrás”; pero si las novedades de temporada no te desvelan y te importan un rábano, la moda no será un problema (¿para qué el pozo de agua?). si eres víctima de la necesidad de control, tratarás den o dejar nada al azar y evitarás la incertidumbre a toda costa; pero si aceptaras lo peor que pudiera pasar, si realmente te dejaras llevar por las contingencias, la búsqueda de la certeza dejaría de ser vital (¿para qué el pozo de agua si no hay sed?).

Cuando estás bien contigo mismo (autoaceptación), las necesidades psicológicas y emocionales no serán tantas, no quedarás atrapado en las “carencias” y una agradable sensación de soltura y naturalidad será la que guíe tus actos. El maestro zen Taisen Deshimaru dice al respecto: “Cuando lo abandonamos todo, nos despojamos de todo y se termina con la consciencia personal, en ese momento serás Dios o Buda. Cuando todo se ha acabado, no existe ninguna contradicción”.

Obviamente, hay necesidades primarias y adaptativas que tienen que ver con la supervivencia, ya sea biológicas (respirar, comer, dormir) o psicológicas (desarrollar nuestro potencial, amar), de las cuales no podemos prescindir si queremos sobrevivir.

¿Cómo manejar las necesidades en general (innatas o creadas por el consumismo) sin que nos avasallen y terminemos dependiendo de ellas? Lo principal es orientarlas, redefinirlas bajo una nueva perspectiva y ubicarlas en otro esquema. Darles el estatus de “preferencias” y no de impulso ciego e imperativo. Y no es mero juego de palabras. El enamorado pregunta: “Me necesitas, mi amor?”, y ella responde: “No, te prefiero”, que es lo mismo que decir: “Elijo estar contigo”. “Necesitar” algo o a alguien significa no poder vivir sin ello, “preferirlo” implica haberlo elegido entre otras opciones disponibles. No decide la carencia, el vacío, la escasez o la privación, sino el gusto dirigido por uno mismo.

Esta lección se da frente a dos preceptos contrapuestos, uno positivo y uno negativo: “Te prefiero y me regocijo” (así pueda perderte, porque no eres imprescindible para mi vida) o “Te necesito y me deprimo” (no soportaría perderte porque eres indispensable para mi vida). De no existir la preferencia, la carencia/necesidad mandaría sobre nosotros y seríamos cada día más primarios. Pese a todo, es posible hacer que el impulso inicial de la necesidad se mantenga dentro de ciertos límites y modularlo. Veamos un ejemplo: si piensas: “Es absolutamente necesario (forzoso, obligatorio) ser el mejor en todo lo que hago”, la frustración no tardará en aparecer porque siempre habrá alguien que te supere en algún aspecto y tu ego no lo soportará. La necesidad imperiosa de sobresalir lleva indefectiblemente al pensamiento dicotomático: “Soy el mejor o no soy nada”; euforia o tristeza.

En cambio, si dijeras: “Preferiría ser el mejor, pero si no puedo tomar la delantera, me conformo con estar dentro de los que se destacan”, el espectro de posibilidades se ampliaría y disminuiría la autoexigencia irracional. Ya no existiría el “tengo qué” irrevocable para alcanzar el bienestar. Y si quisieras avanzar aún más, podrías mantener el siguiente diálogo interior: “Preferiría ser el mejor, sin embargo, lo más importante es quedar satisfecho conmigo mismo: no necesito competir y ganar para sentirme bien”. Cuantas menos necesidades tengas, más libre serás, habrá menos cosas que cuidar y conservar. Guarda esta conclusión en el disco duro: la gente más saludable y contenta es la que se deja llevar mucho más por sus preferencias que por sus carencias/necesidades.
 

 



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