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CONCIENCIA DE DIGNIDAD PDF Imprimir E-mail
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Escrito por MARIA CECILIA BETANCUR   

Tomado del libro El Día Que Te Quieras

Un número incalculable de personas, por buscar hacia fuera, abandonan su castillo interior; por el placer de sentirse miradas, renuncian al gusto de construirse desde dentro; por trabajar acumulando puntos a favor en la planilla de los jueces, se olvidan de jugar, como los niños, con los que tiene a su alcance. Y al final, les parece tan poca cosa lo que son, y tan común y corriente, que no hallan fuerzas internas admisibles, que las desborden y las seduzcan.


El conocimiento lúcido y contemplativo de los propios dones personales, debe conducirnos al campo de la libertad para gozar en grande de nosotros mismos. ¿No es maravilloso disfrutar de la lectura de un libro? ¿No es algo prodigioso tener ganas de cantar, encontrar divertida una situación, recibir una carta tierna, poder llorar de tristeza o de rabia y ser capaz de pelear, incluso? En todo hay algo secretamente fascinante y, sin embargo a muchos no les basta; siguen empeñados en desentrañar los bienes y virtudes de vidas pasadas; necesitan adivinar los pasos futuros; hacen hasta lo imposible por demostrar poderes paranormales. En síntesis, están buscando paisajes allende su paraíso interior.

El amor hacia uno mismo parte del principio del merecimiento. Por lo tanto, la conciencia de ser digno, tercer pilar de la autoestima, consiste en contemplarse y complacerse, aun contando con lo mucho que hay que mejorar. Ser amoroso consigo mismo no supone otra cosa que procurar el bien para sí, no por un deseo momentáneo, sino porque el bien atrae y regocija, y, además, le pertenece a quien se cree merecedor y es capaz de administrarlo. Es característica del amor genuino dejarse atraer, en contraposición con el amor que se busca por el afán de ser redimido, de ser complementado. La generosidad consigo mismo no implica la búsqueda de recompensa por ser competente y contribuir con el bienestar y el desarrollo. Si así fuera, no sabríamos determinar en qué momento de nuestra vida podemos empezar a sentirnos merecedores, para empezar a pagarnos. Tampoco tiene como fin proveer las fuerzas que hagan la existencia más llevadera. Simplemente, este amor cautiva, se infiltra y complace; por esas mismas razones, el hombre se deja seducir y se involucra en el juego, haciéndolo parte de su esencia humana.

HABITOS DE LA GENTE QUE SE AMA

Observando entre amigos, parientes y otros allegados a quienes siempre he tenido por personas realizadas y felices, me propuse averiguar en qué consiste, de modo práctico, ser amoroso consigo mismo. La pregunta que hice a todos y cada uno fue: ¿Qué haces por amor a ti mismo?, es decir, ¿Cómo te consientes? Las respuestas convergen, en tres tendencias a saber: 1. Evitar el sufrimiento físico y moral, 2. Vivir el placer, 3. Experimentar crecimiento. Así es como lo practican:

•    Seleccionan como amigos a las personas que pueden aportarles, aquellas de quienes aprenden, y con las cuales disfrutan. Esquivan a las que las fatigan o las deprimen.

•    Renuncian, oportuna y radicalmente, a los amores que pintan tormentosos o sin esperanza.

•    Abandonan, en cuanto pueden, los ambientes hostiles y las actividades poco gratificantes. En el campo profesional y laboral, en el medio familiar, social y cultural, si no pueden modificar las circunstancias, trabajan decididamente para buscar otros horizontes.

•    Participan en eventos que ha de ser útiles y placenteros. No gastan el tiempo; lo invierten.

•    Dejar pasar de largo actitudes ajenas provocadoras o molestas que revisten poca importancia. No se enfrascan en combates estériles. No se desgastan luchando por tener la razón.

•    Se hacen obsequios. A modo de felicitación, con motivo de fechas especiales o sin ellos, se las arreglan para comprar algo con el fin de darse gusto, después de atender sus responsabilidades económicas prioritarias.

•    Distribuyen los ingresos de tal modo que puedan reservar los medios para regalarse unas buenas vacaciones, ir al teatro o pagar un tratamiento de belleza.

•    Hacen uso personal de los muebles de comedor, de la hermosa vajilla, de las sábanas bonitas y en perfecto estado, y del mantel más fino. No guardan todo aquello para las visitas o para ocasiones especiales.

•    Con frecuencia “echan una cana al aire”. Se permiten un poco de irresponsabilidad, un tris de locura, un riesgo que corte la rutina.

•    Se dejan fascinar por la belleza y encantar por lo novedoso. Visitan lugares hermosos, van a exposiciones; concurren a las ferias comerciales, aunque no lleven intención expresa de comprar; se tienden de espaldas en el suelo para escuchar los sonidos de la naturaleza y contemplar el paisaje.

•    Hacen cosas espontáneas aunque pudieran parecer ridículas, feas o informales. Cantan, estallan en carcajadas, lloran, se disfrazan, hacen bromas, niñerías y juegos.

•    Invierten horas y energía en actividades que no producen dinero. Se solazan pintando la casa, elaborando un mueble, fabricando unas cortinas, tejiendo un saco, reparando un motor, haciendo un avión de juguete o escribiendo poemas.

•    Buscan atención médica oportuna. No viven obsesionados con las enfermedades, pero no esperan el momento en que ya no puedan moverse, para consultar al médico. Quienes tienen pocos medios económicos, recurren a los servicios de salud más económicos que pueden encontrar, pero cuando están en mejores condiciones, se afilian a empresas de medicina, de suerte pueden escoger los especialistas y las clínicas donde quieren ser atendidos.

•    No se desmandan en el beber ni en el comer. Reconocen que es horrible despertar con esa resaca sin remedio y peor aún, fingir que no pasa nada para no quedarle mal a su familia el fin de semana. Si mediante hábitos saludables pueden mantenerse en forma, evitan someterse a controles de peso y dietas rigurosas.

•    Duermen las horas que necesitan, salvo por circunstancias excepcionales. Distribuyen su tiempo de tal manera que no tengan que privarse del sueño.

•    Utilizan indumentaria muy cómoda. Vestidos amplios, cinturones un poco sueltos y zapatos de tacón bajo. Prefieren el bienestar a la elegancia.

•    Hacen ejercicio. Caminan, practican algún deporte. Les gusta sentirse en buenas condiciones.

•    Practican alguna técnica de relajación. Hacen ejercicios de respiración. Se entrenan en elevar el nivel de concentración, en mejorar la memoria, etc.

•    Oran o meditan. Se regalan un instante de encuentro con su Creador. Se llenan de su presencia.

•    Se toman el tiempo recomendado para reponerse de una enfermedad o un accidente, sin angustia. No son de los que siguen trabajando desde la casa.

Haga una pausa y piense durante unos instantes. Después, repase las respuestas de las personas que respondieron al interrogante “Qué haces por amor a ti?” y haga de ellas sus propios hábitos. No deje pasar el tiempo. Escuche estas sabias palabras de José Ingenieros: “Ya que se mide la vida por sus horas de dicha, convendría despedirse de ella sonriendo, mirándola de frente, con dignidad; con la sensación de que se ha merecido vivirla hasta el último instante”.
 

 



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