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POR QUÉ TIENES NECESIDADES Y ADICCIONES PDF Imprimir E-mail
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Escrito por HOWARD FALCO   

Tomado del libro YO SOY

El deseo de estar vivos y de experimentar la vida nos sitúa a cada uno de nosotros en un estado de necesidad automático. Una necesidad se define como un requisito percibido para tener una experiencia en particular. Necesitamos alimentos, agua, oxígeno, refugio y una temperatura apropiada para garantiza nuestra existencia; son el cúmulo de los factores materiales necesarios para seguir con vida y funcionar adecuadamente. Lo que es significativo es aquello que se revela a través de nuestro comportamiento cuando estas necesidades básicas son escasas o limitadas en algún sentido. Nuestros esfuerzos desesperados para obtenerlas revelan lo vitales que son para nuestra supervivencia.


En esencia, y como seres humanos, nuestra intención principal es continuar con nuestra experiencia de vida. Por lo tanto, muchas veces anhelamos alimentos, agua, luz solar, una vivienda, amor y muchas otras cosas que creemos necesarias para preserva nuestra existencia. Estos anhelos también se extienden a miles de cosas que no son esenciales para la supervivencia, y estas fijaciones aparecen cada vez que decidimos vivir la vida de una forma determinada, un conjunto de necesidades surge a partir de esta decisión. Estas necesidades deben ser satisfechas para que nuestro deseo se materialice.

Si decides conocer algún lugar de tu país, necesitas saber adónde vas a ir, y también saber cómo llegar allí. Luego necesitarás un medio de transporte para lograr tu propósito. Es posible que necesites un automóvil, un pasaje de autobús o de avión, una bicicleta o unas piernas saludables.

Si decides experimentar una relación amorosa satisfactoria, necesitas saber exactamente cómo tienes que percibir y ser en esta relación para sentirte satisfecha con ella. Cuando tengas esta idea en tu mente, entonces necesitarás tener la disposición que te permita conocer a una persona que satisfaga tu intención original.

Si decides experimentar la realidad de un automóvil de ciertas características, necesitarás saber cuánto dinero vale comprarlo o alquilarlo. Esta necesidad inicial puede crear la consiguiente necesidad de un empleo, la necesidad de que te paguen cierta cantidad por tu trabajo, la necesidad de reducir otros gastos o la necesidad de ahorrar.

La intención esencial detrás de todas las “necesidades” derivadas de tus deseos es la de ayudarte a percibir un cierto estado mental. Cada vez que vives una experiencia que confirma la imagen que tienes de ti mismo, inmediatamente sientes una sensación de satisfacción y de paz: “YO SOY un viajero consumado”; “YO ESTOY viviendo una relación placentera”, o “YO SOY propietario de un automóvil nuevo”. Cada una de estas declaraciones de distinción creativa te dan un sentido acerca de quién eres tú. A medida que satisfagas tus necesidades y vivas las experiencias que deseas, eso se revertirá en una sensación de alegría y de armonía con el universo.

En esencia, todos somos adictos a la creación constante de nosotros mismos, lo cual nos permite saber que estamos vivos y que importamos en el mundo. Este conocimiento solo puede provenir de la experiencia de ser realmente quienes declaremos ser.

La adicción es la palabra que actualmente tiene una connotación negativa en nuestra lengua y nuestra cultura. Creemos que la adicción solo es dañina o perjudicial. Sin embargo, para los adictos, los conceptos de “bueno”, “malo”, “nocivo” o “perjudicial” son irrelevantes. Lo único que importa es realmente para ellos es si la adicción les permite alcanzar un estado mental más aceptable. Este es el factor decisivo para el consumidor en relación a si una sustancia o conducta es “buena” o “mala”.

Puesto que todos tenemos la necesidad de vivir la vida, también tenemos una enorme necesidad de alimentos y de agua. Esto crea el deseo necesario de buscar y encontrar comida y agua. Basta mirar las noticias de lo que sucede en aquellos países donde el agua y los alimentos son escasos en comparación con el tamaño de la población para ver los actos desesperados en que incurren sus habitantes con el fin de satisfacer esta necesidad. En estas circunstancias, el objeto o la experiencia que anhelan las personas puede ser vista como la adicción que realmente es. Lo mismo sucede con cualquier otra necesidad supuesta en lo que respecta a la supervivencia.

Toda persona que tenga una adicción está haciendo lo que percibe que es necesario para poder sobrevivir. Si un individuo siente que cierto estado alterado o experiencia lo conducirá a un estado mental más aceptable, buscará esta opción a como dé lugar. Generalmente, los costos son muy elevados en términos del sufrimiento generado. Cuando un adicto se encuentra en un estado de gran ansiedad, únicamente piensa en los beneficios a corto plazo de recuperar un estado de gratificación y alivio temporal derivado de los medios que emplea para alcanzarlo. Los costos y consecuencias son básicamente irrelevantes. Los daños, las desventajas y las secuelas en su cuerpo, sus finanzas, sus relaciones y su calidad de vida en general se convierten en una preocupación secundaria. Estos son algunos ejemplos:

•    El adicto al dinero o al trabajo que sacrifica su matrimonio, la relación con sus hijos y su salud física en su afán de lucro o de prestigio profesional.
•    El adicto a la comida que ignora los riesgos de la obesidad en la salud.
•    La persona adicta y codependiente que se niega a enfrentar la realidad de una relación con un individuo controlador, abusivo e inseguro.
•    El adicto al juego que no calcula el perjuicio económico y los efectos de la ludopatía en sus relaciones personales y familiares.

Para el adicto lo único que importa en el momento es lograr un cambio en su estado mental por medio de la adicción, para liberarse temporalmente de su insatisfacción y sufrimiento. No hay adicciones a una “cosa” en particular, sino al estado mental producido por la experiencia de esa “cosa”.

La búsqueda de un estado de Animo de paz y tranquilidad es muy atractiva para la humanidad. Lo que aprendemos con una conducta adictiva es aquello que es verdadero o falso en relación con la posibilidad de experimentar una paz duradera.

Recuerda que todas las cosas materiales (conglomerados de energía) están en un estado de equilibrio o bien lo buscan mediante un proceso de ensayo y error. Las adicciones son parte de un proceso erróneo porque se ha creído de una manera equivocada que la adicción ayudará a encontrar el equilibrio. Lo que termina por descubrirse a través de un camino a veces largo y penoso es que la adicción solo hace que el adicto se encuentre en un estado aún más desequilibrado.

Con el tiempo descubrirás que una sensación de equilibrio se obtiene de una manera más eficaz y duradera mediante la expansión de la conciencia que revela a ese ser que eres realmente. Esta comprensión le pone fin a la vieja idea de quién creías ser, la cual te hacía sufrir. A medida que sigas expandiendo la conciencia de quién eres, experimentarás un cambio permanente en tu vida, en lugar del camino temporal y frustrante de los arraigos exteriores y de la adicción que te hacen caer en un círculo vicioso.

La adicción se parece al acto de llenar un cubo con un agujero en la base. El agua puede llenarlo temporalmente, pero tarde o temprano se vaciará por la fuga, haciendo que el adicto se vea obligado a buscar más “agua” en un ciclo interminable. Cuando finalmente se encuentra la raíz del problema y se sella el orificio, el cubo quedará lleno, y la necesidad o el deseo de restituir el volumen del agua desaparece.

Si tratamos con alguien aquejado por una adicción, nuestra resistencia, enojo, fuerza, desprecio o manipulación solo sirve por lo general para agravar el problema (la evidencia del principio universal de la fuerza/contrafuerza). El estado mental que provocó originalmente la supuesta necesidad provino de una condición de autorrechazo y de repudio al no creer que se es una persona digna y valiosa. Si el individuo persiste en su comportamiento  recibe una mayor falta de aceptación y de aprobación por parte de otra persona que censura su conducta, esto es algo que empeora su estado mental negativo. Esta nueva validación de la identidad deficiente del individuo hace que este se sumerja aún más en un estado adictivo.

La manera más eficaz de ayudar a la sanación de otro ser humano es tratarlo con comprensión, compasión, aceptación y amor incondicional. Si no has comprendido esto, es hora de saber que tu resistencia a la conducta de un individuo afligido hace parte de la energía que contribuye a que el adicto confirme su falta de valor propio. Acto seguido, dicho estado mental buscará de inmediato el nocivo método del alivio.

Algunas de las adicciones más frecuentes en la sociedad actual son: la adicción al dinero, al poder, a las drogas y el alcohol; la codependencia; la ludopatía; la vanidad; la ansiedad por comer; la moda; la búsqueda de perfección y de posesiones materiales, y el comportamiento compulsivo. Cada una de estas alternativas se diferencia únicamente en el método con el cual procuran mejorar el estado mental de la manera más rápida posible.

Tres aspectos principales se derivan de los métodos externos utilizados para alcanzar un estado mental positivo. El primer aspecto es el carácter temporal de la gratificación. Por más que este estado parezca agradable, no durará mucho a menos que se repita el acto de la adicción. Cuando las personas comienzan a recuperar la sobriedad, se enfrentan de nuevo al estado mental negativo y a la misma sensación de sufrimiento que trataron de evitar inicialmente. La intolerabilidad de un estado mental negativo hace que los adictos anhelen el método empleado para regresar a un estado emocional que los haga sentir mejor. Se obsesionan por encontrar cualquier forma de volverlo a experimentar.

El segundo estriba en el hecho de que la mente y el cuerpo están diseñados para adaptarse constantemente con el fin de mantener todos sus sistemas funcionando y en equilibrio. Debido a esto, cada vez  se necesita más tiempo para que la adicción –cualquiera que esta sea- produzca la misma sensación de bienestar.

El tercer aspecto es la mentalidad no objetiva e irracional derivada de un estado mental con una gran carga emocional positiva. En este extremo, los efectos y consecuencias de los comportamientos individuales no son claros. Los estados de desequilibrio mental limitan la objetividad y las posibilidades de autodefinición, aumentando así el potencial para desarrollar un comportamiento perjudicial.

Con las adicciones, toda la atención se centra en el nuevo estado mental. Así, el adicto a las drogas continúa drogándose, independientemente de qué tan descontrolado esté; el jugador sigue apostando sin importar cuánto haya perdido, y el comprador compulsivo le sigue dando rienda suelta a su afán de consumir a pesar de su mala situación financiera. Pensar en las consecuencias les produce a todas estas personas una fuerte sensación de culpa, por lo que no se divierten precisamente. Esta negación ha sido meticulosamente construida por el ego, en su afán por evitar el temido estado de sufrimiento que sustituye a la euforia.

La única cura para este ciclo vicioso consiste en entender la causa subyacente del estado mental negativo: el examen de sí mismo. Por eso debes estar dispuesto a hacerte preguntas y aceptar las respuestas que te liberarán de la historia de tus pensamientos contraproducentes.

Una mejor comprensión de tu verdadera naturaleza te liberará de los efectos de desfogue de la energía positiva o negativa generado por las emociones. En este estado del ser, las adicciones no son necesarias, pues no hay interpretaciones erróneas ni disminución del valor propio que ocasionen sufrimiento. Esto hace que no sea necesario un método de liberación, porque no hay un desequilibrio energético negativo.

 



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