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SOLTAR EL DOLOR LIBERA EL AMOR PDF Imprimir E-mail
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MaloBueno 
Escrito por Monica Avendaño   

“Dar a quien no lo pide, es una arrogancia de quien da; es negar a quien pide, la humildad de reconocer que lo necesita.”

Es completamente cierto: no son las situaciones las que me causan alguna forma de malestar, es no aceptar la situación cómo ocurre, lo que me causa tal sensación.

Son los interminables juicios de la forma cómo transcurre la situación, lo que me causa sufrimiento. Los interminables “debería ser así y no como está siendo”; “cómo es posible que las cosas sean así”; “increíble que esto esté pasando”; etcétera, etcétera, etcétera.
 
Es mi apego a una forma determinada del “deber ser de las cosas” enfrentado al “estar siendo de las cosas”, lo que origina todo mi malestar. Es ese apego el que me impide entrar a una dimensión de inocencia que me permita reconocer que cómo está ocurriendo la situación, es desconocido para mí, no está en mi banco de aprendizaje, no sé moverme en él, está en el campo de lo inesperado por mí, se sale absolutamente de mi programación. La dimensión de la inocencia me posibilita decir: NO SE. No sé qué hacer, decir, pensar, sentir, no sé. La dimensión de la inocencia me lanza al riesgo de adentrarme en la incertidumbre de éste “ser de las cosas” y sólo me queda Observar, Aprender, Transformar.
 
Pero, antes de la dimensión de inocencia, incursiono por un buen lapso en el no aceptar, el juicio de la situación y en todo el malestar que ello ocasiona, me encuentro con un viejo huésped olvidado por mí, es el dolor proveniente de experiencias pasadas guardadas en algún remoto lugar de mi mente.
 
El dolor del pasado se muestra en distintas máscaras: impotencia, comportamiento obsesivo  compulsivo, rabia, tristeza, irritabilidad, necesidad de culpar, miedo, minusvalía y cualquier otro sentimiento de auto maltrato. Dolor que es catapultado desde el fondo de la mente gracias a la capacidad de libre asociación inconsciente del lóbulo frontal del cerebro que hace link con circunstancias similares y que por eso remueve viejas experiencias dolorosas vividas y abandonadas en un rincón de la infancia.
 
Habría que agradecer a esas circunstancias del presente que desentrañan viejas experiencias dolorosas, desde la oscuridad del olvido a la luz de la conciencia, para ser Observadas y sanadas. Gracias a ese desentierro Observado, puedo reconocer el holograma que se forma y tener la posibilidad de distinguir recuerdo de realidad presente. Entendiendo por holograma, una imagen del pasado que se interpone entre la realidad que ocurre y mi mirada de lo que ocurre, lo que me ocasiona una percepción distorsionada de la realidad actual.

Esa es la puerta que abre a la sanación del dolor pasado: Observar el holograma, el dolor que experimento en sus distintas máscaras, la circunstancia que lo desentraña, aceptar lo que ocurre  y como ocurre y soltar juicios. Como corcho de champaña que al sacarlo libera el burbujeante líquido, soltar el dolor libera el amor.



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