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Escrito por Judit Arís   

¿No te sientes satisfecho nunca? El genuino concepto de éxito es valorar lo realmente importante y aprender a poner límites a esa adicción de nuestra época al “más y más”

Está claro que en nuestros días tendemos a confundir cosas como el dinero y la belleza física con el verdadero éxito, que es aquel que nace de nuestros sueños más profundos y que nos conduce a la dicha personal. Por ello hay tantas personas infelices en nuestras sociedades supuestamente felices de la opulencia y el derroche.
Laura Nash y Howard Stevenson nos explican que cada vez más personas en el mundo se cuestionan si están sacando verdadero provecho a sus vidas. Esta pregunta –nos dicen- está directamente relacionada con el concepto de éxito, que erróneamente va ligado a una adicción al “más y más”: conseguir más, hacer más, ser más.
Vivimos en el mundo centrado en “lo siguiente” y “lo grande que está por llegar”. Según Nash y Stevenson, al aumentar nuestras demandas y exigencias, la idea del éxito se ha empobrecido, pues donde no hay posibilidad de satisfacción nada es nunca suficiente.
El riesgo de ir por el máximo. La persecución y búsqueda del “más todavía” (mejor carro, mejor casa, mejor novio…) no sólo conlleva el peligro de dispersarnos y perder el contacto con nuestro yo verdadero, sino que nos conduce directamente hacia la frustración, la insatisfacción y el vacío. No existe un “máximo” a lograr, pues siempre hay “más allá”. El autentico éxito requiere la habilidad para identificar los propios sueños y aceptar los límites.
La fórmula del éxito verdadero.  Según los expertos, cuando nos comprometemos activamente con las posibilidades que ofrece la vida, no sólo crecemos, sino que podemos llegar a predecir aquello que alcanzaremos. Para lograrlo debemos:
1. Valorar la panorámica global que nos rodea y discernir nuestras necesidades.

2. Ordenar nuestras aspiraciones para determinar qué nos parece suficiente.

3. Interpretar los objetivos como oportunidades (experiencias de aprendizaje), y no como amenazas (fracasos, si no los logramos).

4. Perseguir nuestros sueños con constancia.

5. Cultivar cualidades personales como la ecuanimidad, el realismo, la resiliencia (capacidad de sobreponerse a las crisis aprendiendo de ellas), la integridad, la versatilidad y la humildad.

6. 
No olvidar llevar el propio ritmo, compartir y, sobre todo, disfrutar del proceso aquí y ahora. Detenerse para saborear los pequeños éxitos que todos logramos es lo que nos proporciona la energía para seguir adelante.
Una vez en este camino, ¿cómo sabemos que hemos alcanzado ese éxito perdurable y auténtico? Lo sabremos cuando sintamos que…
·        Crecemos hacia un ideal de excelencia pero con base a victorias parciales.

·        Nos esforzamos por aspectos de la vida que consideramos tan necesarios como significativos para nosotros mismos.
¿Cuándo y qué es suficiente? Uno de los aspectos esenciales del éxito es que cada persona ha de saber cuándo es suficiente. Es importante tener en cuenta que las ambiciones sin límites nos vuelven ineficaces. Esto quiere decir que cuando pretendemos ir más allá de lo que nos es suficiente (suficiente dinero, suficiente comodidad, suficientes amigos, suficiente amor…), empezamos a malgastar nuestra energía.
Parte del problema es no saber qué queremos del éxito ni hasta qué punto es suficiente, por dos motivos principales, porque tenemos demasiadas opciones, o porque nuestros objetivos cambian y crecen debido a que aparecen más opciones y trabas. Por este motivo, debemos reflexionar sobre qué estamos buscando. Pero ¿cómo podemos reconocer cuándo hemos conseguido éxito suficiente, para nosotros y para los demás, en un mundo que busca el “más y más” hasta el infierno?
Para marcarnos un “suficiente” debemos:
·        Señalarnos límites elevados y límites más bajos en nuestras múltiples actividades, entendiendo que eso aporta opciones para otros usos del tiempo y otros motivos de satisfacción.

·        Reconocer los motivos de nuestras satisfacciones y valorar de manera realista muestras habilidades únicas, sin aceptar las que nos vienen impuestas.

·        Aceptar que “más” no siempre es posible ni es siempre el objetivo más deseable.
El caso de Mónica. Mónica es una mujer de 30 años que ha trabajado duro para alcanzar el éxito profesional. Pero llega un momento en que el dinero y el reconocimiento no compensan el estrés que siente en su puesto de trabajo y se pregunta: “Cómo puede ser que algo tan bueno pueda hacerme sentir tan mal?. Entonces empieza a dudar. Ese trabajo, además de potenciar su ego, le permite pagarse un lujoso apartamento, pero las jornadas son duras, y echa de menos pasar más tiempo con su pareja y sus amigos. Su trabajo le provoca un sentimiento de estar haciendo algo importante, pero la agota pensar que va hacer lo mismo durante 20 años más. Entonces piensa: “He hecho lo adecuado. Ya tengo éxito, pero no es el suficiente”.
Una parte de Mónica desea dedicarse a la música, su verdadera pasión, pero como persona con fuerte sentido de la competitividad, cree que tiene más talento solucionando problemas empresariales que como músico profesional.
El dilema de Mónica es muy frecuente. En una sociedad en la que se nos vende que “no hay límites”, es común sentirse atrapado entre posibilidades contradictorias, paralizado por los objetivos cambiantes e incapaz de acomodar o incluso ordenar todas las oportunidades.
Suficiencia versus Maximización. Hasta que Mónica no abandone su esperanza de maximizar su potencial en todos los aspectos, no saldrá de su indecisión, porque no existe un equilibrio perfecto. Hasta que no se dé cuenta de que cada acción tiene un coste y que los esfuerzos maximizados exigen costes cada vez más altos que repercuten sobre nuestras otras actividades, no encontrará una manera de equilibrar su tiempo y su energía ni de mantener los múltiples beneficios que busca de manera activa y satisfactoria.
La solución: Mónica debe encontrar y aceptar lo que es suficiente para ella, para su equilibrio personal, en términos de desarrollo personal, salud y forma física, trabajo y profesión, afectos, ingresos… Siempre teniendo presente que unas áreas de actividad crecen o menguan en función de otras.
Poseer un correcto sentido del propósito es una de las fuentes más poderosas de energía y compromiso.
Recuerda: La Felicidad está dentro de ti, y no es un objetivo competitivo, porque todo lo que merece la pena tiene una dimensión de utilidad en el mundo.


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