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LIBERARSE...UNA HISTORIA DE PERDON PDF Imprimir E-mail
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Escrito por MARCI SHIMOFF   

Tomado del libro Happy for no Reason

La Historia de Mary…
Por años, no fue eso que llaman “fácil”.   Estuve  forzada a levantarme por mí misma muchas veces, incluyendo atravesar un divorcio, aprendí a ser toda una luchadora. La  verdad es que me di cuenta que estaba muy molesta con muchas personas y situaciones, mucho. Desafortunadamente,  esto creó en mí un gran resentimiento y deseos de venganza.

Luego,  una noche de 1996 algo sucedió que hizo que todas mis molestias anteriores juntas fueran triviales en comparación con esto. Me desperté  con  el  sonido del teléfono a las 3 de la mañana. Llena de terror, lo levanté. Era mi hijo mayor Jay, diciéndome que a mi hijo más joven, Robbie de dieciocho años le habían disparado. “Mamá, está muerto”.


En ese momento, Pensé que mi vida se había acabado. El dolor de perder a Robbie fue aplastante. Quería arrastrarme hasta un hueco y nunca salir de ahí. Pero sabía que debía mantenerme fuerte para mis otros  hijos y lidiar con la policía, así que puse mis emociones en espera.

Shawn, el joven que  asesinó a mi hijo, fue arrestado y acusado de asesinato. Shawn había conocido a  Robbie y le disparó mientras estaban teniendo una discusión. Él se declaró culpable, así que no hubo juicio, solo una audiencia donde se hizo un acuerdo con el fiscal y fue dictada la sentencia. Yo había esperado tres largos meses por esa audiencia. No se me permitió ver o hablar con Shawn en ese tiempo, lo cual, probablemente fue lo más sabio –con mi desesperación y mi furia de ese momento, si hubiese podido poner mis manos sobre su cuello, lo hubiese estrangulado. Fue a mi bebe a quien él le disparó!

El día de la audiencia finalmente llegó, y tuve mi primer vistazo de Shawn. Cuando entró a salón de la corte, mantuvo los ojos en el piso. Sombras enmascaraban su cara, distorsionando sus características y dándole una apariencia oscura y hosca. Sentí que me atravesó una ola de rabia caliente. Por qué lo había hecho? Temblando llena de emociones, decidí no subir al estrado, pero dejé bien claro al juez que quería hablar con Shawn cuando terminara la audiencia.

Al  Shawn  declararse culpable, el veredicto no fue una sorpresa ni la sentencia tampoco: de veinte a cuarenta años en la penitenciaria del estado. Como el juez había prometido, fui llevada a uno de los recintos para conocer a Shawn.  Seguí al aguacil por todo el pasillo, mi  corazón latía más rápido con cada  paso que daba como preparación para conocer a la persona que le había quitado la vida a mi hijo.  Había esperado  bastante por  la oportunidad  de  decirle  a Shawn cómo  me sentía por lo que había hecho. Ahora, llena de rabia y odio, no tenía ni idea que iba a decir, pero sabía que lo quería tener en frente.

Fui requisada y dejada en una pequeña oficina. Shawn temblaba de pie en la esquina con sus manos y sus pies encadenados, usando el overol naranja de la prisión. Su cabeza estaba hacia abajo, y aunque tenía veinte años de edad, lloraba como un bebe, lloraba desde su corazón. Mientras miraba a este muchacho, tan abandonado –sin padres, sin amigos, ni apoyo- todo lo que vi fue al hijo de otra madre.

Pregunté al aguacil si me podía acercar a Shawn. En ese momento   Shawn levantó la mirada revelando la cara de un niño bañada en lágrimas. De repente me encontré a mí misma  preguntando: “Puedo darte un abrazo Shawn?”,  el asintió con la cabeza. El aguacil me hizo un gesto de que podía moverme hacia el prisionero, caminé hacia Shawn y puse mis brazos sobre él. El solo se derritió sobre mi hombro. Fue el primer gesto de compasión que él había recibido de alguien en mucho, mucho tiempo. Al estar ahí parada sosteniéndolo, sentí como mi rabia y mi odio desaparecía.

Todavía, lo que salió de mi boca después sorprendió a todos, incluida a mí: “Shawn, te perdono por el horrible acto que has cometido”. Nuestros ojos se conectaron por unos pocos momentos. “Su hubiese tenido que escoger hubiese preferido tener a mi Robbie donde está que yendo a prisión. Oraré por ti todos los días”. Le pedí a Shawn que se mantuviera en contacto conmigo, luego el aguacil me acompañó fuera de la sala.

Poco después de eso Shawn dejó la prisión para empezar a cumplir su condena. Sentí poca satisfacción por esto. Robbie se había ido y ninguna sentencia lo traería de vuelta, además, la vida de otro muchacho estaba destruida.

Ambos padres dijeron que no querían nada que ver con él, así que Shawn y yo comenzamos a comunicarnos. Por los primeros cinco años de sentencia, yo fui su único visitante. Hace cinco años Shawn fue transferido a una prisión diferente, y la guardia de allí no permite que los familiares de las víctimas visiten, pero aun así nos seguimos escribiendo con frecuencia.

Algunas personas no entienden cómo puedo hacerlo, pero he aprendido que perdonar no significa condonar. Creo que la compasión que sentí en la sala del fiscal aquel día fue un regalo de Dios. Sé que no hubiese podido haber sanado lo profundo, los lugares oscuros de odio y venganza, incrustados en mi corazón y mi alma, de no haber perdonado al asesino de mi hijo. El perdón me liberó. Me dio el lugar que necesitaba tener en mi vida y eventualmente aceptar la muerte de Robbie.

Desde entonces, a través de mi iglesia, me convertí en ministra Stephen, un tipo de ministra laica. Ayudo a quienes atraviesan por una crisis o perdida en su vida simplemente escuchando y estando ahí para ellos. Requiere muy poco excepto compromiso y compasión, dos cualidades que yo había encontrado en abundancia en mi corazón desde el día que perdoné al asesino de mi hijo.

He aprendido que solo tú te dañas cuando guardas rabia y resentimiento. Ahora, a pesar de lo que pase, me siento en paz y feliz.

El odio y la venganza no me traerían de vuelta a mi amado hijo Robbie, pero Shawn es también el hijo de alguien. El odio tenía que parar en algún lugar. Había un mejor lugar para empezar que yo?
 

 



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