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DEJA QUE LOS MUERTOS ENTIERREN A LOS MUERTOS PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Mónica Avendaño   

“A veces los muertos se aparecen, si les haces caso, es que no te has hecho consciente de su muerte”

 
Ese es el proceso; no hay otra manera de hacerlo. A los muertos se les entierra, no se puede cargar con el muerto para todas partes: pesa, ocupa un lugar necesario para otras cosas, personas, y con el tiempo, apesta.
 
Estoy hablando de muertes afectivas en tu vida; hablo de muerte de relaciones con personas: pareja, trabajo, familia, amistades; relaciones, cualquier tipo. Llevas al “muerto” a personas cercanas, hablas y hablas de su “muerte” pero nadie puede hacer nada, nadie puede ayudarte, esa es la realidad: a los muertos no se les resucita en este plano físico en el que nos movemos; lo pudo hacer Aquel personaje Santo pero eso es otro cuento.
 
A los muertos hay que enterrarlos, no queda otra solución. No se puede andar cargando un muerto para todos lados, pesa, desgasta, frustra y te revela toda tu impotencia frente al hecho: no hay nada que hacer distinto a enterrarlo.
 
Las personas que te quieren y saben por lo que estás pasando con tu muerto para todos lados, te siguen la corriente; fingen que el muerto no está ahí, pero se siente en tu tristeza, silencio, no eres la misma persona, estás de luto y en negación de la verdad pasmosa de que andas con un muerto para arriba y para abajo, ¡absurdo! pero está pasando. Intentan decirte que es mejor que aceptes que cargas con un muerto, no está agonizante ni está en cuidados intensivos, está muerto.
 
Pero desisten, te ven en duelo: negación de la realidad. Hasta que empiezas a sentir que no sabes ya qué hacer con tanto peso; no hay nada más pesado que un muerto. Te das cuenta entonces: a los muertos se les entierra. Hay una parte que no entierras, y es todo eso por lo que estás agradecido del paso de esa persona por tu vida.
 
Aprendiste tanto de ti, de la vida, del amor, del respeto a ti, del amor incondicional, de la absoluta libertad que otorga la verdad de las cosas y no seguir maquillando nada, y sobre todo, aprendiste que eres merecedor de una vida que refleje toda la belleza que has ganado a pulso, mientras creces viviendo la experiencia que es la vida.
 
La otra parte, la que representa la muerte en esa persona, su aplastante ausencia de tu vida, tanta, que tienes que reconstruir la vida sin su presencia, esa ausencia es justo la que entierras. Pero no lo haces tú; no lo hace tu parte que agradece y reverencia tanto aprendizaje a partir de la experiencia; lo hace esa parte en ti que también muere con la experiencia vivida y pasada; ya no vuelves a vivir lo mismo; ya aprendiste la lección.
 
Naces a otra experiencia; a la certeza de que a lo mismo no vuelves. Retornas a casa. A ti.


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